Roma entró en la actual Galicia en el primer siglo de esta era. Estas campañas dejaron legados como la fundación de Lugo, rememorada en el Arde Lucus. El enclave pasó de campamento a ser una prospera ciudad. Mientras los castros languidecían la cultura latina se impuso con mediana rapidez. Poco tenía que ver aquel joven imperio con el tardío. Una época oscura que desembocaría en la Edad Media. Entonces es cuando se cree que cerca de Lucus se erigió un lugar que todavía sigue hoy siendo una incógnita: Santa Eulalia de Bóveda.

Pinturas, columnas y piscina de Santa Eulalia de Bóveda

Pinturas, columnas y piscina de Santa Eulalia de Bóveda. | Wikimedia

Entre lo romano y lo visigodo

El vacío cultural que dejó la Caída del imperio romano se refleja a la perfección en la difícil datación de Santa Eulalia de Bóveda. En la parroquia de Santalla de Bóveda de Mera, a unos 14 kilómetros de la capital lucense, resisten sus ruinas. A modo de cripta, se halla bajo el conjunto de la actual iglesia parroquial. Hay que bajar unas escaleras para llegar. Una galería, con diversos grabados, precede a una puerta. Dentro, surge un espacio de lo más curioso.



En el centro se ve una piscina, más reducida que la original como ha demostrado el estudio del lugar. La estancia es alargada y rectangular, con una bóveda de la que quedan los segmentos laterales. De cañón, surge a algo más de un metro desde el suelo. Su recubrimiento de estuco alberga un conjunto mural extraordinario. Un ábside abovedado y varias columnas de época visigoda completan el conjunto.

Frescos de Santa Eulalia de Bóveda

Frescos de Santa Eulalia de Bóveda. | Jim Anzalone (Flickr)

Una suma de características que ha llevado a las más diversas teorías sobre su origen. Estas llevan a Santa Eulalia de Bóveda del siglo IV al X, a orígenes romanos, visigóticos o incluso astures. Un conflicto técnico que también ha hecho variar las funciones asignadas al lugar en gran manera. A este respecto, investigaciones de 2009 sobre los materiales, en las que participaron entre otros el CSIC y la Universidad da Coruña, plantean el punto más probable como algo intermedio, con tres fases.

Pinturas, ábside, columnas y piscina de Santa Eulalia de Bóveda

Pinturas, ábside, columnas y piscina de Santa Eulalia de Bóveda. | Wikimedia

La primera etapa correspondería al edificio romano y la segunda a la reforma de esta especie de cripta en época de los visigodos. Por su parte, la tercera correspondería a la elevación de una iglesia prerromana de la que solo queda un muro. Así, no tiene en cuenta los edificios modernos ya que estos no forman parte del complejo gótico-romano.

La fase romana de Santa María de la Bóveda

La estructura general de este lugar soterrado se debe muy posiblemente a manos romanas. El pórtico de acceso se conoce como nartex y tiene unos seis metros y medio de largo por algo menos de uno y medio de ancho. Al exterior se elevaron dos columnas. Se ubican entre dos grandes pilares que arrancan los muros perimetrales. Esto hace muy probable que hubiera un edificio encima, ya que sus funciones estructurales no se corresponden con la planta inferior donde están.

Bajorrelieves de distintas temáticas se despliegan en esta galería. Los más sobresalientes son los reconocidos por los estudios como «figuras danzantes», un hombre y una mujer. Son cuatro en total, dos a cada lado. En su caso, guardan relación con el resto del conjunto y están bien marcados. El resto de tallas se muestra de una forma más caótica. Tres de animales y una antropomórfica, no se ha encontrado una razón de ser para ellas. Asimismo, su datación no se ha podido concretar.

Bajorrelieves de Santa Eulalia de Bóveda

Bajorrelieves de Santa Eulalia de Bóveda. | Wikimedia

La puerta es una luz que en inicio se considera que fue similar a las dos ventanas que la escoltan, rectangular y con un dintel. Encima de dichas aperturas laterales hay sendos vanos triangulares que descargan peso y aportan algo más de luz. Entrando en el aula, el elemento romano más sobresaliente es la bóveda de la que perviven solo los laterales. Su parte superior, de ladrillo, se cree que colapsó durante la construcción de la iglesia moderna. Las pinturas que lo recubren han levantado grandes debates, aunque su adaptación a las columnas medievales hace pensar que se realizaron en esta época y no en la romana.

Por su parte, la piscina sí que parece ser del siglo III o IV. Tapiada por los visigodos, se cree que se empequeñeció debido al estudio de la disposición de las piedras del suelo. De este modo, ocuparía casi todo el ancho y aprovecharía un sistema de canalización para nutrirse. Este aula cuadrada se coronaba con un ábside abovedado de ladrillo. Para sostener la tierra se usaron un segundo grupo de muros más externos. Entre estos y los interiores existe un pasaje. Una disposición única en todo el imperio, que se une a elementos exclusivos de Hispania como la ciudad abandonada de Cáparra o el mosaico de Noheda.

Pinturas, ábside, columnas y piscina de Santa Eulalia de Bóveda

Pinturas, ábside, columnas y piscina de Santa Eulalia de Bóveda. | Wikimedia

Para qué se usaba es un misterio total. Se ha propuesto como templo de varios dioses, como Mitra o Cibeles. De esta forma, contaría con una planta superior y la piscina serviría para bautismos rituales en sangre de toro. Asimismo, aquellos que consideran las pinturas murales romanas asocian las aves que muestran a la diosa que protagoniza la famosa plaza de Madrid o a Baco, dios del vino y el teatro. Otra alternativa sería que funcionara como santuario o iglesia ya desde su construcción. De momento la cuestión permanece indescifrable.

Santa Eulalia de Bóveda como templo medieval

Parece seguro que los visigodos intervinieron en el edificio romano. El mencionado estudio de CSIC y Universidade da Coruña sitúa por los materiales dos etapas claras. Por un lado se modificó la cripta. Primero se redujo e incluso tapó la piscina. De una nave se sacaron dos con sendas divisiones porticadas. Cuatro columnas, dos por lado, sujetaban arcos de medio punto de los que todavía se ven varios arranques. Actualmente se conservan tres de los pilares, capiteles decorados incluidos.

Frescos de Santa Eulalia de Bóveda

Frescos de Santa Eulalia de Bóveda. | Jim Anzalone (Flickr)

Además, en los laterales se abrieron hornacinas. Cubierta por varias capas de estuco, la bóveda se muestra todavía ricamente decorada. Aves, flores y jarrones se despliegan junto a elementos geométricos que se creen que imitan un artesonado. Tanto los elementos que han sobrevivido en Santa Eulalia de Bóveda como los conservados en museos apuntan a que los frescos siguieron la forma y deformaciones de los arcos. De este modo, se ha deducido que deben ser posteriores a ellos y por tanto visigodos. Aunque varían, los siglos V y VIII parecen los más plausibles para esta reforma.

Frescos de Santa Eulalia de Bóveda

Se aprecia la deformación de la inserción del arco y la adaptación del delineado ocre a la misma. | Jim Anzalone (Flickr)

La pintura preservada representa solo parte de su antiguo esplendor, la parte al fresco. En su momento se aplicaron otros elementos secos que aumentarían notoriamente el brillo y la sensación de profundidad. La técnica usada para aplicar estuco y hormigón es romana. Esto se explica por la prevalencia que tuvo por siglos el modo de construcción romano. Por tanto, es posible que aunque el imperio hubiera caído hacía tres siglos se desarrollaran decoraciones siguiendo el uso ancestral



Al tiempo, la puerta de entrada se considera uno de los primeros ejemplos de arco de herradura del país. Esto depende, claro está, de a cuándo se retrotraiga la datación. Sea como fuere, se ve claramente la forma. Fue necesario adaptar y ampliar el vano para colocarlo, ejecutándose con ladrillos.

Nartex de Santa Eulalia de Bóveda con su puerta con arco de herradura

Nartex de Santa Eulalia de Bóveda con su puerta con arco de herradura. | Xunta de Galicia

Sobre la planta baja se situaba una pequeña iglesia que por el estudio de los materiales parece a todas luces posterior a las reformas de la cripta. Un único muro superviviente contiene el arranque se una bóveda que, como abajo, marcaría la estructura del espacio. Por desgracia, los elementos visigodos bien conservados son una rara avis. Santa Lucía del Trampal, en Extremadura, es una excepción. Las antiguas ciudades que fundaron se perdieron, como Recópolis, o se adaptaron a tiempos posteriores, como Vitoria y Olite.

Un monumento martirizado

Santa Eulalia de Mérida, de la que surgió su correspondiente versión en Barcelona, fue una joven romana nacida entre los siglos III y IV. Con poco más de diez años fue martirizada en las persecuciones de Diocleciano al desafiar al gobernador de Augusta Emerita. La tradición, por ejemplo a través del poeta Prudencio (Calahorra o Zaragoza), cuenta que se le dieron latigazos, palizas y se le desgarro la carne con ganchos. Finalmente, su melena se prendió fuego y le carbonizó la cabeza en vida. El santoral narra que una paloma blanca surgió y la nieve la cubrió. Un relato sangriento que se corresponde en parte con el de su templo lucense.

Martirio de la joven Santa Eulalia de Waterhouse

Martirio de Santa Eulalia de Waterhouse. | Wikimedia

Descuidada durante siglos, su bóveda logró mantenerse en pie hasta el siglo XVIII. Se considera que fue entonces, durante el curso de unas obras parroquiales, cuando se hundió su parte superior. Una gran pérdida que se ampliaría con errores de conservación posteriores. Redescubierta en 1917, no sería hasta 1931 cuando recibiera protección estatal. Por entonces ya se llevaron a cabo excavaciones.

Restos del muro de la antigua iglesia superior de Santa Eulalia de Bóveda

Restos del muro de la antigua iglesia superior de Santa Eulalia de Bóveda. | Wikimedia

Durante años se llevaron a cabo labores para preservar las pinturas que en muchos casos las dañaron, como señala J. Ramón Soraluce en su escrito Arquitectura Restaurada de Galicia Orígenes. Por ejemplo, en los 50 se reconstruyó la bóveda. El objetivo era pegar los yesos pintados a la nueva estructura. Por desgracia, en el proceso se destruyeron los trozos originales de bóveda en pos de preservar únicamente la obra pictórica. Finalmente, la caída de los elementos pegados llevó a que se devolvieran a cámaras museísticas lucenses.

Peor todavía resultó la actuación liderada por el arquitecto González Trigo a finales de los 70. Se trató de desecar el espacio para evitar que la piscina se llenara. Además se elevó un edificio superior considerado fuera de lugar por toda fuente excepto quien la ordenó construir, la Dirección General del Patrimonio Artístico y Cultural.

Pinturas, columnas y piscina de Santa Eulalia de Bóveda

Pinturas, columnas y piscina de Santa Eulalia de Bóveda. | Wikimedia

El historicismo regresó al acabar el siglo XX y se erigió como BIC. Se consolidaron las pinturas, muros y piscina. Asimismo, el famoso arquitecto César Portela, autor del faro de Punta Nariga en Costa da Morte o el controvertido y bello cementerio de Finisterre. Junto a otros colegas e investigadores hicieron borrón y cuenta nueva, eliminando los aderezos disonantes descritos. De esta forma, el espacio sigue siendo fruto de estudios, consolidado aunque con los problemas habituales de humedad que supone su propia naturaleza. Un espacio misterioso, un rincón con secretos históricos que merece la pena conocer.