Enclavado en el corazón de Madrid y dando conexión a dos de sus principales localizaciones, la Puerta del Sol y el Paseo del Prado, se encuentra el centro neurálgico de la vida política española. Levantado entre la calle Zorrilla y la Carrera de San Jerónimo, el Palacio de las Cortes o Congreso de los Diputados se alza como la sede de la soberanía nacional. Tras sus puertas se debaten y aprueban leyes a diario desde hace más de 150 años, albergando entre sus muros los episodios más emblemáticos de la historia parlamentaria de España.

El Palacio de las Cortes se sitúa frente a la Plaza de Cortes en la Carrera de San Jerónimo. | Shutterstock

Fue la reina Isabel II la encargada de inaugurar el Palacio de las Cortes en 1850, siete años después desde el inicio de las construcciones. Estas fueron proyectadas bajo las ordenes del arquitecto don Narciso Pascual i Colomer, quien se decidió por una obra de estilo neoclásico que recordara la antigua Grecia como cuna de la democracia. Hoy el Congreso de los Diputados, además de ser el edificio más representativo de sus ciudadanos, es uno de los mayores atractivos para turistas y locales que pasean por las vías más céntricas de la capital.

A lo largo de los años y conforme aumentaban las necesidades de la Cámara Baja, el Palacio de las Cortes ha ido ampliándose. Hoy está formado por siete edificios conjuntos que conforman una superficie total de casi 90.000 m2.

Un recorrido por las improvisadas sedes parlamentarias del siglo XIX

Las sesiones parlamentarias no tuvieron un sitio estable hasta 1850. En los orígenes del régimen constitucional en España, desde la instauración de las Cortes de Cádiz en 1810, no existían edificios adecuados para la celebración de Cortes. Para ello se utilizaron diferentes escenarios como teatros e iglesias, dado que eran los únicos edificios que disponían de espacio suficiente para la congregación de todos los diputados.

Así ocurrió en Cádiz durante la ocupación francesa, donde las Cortes tuvieron dos sedes: en el Teatro Cómico de San Fernando y en el Oratorio de San Felipe de Neri. En este último lugar fue donde se redactó la Constitución de 1812. Cuando las sesiones se trasladaron de la costa gaditana a la capital, estas fueron acogidas en el Teatro Real y en el Convento del Espíritu Santo, en cuyo solar luego se construyó el actual palacio del Congreso.

Un convento convertido en sede parlamentaria

Antiguo Convento del Espíritu Santo en la Carrera de San Jerónimo. | Wikimedia

Con la llegada del régimen liberal en 1834, el gobierno moderado de Francisco Martínez de la Rosa decidió que las reuniones se celebrasen provisionalmente en la iglesia del convento del Espíritu Santo, el cual había sufrido un grave incendio en 1823. Con la llegada de los progresistas en 1837, estos consideraron que el edificio religioso no estaba preparado para ser sede de las Cortes. Al parecer, aún quedaban estancias antiguas del convento y existían carencias evidentes para poder acoger una institución tan importante para el Estado.

El Palacio de las Cortes en 1850, sin los Leones ni los edificios actuales. | Congreso de los Diputados

Finalmente se mantuvo este emplazamiento por expreso deseo del general Espartero, regente del Reino, ya que fue allí donde se aprobó la Constitución de 1837. Para ello, se decidió demoler el convento y construir en su lugar un nuevo edificio apto para la vida parlamentaria. El 10 de octubre de 1843, tres meses después de su proclamación como reina y coincidiendo con el día de su 13 cumpleaños, Isabel II puso la primera piedra del nuevo Palacio de las Cortes. Durante los siete años que duró la obra en la madrileña Carrera de San Jerónimo, las reuniones se dieron en el Salón de Baile del Teatro Real.

El majestuoso Palacio de las Cortes

Fachada principal del Palacio de las Cortes, obra del arquitecto Narciso Pascual i Colomer. | Shutterstock

De los 14 proyectos que se presentaron, resultó elegido el del valenciano Narciso Pascual i Colomer. Su obra arquitectónica constituye uno los mejores ejemplos del neoclasicismo romántico español del siglo XIX. Realizada en granito y piedra calcárea de la Sierra Norte de Madrid, su fachada principal se divide en tres cuerpos. El central contiene un amplio pórtico adelantado y sustentado por seis columnas clásicas coronadas por capiteles de orden corintio que realzan la majestuosidad del palacio. Estos impresionantes pilares sirven de base a una cornisa que lleva grabada en letras doradas y mayúsculas: «El Congreso de los Diputados».

El frontispicio triangular del Palacio de las Cortes, obra de Ponciano Ponzano.| Shutterstock

Sobre el letrero se alza un frontispicio triangular, obra del escultor Ponciano Ponzano. Está compuesto por rotundas figuras esculpidas de porte clásico que dan vida alegórica a la nación española, quien aparece abrazando la Constitución. A su alrededor se agrupan otras imágenes que representan la Fortaleza, la Justicia, las Bellas Artes, la Armonía, el Comercio, la Agricultura, los Ríos y Canales de navegación, el Valor español, las Ciencias y la Abundancia y la Paz. Asimismo se puede ver una representación de Libertas que serviría como inspiración a la estatua de la libertad del Panteón de Hombres Ilustres, décadas anterior a la de Nueva York. Esta obra ha sido tomada por diversos expertos como el mayor conjunto escultórico del siglo XIX español.

La Puerta de los Leones

Congreso de los Diputados

Uno de los leones de bronce que franquea la entrada del Palacio de las Cortes | Shutterstock

Al pie del pórtico y de las seis columnas se accede por una escalinata de doce gradas franqueada por dos leones de bronce, también debidos a Ponzano. Estas dos enormes esculturas de aspecto fiero y majestuoso han pasado a ser un sinónimo de la ciudad de Madrid, al igual que hoy lo son la Fuente de Cibeles o la Puerta de Alcalá. La colocación de los leones actuales se produjo años después de la inauguración del Palacio de las Cortes, en 1872, tras dos intentos fallidos y una historia no exenta de polémica. Pronto comenzaron a ser conocidos como Daoiz y Velarde, en honor a los héroes del 2 de mayo de 1808. Ambos lideraron una de las luchas más recordadas de la Guerra de la Independencia.

Los leones son los encargados de dar nombre a la puerta que ocupa el centro de la fachada principal, la Puerta de los Leones. Su apertura está reservada únicamente para la entrada de los Reyes de España cuando acuden para presidir la Solemne apertura de Cortes. Desde 1997 también se abre para todos los ciudadanos durante la Jornada de Puertas Abiertas, que se celebra todos los años durante el puente de la Constitución en diciembre. La entrada habitual de los diputados está en el lateral del edificio, por la calle Floridablanca.

El Salón de Sesiones o Hemiciclo del Palacio de las Cortes

Hemiciclo o Salón de Sesiones | Palacio de las Cortes

El Salón de Sesiones es la estancia principal del Palacio de las Cortes, donde se dan cita los 350 diputados para las reuniones del Pleno. Es también conocido como Hemiciclo debido a la forma semicircular de la sala, que era la preferida en los principales parlamentos de la Europa continental del siglo XIX. Ocupa la séptima parte de la totalidad del edificio. Lo remata una bóveda curva de casi 50 metros de altura. Cuenta con un lucernario en forma de abanico y que permite el paso de luz natural. Un escenario que se complementa con un conjunto pictórico de escenas que homenajean la historia española.

Escaños de los diputados y parte de la Presidencia. | Palacio de las Cortes

En este salón no solo se celebran las sesiones ordinarias. También se dan actos de especial relevancia, como la proclamación del Jefe del Estado, la investidura de los Presidentes de Gobierno o la sesión de apertura de cada nueva Legislatura. Los diputados que configuran el Congreso se sitúan por grupos parlamentos en los sillones que conforman los escaños del hemiciclo. La bancada de color azul está tradicionalmente destinada al Gobierno. Frente a los escaños se sitúa la Presidencia y la Mesa de la Cámara Baja, cuya función primordial es regir y ordenar el trabajo de todo el Congreso, siendo el órgano de mando interno.

Por encima de los escaños y sustentada por columnas se encuentran las tribunas del público. Están la de honor diplomática, la de invitados y la de prensa. Desde allí se divisa a la perfección la huella de los disparos en la bóveda y en los muros del hemiciclo producidos durante el intento del golpe de Estado del 23-F, en 1981.

Un hemiciclo convertido en una auténtica galería de arte

Si algo no pasa inadvertido para nadie es la galería de arte que constituye en sí todo el Salón de Sesiones. Quizás, el elemento decorativo más llamativo sea el conjunto pictórico que decora la gran bóveda. La obra de Carlos Luis de Rivera está decorada con cuatro grandes escenas históricas que narran la historia de la legislación española. Así, se va desde la época grecorromana, pasando por los reinos godos y monarcas de época medieval o moderna, hasta Carlos III.

El Hemiciclo visto desde arriba. | Palacio de las Cortes

Rematando la cúpula, en su centro aparece una pintura circular con la imagen de Isabel II sentada con la alegoría de España y rodeada de célebres personajes de la cultura e historia del país: el Cid, Cristóbal Colón, Miguel de Cervantes, Lope de Vega, entre otros. Por otro lado, y como pequeño guiño al modelo territorial, en la herradura de la bóveda se presentan los escudos primitivos de las ciudades y provincias con derecho de voto en Cortes de la península y de ultramar.

No son las únicas pinturas del Salón de Sesiones. Desde los muros de este espacio se descubren otras obras igual de simbólicas, especialmente en el paramento de la Presidencia. Su parte más alta la presiden cuatro cariátides que marcan la vidriera policromada. Representan la Justicia, la Prudencia, la Fortaleza y el Temperamento.

Inmediatamente debajo, dentro de unas hornacinas, las estatuas de mármol blanco de los Reyes Católicos enmarcan el gran tapiz del escudo de España. A ambos lados del muro, dos grandes cuadros representan un pasaje histórico de las Cortes medievales y las Cortes modernas. A la izquierda se sitúa la obra «María de Molina», momento en el que presenta a su hijo Fernando IV en las Cortes de Valladolid de 1295. Mientras tanto, el de la derecha da protagonismo a las Cortes de Cádiz. Tal pintura refleja la sesión plenaria en la que los diputados juraron su cargo en 1810.