Desde los Montes Universales a los Pirineos, la tierra aragonesa vive en una tensión entre la montaña y el llano. Una región cuya alma surgió en el norte y se extendió con fuerza hasta las lejanías del Mediterráneo. De ahí surgió una mentalidad propia que se puede seguir percibiendo en la Comunidad Autónoma que comparte nombre con el antiguo reino. Entornos donde historias apasionantes y la naturaleza más pura van de la mano pueblan todo el territorio. Para muestra, estos 9 rincones de Aragón, demostraciones claras de la enorme riqueza que caracteriza a esta zona de España.

Monasterio de Piedra cerca de Nuévalos

Monasterio de Piedra cerca de Nuévalos. | Shutterstock

Valle de Aguas Tuertas

El Aragón Subordán transita el valle de Hecho dejando algunas de las estampas más oníricas del Pirineo oscense. Entre ellas, casi en el nacimiento y junto a Francia, refulge el valle de Aguas Tuertas. Para llegar hasta él ya hay que pasar por, o junto, lugares tan bonitos como la selva de Oza, el castillo de Acher, la Boca del Infierno o la Corona de los Muertos. Sin embargo, al final de este ascenso espera una maravilla natural.

Valles Occidentales, dolmen de Aguas Tuertas

Valles Occidentales, dolmen de Aguas Tuertas. | Turismo de Aragón

Colgando por lo alto, Aguas Tuertas hace honor a su nombre y es recorrido por los meandros infinitos del Aragón Subordán. La amplitud el paisaje se magnifica por la falta de vegetación alta. El pasto predomina entre las dos alturas que flanquean el valle. Al inicio según se accede los restos de un dolmen que demuestra que tenía algo de sagrado para los hombres de otra época. Al final, una ruta que permite alcanzar el precioso ibón de Estanés. En cualquier caso, una experiencia sensorial que empequeñece a cualquiera.

Jardines del Monasterio de Piedra

Gruta Iris del Monasterio de Piedra

Gruta Iris del Monasterio de Piedra. | Shutterstock

Que sea un parque natural no quiere decir que el Jardín del Monasterio de Piedra sea fruto de la naturaleza. Al menos si se da por válida la cuestionable licencia de que lo que hace el hombre sea ajeno a ella, claro. Obra maestra de Juan Federico Muntadas, este espacio de la provincia de Zaragoza es una creación puramente romántica en la que la intervención humana es tan perfecta que no parece artificial. La unión del paisajismo y de la acción del carbonatado río Piedra convirtieron un paraje bonito en uno de los más bellos de toda Europa.

Albarracín

Visitar Albarracín es como viajar a la Edad Media

Visitar Albarracín es como viajar a la Edad Media. | Shutterstock

Separar parte y todo es un absurdo en el caso de Albarracín. Que siempre sea tomado como uno de los pueblos más bonitos de España no es fruto del tópico. El ocre y el medievo se vuelven elegantes en una localidad que se muestra siempre alargada. Es uno de los rincones de Aragón que más rinconcitos subsidiarios posee. Da igual que sea su catedral, sus torres, su alcázar musulmán o sus peculiares murallas cristianas. Por difícil que parezca, en esta población todo luce la mar de bien.

Ermitas colgantes de Monrebey

Ermita de Nuestra Señora del Congost

Ermita de Nuestra Señora del Congost. | Wikimedia

Hoy inundado por el embalse de Canelles, el congosto de Monrebey o Mont-Rebei marca la frontera entre Huesca y Lleida. Un paso estratégico, una separación clave provocada por el Noguera Ribagorzana y un lugar ideal para una escapada de aventura. Del lado oscense sobresalen varios elementos, como las pasarelas de Montfalcó. Sin embargo, merecen especial mención dos ermitas que desafían a las alturas. Por un lado la de la Señora del Congosto nueva. Sencilla al extremo, fiel a su estilo románico, se elevó en el siglo XI con modificaciones posteriores. Está muy asociada a la torre de Chiriveta, ligada a su vez los templarios aragoneses.

Ermita Santa Quiteria y San Bonifacio en Mont-Rebei

Ermita Santa Quiteria y San Bonifacio en Mont-Rebei. | Shutterstock

Más al sur queda un duelo en altura, la ermita de Santa Quiteria y San Bonifacio. Se trata de un templo que a su vez era fortaleza. Algo tosca, tres de sus lados dan al vacío y hay que entrar por el norte subiendo una escalerilla. Un juego de equilibrios que hace casi inverosímil creerse que fue creada en el siglo XI. Pero así fue. El resultado, un reto para aquellos que tengan el vértigo entre sus habilidades.

Tozales de Monegros

Tozal Solitario, Monegros

Tozal Solitario, Monegros | Shutterstock

El desierto entre Huesca y Zaragoza por el que pasa el Meridiano de Greenwich compone un escenario que como mínimo es curioso. Los Monegros hacen de sus secos ocres su mayor atractivo. Este color marca una tónica general que se completa con extrañas formaciones rocosas. Como salidos de un cuadro surrealista, una experiencia lisérgica incluso, los tozales se elevan en el medio de esta nada. Hay varios que destacar, como el de los Pedregales o el de la Cobeta. Pero son muchos más y todos ellos llaman a perderse en su erosionada complejidad.

Escalinata de Teruel

Escalinata de Teruel

Escalinata de Teruel. | Shutterstock

Teruel en general y su capital en particular tienen extraordinarios ejemplos de arquitectura mudéjar. También de las revisiones de la misma que surgieron cuando los siglos pasaron. Un ejemplo claro es la Escalinata de Teruel. Un rincón de Aragón que resume certeramente la ciudad donde se ubica. Aunque surgió de una necesidad práctica, salvar una altura para conectar el centro y la estación de tren, se convirtió en una suerte de símbolo. Así, expone la historia de los Amantes de Teruel gracias a una obra de Aniceto Marinas. El ladrillo, la cerámica y un brillante colorido hacen el resto.

Catedral y Ciudadela de Jaca

Vista aérea de la ciudadela de Jaca o Castillo de San Pedro

Vista aérea de la ciudadela de Jaca. | Shutterstock

Poco se puede añadir a lo mucho que se ha escrito sobre esta dupla. Por separado son extraordinarias y en conjunto cuentan la historia de una ciudad. Jaca siempre fue una guardiana del norte, zona de paso de peregrinos que extendió tendencias extranjeras a toda España. Su catedral, pura y románica, así lo narra. Solo hay que contemplarla y las lecciones de arte aprendidas en secundaria cobran sentido. Mientras tanto, su fortaleza pentagonal es una rara avis en Europa. No porque no se hicieran muchas de estas moles de estilo italiano en el continente, sino porque permanece totalmente conservada. Una silueta perfecta sin baluartes cercenados, como le ocurrió a su hermana en Pamplona.

Museo de las Momias de Quinto

Lady, una de las momias de Quinto

Lady, una de las estrellas del museo. | Cortesía del Museo de Momias de Quinto

Cualquier lista de este tipo debería incluir a la basílica del Pilar o la Aljafería. No hay duda de la fama mundial de estos edificios. Por eso, no se puede más que animar a visitarlos y perderse en la capital del Ebro. Sin embargo, una vez visitada, se propone una alternativa bizarra a más no poder que además se puede combinar con un recorrido por los Galachos. Se trata del primer museo de momias de España, ubicado en Quinto. Fruto de la costumbre de enterrar a la gente dentro de las iglesias, extendida hasta hace menos de dos siglos, permite ver cuerpos espectacularmente conservados gracias a las particulares condiciones del subsuelo del templo.

Valderrobles

Valderrobles en Teruel

Valderrobles en Teruel. | Shutterstock

Toca volver a Teruel para cerrar el listado. Nueve son pocos rincones para resumir todo Aragón. Podrían haber entrado Broto, San Juan de la Peña, Sos, Belchite, Calaceite, Santa Elena en Biescas y muchos más. Sin embargo, la traca final la pone otro espacio fronterizo, de la Franja. Un pueblo que vive entre dos idiomas y que tiene sabor propio. Se trata de Valderrobles, localidad regada por el Matarraña. Antigua, en los alrededores hay restos desde época íbera. Desde mediados del medievo, valga la redundancia, los siglos han ido aportando gotas de patrimonio cristalizadas en lugares como Santa María la Mayor o el castillo valderrobrense. El todo, uno de los pueblos más bonitos del país.