La arriacense es una provincia nunca bien ponderada. A pesar de ello cuenta con un envidiable patrimonio natural y cultural, con castillos medievales o parques naturales impresionantes. Su particular carácter y la cercanía con Madrid hacen que sea un lugar ideal para vivir escapadas rurales auténticas. Asimismo, la sencilla conexión con la capital hace que sean muy fácil llegar a sus localidades desde cualquier parte de España. Ya sean de la Campiña o la Alcarria, de la Serranía o el Señorío de Molina, no lo dudes y descubre los pueblos más bonitos de Guadalajara.

Atienza

Plaza principal de Atienza

Plaza principal de Atienza. | Shutterstock

El repaso a las localidades más bellas de la provincia de Guadalajara empieza en la Serranía, al norte. Allí se alza Atienza. Poblada desde tiempos inmemoriales, cerca hay restos de origen celtíbero. Sin embargo, sus momento álgido llegó en la Edad Media. Por ejemplo, la fiesta de la Caballada recuerda como sus habitantes salvaron a un jovencísimo Alfonso VIII de las tropas leonesas que le perseguían. Asimismo, de este pueblo es originaria Luisa de Medrano, pionera intelectual española del siglo XV/XVI. En todo el lugar domina el ambiente medieval gracias a diversas iglesias, varias de ellas con museos, y la fortaleza de la época. Con grandes murallas, en esta última destaca la torre central, encaramada a un risco.

Molina de Aragón

Molina de Aragón, uno de los pueblos más bonitos de Guadalajara

Molina de Aragón.

Este cruce de caminos entre los reinos de Aragón y Castilla siempre tuvo una cierta independencia que le permitió prosperar. Fruto de esta situación fronteriza se forjó el carácter de Molina de Aragón. Sobre la población dominan su recinto amurallado y el castillo. El monarca aragonés Alfonso I le dio su forma actual pese a que su origen es árabe. Otros de sus hitos más destacados son el monasterio de San Francisco, el puente románico o la iglesia de San Gil.

Jadraque

Jadraque y su castillo, de lo más bonito de Guadalajara

Castillo de Jadraque.

De nuevo el mayor atractivo del lugar es su espectacular fortaleza medieval. Conocido como castillo del Cid, fue uno de los últimos en ser construidos en esta época histórica. Debido a la gran relación entre la provincia y la historia del Cid Campeador a menudo se cree que el fuerte estaba relacionado con esta figura legendaria. Sin embargo, la denominación se debe al condado del Cid, al que perteneció. El primer conde era familiar del cardenal Mendoza, el responsable de rehabilitar el recinto de Jadraque. Como curiosidad, durante el siglo XVIII se dio en esta localidad se dio el explosivo encuentro entre la princesa de Ursinos e Isabel de Farnesio. La primera terminó exiliada de inmediato, antes de que la nueva reina consumara su matrimonio con Felipe V en Guadalajara capital.

Albendiego

Albendiego en Guadalajara

La ermita de Santa Coloma en Albendiego durante el invierno.

Este pueblo serrano se encuentra incrustado en un valle, en el segmento más norte de la provincia. La piedra local es la principal protagonista de sus construcciones. Al igual que el de la mayoría de las localidades pequeñas de la provincia, el pasado reciente de este municipio es muy humilde. Pese a ello, posee una verdadera joya: la ermita de Santa Coloma. La cabecera es románica, del XII, con elementos mudéjares. El resultado es un conjunto de ábside más absidiolos curvos y de una enorme belleza. Un gran plus que posee Albendiego es que Condemios y Somolinos están a tiro de piedra. De esta forma se puede experimentar la Serranía de Guadalajara al cien por cien.

Cifuentes

Cifuentes, uno de los pueblos más bonitos de Guadalajara

Cifuentes.

Una de las nobles más famosas de la historia de Guadalajara fue la princesa de Éboli. Nació en Cifuentes, en donde se pueden encontrar muchas referencias a ella. Situado en la Alcarria, sus monumentos justifican la inclusión en esta lista. El castillo de Don Juan Manuel se debe al conocido escritor de El Conde Lucanor y fue edificado en el siglo XIV. Mientras tanto, la iglesia de Cristo Salvador y la ermita de los Remedios son sus templos más bonitos. Por otro lado, tanto el Alto Tajo como sus manantiales, responsables del nombre del lugar, componen un entorno natural perfecto para el senderismo.

Sigüenza

Sigüenza, uno de los pueblos más bonitos de Guadalajara

Sigüenza.

La gran villa de los obispos destaca entre el resto de los pueblos más bonitos de Guadalajara. Desde su catedral y castillo llevaron a cabo sus maquinaciones prelados tan importantes como el Cardenal Mendoza. Estos dos monumentos son los más grandes del lugar, pero no los únicos. A lo largo de Sigüenza, accesible desde la A-2 y cercana a territorio de Soria, hay multitud de iglesias e hitos que hacen del lugar un pueblo medieval de referencia. Por otro lado, su gastronomía, con los asados a la cabeza, está entre las mejores de la Serranía y la provincia. En lo natural, es imprescindible el aledaño Parque Natural del Barranco del Río Dulce.

Valverde de los Arroyos

Valverde de los Arroyos

Valverde de los Arroyos, Guadalajara. | Shutterstock

Si hay que resaltar un foco de turismo en toda Guadalajara, este sería la zona de los pueblos negros. Aunque no es única de la provincia y puede verse por ejemplo en la vecina Madrid, por ejemplo en Patones de Arriba, sí que resplandece más en territorio arriacense. El más destacado de estas poblaciones es Valverde de los Arroyos. Allí pueden contemplarse las construcciones realizadas con pizarra. Las oscuras viviendas e iglesias contrastan con el verde entorno propio de la Serranía. Si se es montañero, subir el Ocejón es una ruta de un día que te convalida el ser alcarreño. Al norte espera el hayedo de Tejera Negra, Patrimonio de la Humanidad y de los bosques de hayas más importantes de España.

Brihuega

Campos de Lavanda de Brihuega

Campos de Lavanda de Brihuega. | Shutterstock

Escenario bélico clave en la Batalla de Guadalajara durante la Guerra Civil, Brihuega es hoy un precioso pueblo. Su elemento más conocido son los campos de lavanda. Durante la floración tiñen los alrededores de la población de color violeta. Recorrerlos era un pasatiempo tranquilo para los alcarreños. Hoy es un foco de influencers de primer nivel con gran fama a nivel nacional. En el casco urbano, resaltan los jardines de la Real Fábrica de Paños, el interior es privado. Al tiempo, la fortaleza de Peña Bermeja posee un gran estado de conservación.

Peralejos de las Truchas

Peralejos de las Truchas

Peralejos de las Truchas. | Ayuntamiento del lugar

El Parque Natural del Alto Tajo acoge muchos pueblos encantadores en su vertiente guadalajareña. Uno de ellos es Peralejos de las Truchas, aunque en la lista podrían haber entrado Peñalén o Zaorejas. En el casco urbano domina un aspecto tradicional, humilde, con casonas o la iglesia de San Mateo. Desde la misma localidad se aprecia la vertical orografía que caracteriza este curso alto del río más largo de España. Profundos cañones y curiosas formaciones rocosas permiten la existencia de hitos tan vistosos como la laguna de Taravilla y el Salto de la Poveda.

Pastrana

Pastrana, uno de los pueblos más bonitos de Guadalajara

Pastrana. | Wikimedia

Su carácter medieval fue constatado por el mismo Camilo José Cela durante su Viaje a la Alcarria. Esta villa está muy atada a la ya nombrada princesa de Éboli. Si nació en Cifuentes, le tocó morir en Pastrana. Fue en el Palacio Ducal diseñado por Covarrubias, donde permaneció encerrada casi diez años. Además, hay dos importantes conventos: el de San José, que fundó Santa Teresa de Jesús, y el de San Pedro, asociado a San Juan de la Cruz. Otros hitos que hacen de la población una de las más bonitas de España en 2019, honor que comparte con Atienza, son su colegiata de la Asunción o la magnífica fuente de los Cuatro Caños.

El Olivar

El Olivar en Guadalajara

El Olivar. | Twiiter «Caminosgu»

Muy cerca del embalse de Entrepeñas, El Olivar es una preciosa muestra de pueblo alcarreño. Gracias a una correcta planificación el aspecto de esta localidad responde al de la arquitectura tradicional de la Alcarria. Pétreos tonos ocres y vigas de madera dominan el conjunto de este desconocido lugar. En este resaltan la plaza mayor y la iglesia de La Soledad, con un interesante interior. Hay que prestar atención al aceite de oliva local, un buen ejemplo del que se produce en esta zona de Guadalajara y que marca el aspecto de buena parte de los alrededores.

Riba de Saelices

Riba de Saelices

Riba de Saelices. | Wikimedia

Hay muchas de encarar una visita al Parque Natural del Alto Tajo. Una de ellas es desde el encantador pueblo de Riba de Saelices. Un lugar tranquilo y típico que cuenta con interesantes lugares que ver. El más importante es la cueva de los Casares, en el valle de los Milagros. Posee uno de los conjuntos de grabados prehistóricos más importantes a nivel nacional. Datan del 30.000 a.C. Por suerte, ofrece visitas, aunque haya que prestar atención a sus horarios antes de plantear la escapada. No lejos queda Zaorejas, donde merece la pena acudir al puente de San Pedro.

Cogolludo

Cogolludo

Cogolludo. | Shutterstock

La relación de la villa con los duques de Medinaceli produjo que Cogolludo albergue su precioso palacio ducal. Uno de los primeros renacentistas de España, es una gran muestra de la adaptación que se hizo de tal estilo en el país. La cercanía de los pueblos negros hace que sea una buena base para visitarlos. Al igual que ocurre en el caso de Hita, desde los restos de su castillo hay unas vistas de gran belleza. Resulta muy notable también su iglesia de Santa María.

Campillo de Ranas

Campillo de Ranas, uno de los pueblos más bonitos de Guadalajara

Campillo de Ranas, uno de los pueblos negros. | Shutterstock

No lejos de Valverde de los Arroyos, algo al sur, se sitúa otro pueblo negro que está entre los más bonitos de Guadalajara. Campillo de Ranas tiene una bonita iglesia y casas típicas, pero destacan sobre todo sus alrededores. Muy cerca queda una de las cascadas más espectaculares del país, la del Aljibe. El camino que va hasta ella es una ruta senderista perfecta para principiantes. Asimismo, en el embalse de El Vado pueden verse en épocas de sequía restos de la población homónima, inundada para crear el pantano. Por otro lado, se puede llegar fácilmente al hayedo de Montejo, en Madrid. De camino quedan pequeños núcleos ideales para rápidas paradas.

Zorita de los Canes

Restos de Recópolis, en Zorita de los Canes

Restos de Recópolis, en Zorita de los Canes. | Shutterstock

Aunque la mayoría conoce el último de los pueblos más bonitos de Guadalajara por la cercana central nuclear, Zorita de los Canes es un gran destino para una escapada. En primer lugar, cuenta con una notable alcazaba árabe del siglo IX. Pese a estar ruinosa, merece una visita. Su historia se asocia al mítico Álvar Fáñez de Minaya, compañero del Cid, y los caballeros de la Orden de Calatrava. Por otro lado, en las inmediaciones se halla Recópolis, una ciudad perdida fundada por los visigodos. Se puede ver, pero hay que estar muy atento a sus horarios y días de apertura. Por último queda el entorno del Tajo y los restos del puente de piedra del siglo XVI.

Hita

Hita, uno de los pueblos más bonitos de Guadalajara

Hita.

El cerro de Hita marca la disposición del pueblo homónimo. Tiene una marcada forma cónica, aunque su punta perece horizontal. Esto se debe a que allí se asentaba el castillo local, del que hoy apenas quedan restos. En todo caso, las vistas desde estas alturas son francamente impresionantes. Mejor conservada está la llamada puerta de Santa María, la mayor que poseía la localidad. La importancia de los judíos hiteños se ve reflejada en lugares como la plaza del Arcipreste. Mientras tanto, el ambiente lo completan las ruinas de la iglesia de San Pedro o el templo dedicado a San Juan Bautista. También la buena gastronomía local. En todo caso, el mejor momento para una visita es durante su conocido Festival Medieval.