Si España puede presumir de algo es de variedad, la que ofrecen los bosques y montañas verdes del norte frente a los pinares del paisaje más mediterráneo. Playa o montaña. Ciudad o naturaleza. Calma o fiesta. Turismo activo o vuelta y vuelta en la toalla. La oferta de actividades que ofrece el país es, asimismo, cuantiosa. Desde extensas praderas de posidonia en las que practicar buceo hasta olas referentes del surf internacional, como la que hay en Mundaka. España ofrece alternativas para todos los gustos y todas las edades.

Una de estas actividades, que se ha viralizado debido a la altísima fama del descenso del río Sella, es el rafting. Sin embargo, no es el río Sella el único lugar donde se practica tal deporte, que consiste en descender el curso de los ríos en una balsa neumática. El estado cuenta con multitud de ríos de aguas bravas, con cauces que pueden suponer un plan ideal para pasar en familia sin ningún tipo de peligro, hasta torrentes solo accesibles para expertos. Las incursiones, eso sí, mejor realizarlas siempre de la mano de un guía, sobre todo si se es primerizo.

Estos son cinco de los mejores ríos españoles en los que realizar rafting: los otros descensos del Sella.

Iniciarse en el río Genil

Río Genil en la sierra de Güéjar

Río Genil en la sierra de Güéjar | Wikimedia

En las alturas de las montañas granadinas de Sierra Nevada nace el río Genil, que ostenta los puestos de segundo río más largo de Andalucía y el séptimo de la península ibérica. A través de sus 358 kilómetros es habitual la práctica de rafting, aunque también es usual su descenso a través de otros medios, como el kayak o las piraguas.

El río Genil, que atraviesa las provincias de Granada, Córdoba, Málaga y Sevilla, se presenta como una opción perfecta para iniciarse en la aventura del rafting. Incluso en algunos tramos se permite la subida de niños mayores de seis años. El tramo más famoso es el que se sitúa entre Benamejí y Palenciana. Permite disfrutar de pequeñas dosis de adrenalina bajo total seguridad.

Avistar nutrias en el Alto del Guadalquivir

Sierra de Cazorla

Sierra de Cazorla | Shutterstock

El río Genil es, a su vez, afluente del río Guadalquivir. Este último nace en la sierra de Cazorla, en Jaén, y discurre por las provincias de Córdoba, Sevilla y Cádiz, hasta desembocar en Sanlúcar de Barrameda. El curso fluvial adelanta en posición al Genil y se coloca como el quinto más largo del país, con más de 600 kilómetros de longitud.

Sin embargo, es la zona alta, conocida como Alto del Guadalquivir, donde las condiciones permiten la práctica del rafting. Entre junio y agosto el tramo del río que discurre por Jaén es perfecto para iniciarse en el deporte en un paraje de gran importancia paisajística y medioambiental. De hecho, en este tramo es posible avistar nutrias, ejemplares de Martín pescador o, incluso, especímenes de galápago europeo.

Aguas turquesas en las hoces del río Cabriel

Hoces del río de Cabriel

Aguas turquesa en las hoces del río de Cabriel | Shutterstock

Mucho más tranquila es la zona navegable del río Cabriel, principal afluente del río Júcar que transcurre a través de los territorios de Teruel, Albacete, Cuenca y Valencia. De una longitud de 220 kilómetros, el Cabriel nace en la sierra de Albarracín y destaca por la limpieza de sus aguas, que en algunos puntos llegan a ser turquesas. Esto es debido a que en la mayor parte de su curso no se entromete la acción del ser humano.

El rafting en las aguas del río Cabriel es apto para todos los públicos, ya que no presenta gran dificultad ni tampoco llega a ser aburrido. Los pequeños también pueden así formar parte de la actividad. La excursión se puede desempeñar en diferentes tramos del río, aunque destacan dos. En primer lugar, la zona de las Chorreras, en la que destaca la belleza del entorno y que se ubica en Cuenca. Sin embargo, el trecho más transitado es el de Tamayo, ya en la parte valenciana, de unos seis kilómetros de longitud.

Los buitres leonados en las hoces del río Duratón

Atardecer en las hoces del río Duratón

Atardecer en las hoces del río Duratón | Shutterstock

Madrileño de nacimiento, el río Duratón se esparce desde la sierra de Guadarrama hasta desembocar en el margen izquierdo del río Duero, del que es afluente. En su travesía el río pasa por el pueblo de Duratón, al que da nombre, y recorre las provincias de Segovia y Valladolid, además de Madrid. Su recorrido alcanza los 106 kilómetros y adquiere su máximo esplendor en las hoces del Duratón.

Este río ofrece gran cantidad de excursiones a lo largo de 25 kilómetros, que no presentan mayor dificultad y se pueden recorrer en tres horas y media. Además, en este enclave se encuentra la mayor reserva europea de buitre leonado, así como se puede disfrutar de las ruinas del monasterio de Nuestra Señora de los Ángeles de la Hoz o la ermita de San Frutos.

El descenso por el río Gállego

Un grupo de personas haciendo rafting en el río Gállego

Un grupo de personas haciendo rafting en el río Gállego | Shutterstock

Más al norte, en la comunidad de Aragón, el río Gállego es de los más famosos para los practicantes de rafting. Este torrente nace en Formigal y desemboca en la provincia de Zaragoza, después de recorrer más de 190 kilómetros. Se trata de uno de los principales afluentes del Ebro.

En el río Gállego el tramo de ocho kilómetros que finaliza en Santa Eulalia es apto para principiantes, sin embargo el trecho más conocido es el que discurre entre el municipio de Carcavilla hasta las playas de Murillo de Gállego. En este tramo el nivel del descenso se complica y se hace necesario tener ya un cierto nivel, sin embargo el aumento del nivel viene acompañado de un paisaje imponente.