“Mientras trajinaba en la bodega, el polizón podía ver a través de los ojos de buey cómo el buque se iba adentrando en las aguas del puerto de Barcelona. Pegó una vez más la nariz al cristal y sintió un escalofrío al avistar la silueta del castillo y prisión militar de Montjuic en lo alto de la montaña, presidiendo la ciudad como un ave de presa”. Fermín Romero de Torres, uno de los célebres personajes del fallecido escritor Carlos Ruiz Zafón, llegaba así a una Ciudad Condal sumida en la Guerra Civil bajo el amparo de una promesa.

Sagrada Familia

Sagrada Familia | Shutterstock

Billetes de tren a ficción y realidad

El escenario del español más leído del mundo después de Cervantes se dibuja como una suerte de conjunto de sombras y espectros. Embrujado, bello, hipnótico. Su oscuridad atrae al lector como el hechizo de una historia de fantasmas. Provoca morbo y fascinación. Sin embargo, la Barcelona de Zafón poco tiene que ver con la del siglo XXI e, incluso, con la del XX. El periodista Sergi Dòria, autor de Guía de la Barcelona de Carlos Ruiz Zafón, obra avalada por el propio escritor, afirmaba en una entrevista en La Vanguardia que “el mayor error que se puede cometer al leerlo es pensar que pretende realizar un reflejo de la Barcelona de la posguerra, una crónica periodística o una reconstrucción histórica”.

Pero ahí reside la magia del escritor, que consigue que los lectores crean en esa ciudad de espectros como si fuera de carne y hueso. En la ficción impresa en la tinta de los libros el lector puede viajar a una Barcelona misteriosa. Una ciudad en la que la familia Sempere regenta una librería de generación en generación, en la que la femme fatale Alicia se sumerge en el país de las pesadillas. Por suerte, en el mundo real, el turista también puede seguir las huellas de los personajes de la afamada tetralogía El cementerio de los libros olvidados. El escenario está servido. Solo queda echar un poco de imaginación y, voilà, el embrujo le alcanza a uno en pleno corazón.

La ciudad del vapor

Estación de Francia en Barcelona

Estación de Francia en Barcelona | Shutterstock

El recorrido podría comenzar nada más aterrizar en Barcelona, en la misma estación de Francia que vio llegar a Alicia Gris una noche en la que Fermín salió a buscar un Sugus. “Un velo de niebla que provenía del mar barría los andenes envolviendo en un espejismo a los pasajeros que se apeaban de los vagones tras la larga travesía”, rezan las palabras de Zafón.

Al salir de la estructura metálica de estilo modernista que fue construida en 1929, nada más cruzar la calle, esperaba antaño un mercado que ya no existe. Se trataba del mercado del Borne, donde el trastornado David Martín, protagonista del segundo tomo El juego del ángel, se paseaba frecuentemente. De hecho, el Borne se divisaba desde la misma casa de Martín, situada en la calle Flassaders número 17. Un edificio de viviendas se alza ahora donde la siniestra casa de la torre ardió. También a unos metros de allí, en la calle Princesa, se erigía la pensión de mala muerte donde vivió previamente este mismo personaje.

El barrio Gótico, epicentro de la Barcelona de Zafón

Barrio Gótico

Barrio Gótico de Barcelona | Shutterstock

Dejando atrás la calle Princesa, el paseo se entromete en la vía Layetana, donde el temible inspector Fumero espera en la comisaría de policía para interrogar a Daniel, Fermín o a quien haga falta. A escasos cinco minutos a pie aguarda la guantería Alonso en el número 27 de la calle Santa Anna. Justo en ese lugar es donde los Sempere tenían instalada su librería, debajo de su propia casa, en el mismo barrio Gótico.

“La raíz de mi ensoñación literaria, además de esa maravillosa simplicidad con que todo se ve a los cinco años, era una prodigiosa pieza de artesanía y precisión que estaba expuesta en una tienda de plumas estilográficas”, señalaba el pequeño Daniel Sempere en La sombra del viento. Como inspiración para tal escaparate el escritor catalán usó la tienda Papirvm de la calle Baixada de la Llibreteria que, quién sabe, quizás aún custodie la anhelada pluma de Víctor Hugo.

Sombrerería Obach

Sombrerería Obach, donde se sitúa la sombrerería Fortuny | Wikimedia

El barrio Gótico, el más antiguo de Barcelona con un nombre acorde a la imaginación de Carlos Ruiz Zafón, es el suelo donde se asientan la sombrerería Fortuny, cuyo nombre real es Obach. También donde queda el Registro Civil, donde el inspector Vargas descubre una horrible verdad, o el Ateneo, donde Daniel conoce a Clara. Asimismo acoge la plaza Real, en cuyo suelo se levantaba la casa de Gustavo Barceló, y el piso de Alicia, en la calle Aviñón número 12. Un poco antes de entrar en el barrio Gótico, también es de recibo visitar la Basílica de Santa María del Mar que, además de ser un bonito Bien de Interés Cultural, es la iglesia a la que la Bernarda acude a rezar.

La entrada a otro mundo: el Cementerio de los libros olvidados

Uno de los puntos más visitados y conocidos de Barcelona es La Rambla, ese paseo de más de 1.000 metros que discurre entre la plaza de Catalunya y el puerto antiguo. Parece que el ambiente de esta calle no varía ni en la ficción ni en el tiempo, siempre atestada de transeúntes y puestos de comida, flores o kioscos de prensa, junto a artistas callejeros e imponentes edificios como el palacio de la Virreina. En La Rambla está también el famoso mercado de la Boquería, escenario recurrente en la tetralogía del escritor.

Rambla de Barcelona en el siglo XX

La Rambla de Barcelona en el siglo XX | Wikimedia

Un amanecer de un junio de posguerra el señor Sempere le dijo a su alicaído hijo Daniel que se vistiera porque tenía que enseñarle algo. “¿Ahora, a las cinco de la mañana?”, preguntaba el pequeño. “Hay cosas que solo pueden verse entre tinieblas”, respondía su padre. Aquella mañana “las farolas de Las Ramblas dibujaban una avenida de vapor, parpadeando al tiempo que la ciudad se desperezaba y se desprendía de su disfraz de acuarela”.

El señor Sempere guio entonces a su hijo hasta la calle del Arco del Teatro, punto en el que el escritor señalaba que un gran portón de madera se escondía milagrosamente en la estrechez del camino, “que parecía más cicatriz que calle”. “Frente a nosotros se alzaba lo que me pareció el cadáver abandonado de un palacio, o un museo de ecos y sombras”, narra Daniel en ese primer capítulo que marcó a tantos lectores. Detrás de aquellas puertas se abría paso el ya mítico Cementerio de los Libros Olvidados.

Carrer de l'Arc del Teatre

Carrer de l’Arc del Teatre | Wikimedia

El Raval, el primer encuentro con Corelli

Este pórtico es, lamentablemente, ficticio. Pero la calle Arco del Teatro sí existe y podría decirse que es realmente un portal que separa Las Ramblas del barrio de El Raval. Según contaba el mencionado Sergi Dòria en La Vanguardia, Zafón “se inspira realmente en un hangar que vendía libros al peso en Los Ángeles y en el que, al entrar, te facilitaban una pequeña linterna para que te adentraras”.

Atravesado el Arco del Teatro, el multicultural barrio del Raval se abre camino. En sus calles de posguerra el llamado Barrio Chino aunaba una gran cantidad de burdeles, habitados por mujeres que no tenían otra forma de subsistir. Fue en estas vías donde David Martín tuvo el primer encuentro con Andreas Corelli en el burdel El Ensueño, en la calle Nous de la rambla, presidida por el palacio Güell. También en este barrio, Fermín Romero de Torres y la Bernarda compartían su casa en la calle Joaquín Costa.

El Raval

Casas de El Raval | Shutterstock

Somorrostro, Montjuic y Tibidabo

Aunque la mayoría de los emplazamientos de las novelas tienen su lugar en el casco antiguo de Barcelona, hay también otros lugares emblemáticos de la saga alejados del centro. El más sobresaliente de ellos es, sin duda, el castillo de Montjuic, donde Fermín Romero de Torres cumplió prisión junto con David Martín en la tercera entrega de la saga, El prisionero del cielo. Montjuic sí fue realmente una prisión durante los años del franquismo, hasta 1960. En sus instalaciones fueron fusilados miles de personas, entre ellos el que fue presidente de la Generalidad de Cataluña, Lluís Companys.

Siguiendo con la obra de El prisionero del cielo, otra de las paradas zafonianas residiría en la playa del Somorrostro, donde en el siglo XX se situaba el barrio del mismo nombre. Somorrostro estaba habitado por una extensa colonia de personas de etnia gitana y fue cuna de la bailaora Carmen Amaya. Allí, Fermín se esconde del inspector Fumero, mientras se recupera de sus muchas heridas después de huir del castillo. El patriarca Armando le cobija y ayuda. De este barrio, que desapareció coincidiendo con una visita de Franco a unas maniobras navales, ahora solo queda la playa.

Castillo de Montjuic

Castillo de Montjuic | Shutterstock

En el noroeste de la ciudad, muy cerca del Parque Güell, se encuentra también uno de los lugares emblemáticos de La sombra del viento. Se trata de la avenida del Tibidabo, donde se levantaba el palacete Aldaya. Durante el siglo XX la burguesía barcelonesa construyó sus mansiones a ambos lados de la calle. Sin embargo, a partir de 1960 la mayoría de las casas cambiaron su uso residencial para convertirse en sede de universidades, colegios, consulados, clínicas o restaurantes.

La Barcelona de Zafón

Interminables son los lugares que configuran la Barcelona de Zafón, aunque los mencionados son de los más emblemáticos. Si se pasea por las calles de este oscuro reflejo de la ciudad quizás, usando un poco esa imaginación que reside en cada uno, el viajero pueda encontrar a Daniel Sempere trabajando en cualquier librería de la ciudad o a Alicia Gris sentada a la mesa de algún bar con una copa de vino y las ojeras por los suelos.

La entrada fue en tren y la salida por el puerto. Nada menos que a las Américas. Alicia Gris se iba de Barcelona con sus asuntos resueltos y la vida por delante. Fermín Romero de Torres, siempre con las palabras adecuadas, se despedía de ella: «¿Volverá algún día a Barcelona? Esta ciudad es bruja, ¿sabe usted? Se le mete a uno en la piel y nunca le deja ir…«.