El Palacio Episcopal de Astorga, una joya modernista que parece sacada de un cuento de hadas

El Palacio Episcopal de Astorga es una preciosidad de edificación. Una obra maestra de la arquitectura ubicada en la provincia de León, concretamente en el Museo de los Caminos. Esta joya del neogótico fue diseñada por el arquitecto catalán Antonio Gaudí, como encargo del obispo de la ciudad Joan Baptista Grau, y se encuentra entre las tres obras que realizó fuera de Cataluña. Es un lugar de obligatoria visita si viajamos por Castilla y León, pues es uno de sus monumentos más espectaculares. Su majestuosidad está fuera de toda duda. Como curiosidad, se puede decir que su edificación surge de una desgracia: el incendio del antiguo Palacio Episcopal, que obligó a levantar uno nuevo.

Una obra portentosa de compleja fabricación

El Palacio Episcopal de Astorga es una de las pocas obras en las que Gaudí trabajó fuera de Cataluña

El Palacio Episcopal de Astorga es una de las pocas obras en las que Gaudí trabajó fuera de Cataluña | Shutterstock

Antonio Gaudí, un arquitecto de una enorme categoría, entregado a su trabajo, minucioso y exigente, sabía que tenía un trabajo arduo por delante. Por ello, le pidió al obispo Baptista Grau, promotor de la construcción del palacio, que le mandara toda la información posible sobre la zona: fotografías, planos, estudios técnicos, datos… con esa ayuda fue configurando un proyecto único, de película, que recibió días después el visto bueno de la Real Academia de Bellas Artes, no sin antes realizar varias modificaciones al respecto que llegaron a enfadar a su autor.

La construcción, como recogen los historiadores de aquella época, no fue un camino de rosas. Aunque comenzó en 1889 a un buen ritmo, con la muerte de Grau en 1893 surgieron problemas de criterios entre la Junta encargada de su supervisión y el propio Gaudí, que no aceptaba cambios en los planteamientos iniciales. Fruto de estas desavenencias, el arquitecto catalán terminó por abandonar el proyecto casi cinco años después de su puesta en marcha, a medio hacer. Nunca vio terminada la construcción.

El palacio no fue terminado hasta la década de los 60

Un maravilloso dibujo a lápiz del Palacio Episcopal de Astorga

Un maravilloso dibujo a lápiz del Palacio Episcopal de Astorga | Shutterstock

Tras el paso de Gaudí al frente de la construcción desfilaron por la dirección hasta tres arquitectos diferentes. Francesc Blanch i Pons, Manuel Hernández, ambos de estancias muy breves y escasa repercusión en el resultado final, y Ricardo García Guereta, este último el que más tiempo estuvo dedicado a su conclusión. Casi una década redibujando el proyecto hacia un estilo más realista y pragmático, menos imaginativo pero también interesante.

En 1914, con la obra ya muy avanzada, este también dio un paso al lado y se desvinculó del proyecto tras dedicarle ocho años de su vida. Con el transcurrir de los años llegó la Falange al palacio dejando numerosos y cuantiosos desperfectos en el mismo, restando categoría a su conjunto y empobreciendo. Finalmente se pudo acabar con financiación pública allá por los años sesenta. Desde entonces, se ha extremado su cuidado y conservación por parte de las autoridades.

Uno de los exponentes más impresionantes del neogótico español

El Palacio Episcopal de Astorga parece totalmente sacado de un cuento medieval

El Palacio Episcopal de Astorga parece totalmente sacado de un cuento medieval | Shutterstock

Hay que empezar por la sensación inicial que evoca a sus visitantes. El Palacio Episcopal de Astorga tiene el aspecto de un castillo de cuento de hadas. El golpe visual de esta mágica edificación neogótica es espectacular. Está levantado con una durísima piedra de granito, algo típico de la ciudad de Astorga, a modo de construcción militar. Parece que se hubiera pensado para resguardarse de lo externo, del enemigo. La exterior fortificada contrasta con su solemne interior, en el que adquiere estética de iglesia.

Su planta está en forma de cruz griega y su superposición de una planta cuadrada dota al palacio de una mayor voluminosidad y amplitud. Las torres cilíndricas situadas en las esquinas refuerzan el aspecto medieval del palacio. El foso que lo rodea está diseñado específicamente para que el sótano obtenga luz natural. Este está fabricado únicamente con piedra y ladrillo. Su valor arquitectónico está fuera de toda duda.

Una muestra del estilo de Iglesia que predomina en su interior

Una muestra del estilo de Iglesia que predomina en su interior | Shutterstock

El interior del palacio combina estilos con majestuosidad. El majestuoso pórtico, por el que se accede al Palacio, cuenta con tres arcos abocinados y se puede decir que es la imagen más reconocible del edificio en fotografías y estampas. Hasta cuatro pisos tiene el palacio. Un sótano mudéjar, una planta baja, la planta principal ya mencionada con forma de cruz griega, donde están las diferentes salas, comedores, estancias y despachos, y por último, una planta de arriba menos frecuentada. Obviamente, el Palacio cuenta con una capilla para la actividad plenamente religiosa. El interior alberga otras curiosidades como las formas que tiene, los materiales utilizados, los espacios o el estilo modernista.

Un monumento modernista declarado Bien de Interés Cultural

El Palacio al completo es una muestra significativa del impacto del modernismo en la arquitectura contemporánea. Se pueden observar sus sellos característicos: esas vigas de hierro, la mezcla de lo clásico con la vanguardia arquitectónica, el uso de materiales muy diversos sin homogeneidad o las vidrieras.

En su exterior están ubicados tres angelotes de cinc con sus correspondientes insignias episcopales: la mitra, el báculo y la cruz pectoral. Inicialmente, Gaudí pensó en ubicarlos en la parte alta del tejado. También se puede deleitar uno con sus bellos jardines dando un paseo por sus accesos.

Uno de los tres angelotes que están situados colindantes al palacio

Uno de los tres angelotes que están situados colindantes al palacio | Shutterstock

Hoy en día se puede visitar el Palacio en su plenitud. Es digno reseñar que hace unos años la dirección del Palacio Episcopal abrió al público estancias que habían estado cerradas a las visitas durante mucho tiempo, décadas. Fue posible gracias a un proyecto de la Junta de Castilla y León al que otorgaron el nombre de “El Palacio Escondido”, y que pretendía mostrar a los visitantes espacios ocultos de este magnífico y portentoso monumento.

El Palacio Episcopal de Astorga es una visita obligatoria para los turistas que pasen por Castilla y León. Un monumento único que transmite calma, majestuosidad, historia y un talento inconmensurable.