Se cuentan por decenas los rincones de Galicia que pueden presumir de tener unas vistas de ensueño, pero hace tiempo se decidió, a modo de consenso, que este banco de los acantilados de Loiba era uno de los grandes imprescindibles. Desde que unos visitantes grabaran en su respaldo la inscripción “the best bank in the world”, desde que la UNESCO lo popularizara con una preciosa fotografía nocturna obra del fotógrafo Daniel Caxete, son miles los visitantes que han acudido a contemplarlo por sí mismos.

Este banco situado en la costa de Loiba, en el municipio de Ortigueira, está considerado el banco más bonito del mundo. Esta expresión puede sentirse inexacta, porque el banco en cuestión es un banco y nada más, como otro cualquiera. Lo que sí le caracteriza son las impresionantes vistas que se extienden ante él y la sensación de infinitud que experimenta el viajero que en él se sienta.

Una experiencia que quiere vivirse

La vista infinita desde el mejor banco del mundo, en los acantilados de Loiba

La vista infinita desde el mejor banco del mundo | Shutterstock

En los últimos años, el lugar se ha llenado de turistas. Quién puede culparlos. Todos desean contemplar esas impresionantes vistas de la costa, que se extiende hasta donde alcanza la vista.

La tranquilidad o la bravura del mar, los sobrecogedores acantilados, las playas, los campos alrededor. El romper de las olas contra las rocas, el sonido del viento, el cabo de Estaca de Bares, que es el punto más septentrional de la Península, el que divide el Cantábrico del Atlántico. Quizá el banco no sea el más bonito, pero el lugar en el que se ha asentado cuenta con todos los estímulos para conquistar al viajero.

Las vistas desde el lugar son impresionantes

Las vistas desde el lugar son impresionantes | Shutterstock

Los alrededores pueden completar lo que sería una visita completamente sensorial, pues se extienden rutas de senderismo en todas las direcciones. También la famosa e impresionante playa de las Catedrales, cuyas formaciones geológicas parecen sacadas de cualquier sueño imposible. Merece la pena visitar este rincón de Galicia en cualquier momento del año, a cualquier hora del día. Pero puede extenderse un consejo: mejor que sea al atardecer. Será inolvidable.