Uno de los símbolos más representativos de España y de la democracia son los leones del Congreso de los Diputados en Madrid. Custodiando la escalinata de entrada, las estatuas forman parte de la historia de la ciudad y de todo el país. Aunque pocos saben que estos leones, con apenas dos siglos de vida, esconden un anecdotario de lo más curioso. Estas estatuas, además de haber costado más de un quebradero de cabeza al gobierno de la época y a su escultor, tienen unos predecesores que descansan en otra localidad española, Valencia.

Se hallan situados en un lugar privilegiado, la cuesta de la Carrera de San Jerónimo. Los leones del Congreso son jóvenes pero han visto periodos complicados de la historia de España, hasta convertirse en símbolo de la política incluso en la actualidad.

Una España convulsa en un siglo difícil

Monumento a Isabel II en Madrid

Monumento a Isabel II en Madrid | Shutterstock

La situación en España en el siglo XIX atravesó por una notable inestabilidad política. La forzada llegada al poder de Isabel II, con una mayoría de edad bastante justa hasta para la época, en la que se vio rodeada de muchos intereses políticos, algunos mejor intencionados que otros. Bajo ese clima de guiños a las políticas europeas pero también con una monarquía que había dejado un gusto regular en la población gracias a Fernando VII, la reina planta la primera piedra del Congreso y se inician las obras en 1843. El solar elegido para el futuro Palacio de las Cortes, también llamado Congreso de los Diputados, estaba ocupado por el antiguo convento de El Espíritu Santo, que pereció en un incendio.

Los leones del Congreso de los Diputados

Los leones del Congreso de los Diputados | Shutterstock

Del proyecto se encargó el arquitecto Pascual y Colomer por concurso, que ya entonces se estilaban. Pero el protagonista ligado a los leones va a ser el escultor aragonés Ponciano Ponzano quien, por cierto, nombra a una de las calles de Madrid más hosteleras, la calle Ponzano. El neoclasicismo impera y el escultor, quien ha aprendido en escuelas reputadas incluyendo su paso por Roma, se encarga del impresionante bajo relieve del frontón. Pero también le encargarán las figuras que presidirán el Congreso, ya entrados en la segunda mitad del siglo, porque las obras, aunque fueran de palacio, ya iban despacio.

Los primeros leones del Congreso

Primeros leones del Congreso en 185

Primeros leones del Congreso en 1853 | Calotipo de Charles Clifford, Biblioteca Nacional

En el proyecto original, presidiendo el Congreso, se iban a instalar dos farolas para iluminar la escalinata. Pero la Comisión de obras decide decantarse por algo, literalmente, con más garra. Ponciano Ponzano se pone manos a la obra con un material poco agradecido para estas labores: el yeso. Utilizará además un recubrimiento de betún para dar un acabado en color negro a los nuevos inquilinos, fingiendo bronce. Pero las inclemencias del tiempo de la capital son muchas y con el paso de los meses el aspecto de las estatuas se dañó tanto que optaron por sustituirlas.

Los gatos del Congreso

León en el Jardín de Monforte, Valencia

León en el Jardín de Monforte, Valencia | Shutterstock

La segunda pareja de leones se encarga al escultor José Bellver. Su paso por Italia para estudiar las formas clásicas es evidente y realiza los leones, según el gusto de la época, a imagen y semejanza de los Leones de Médici. Estas estatuas italianas se convirtieron en modelo de escultura por su estilo neoclásico, por sus connotaciones mitológicas y por el material, el mármol. Bellver esculpe los leones en piedra, una materia prima mucho más acorde con el edificio y la meteorología madrileña.

Pero resultó que las medidas de los leones eran visiblemente pequeñas para las dimensiones del conjunto y la simbología del mismo. Debido a la imagen de poder y solemnidad que se buscaba con la elección de los animales, el tamaño, en esta ocasión, sí importaba y mucho. El pueblo de Madrid comenzó a hacer mofa de las estatuas y pasaron a conocerse como los gatos del Congreso, felinos al fin y al cabo pero menos fieros. Incluso les bautizaron como Benavides y Malospelos. Se dice que el tamaño se debió a asuntos económicos y lo cierto es que, finalmente, tuvieron que desecharse.

El Jardín de Monforte

Los leones del Congreso o su versión gatuna, sí que fueron apreciados por el Marqués de San Juan, filántropo valenciano y comerciante. Decidió darles una segunda vida buscándoles hogar en el Jardín de Monforte situado en la capital valenciana. Los leones se colocaron en la entrada de uno de los jardines con más encanto de toda la península, donde todavía permanecen.

A la tercera va la vencida: los leones definitivos del Congreso

Los leones del Congreso de los Diputados presidiendo la entrada

Los leones del Congreso de los Diputados presidiendo la entrada | Shutterstock

Se realizó un nuevo encargo, con espíritu de acabar por fin con la polémica de los leones. Ponciano Ponzano fue de nuevo elegido para esculpir las estatuas, esta vez, en bronce. Cabe destacar que Ponzano desde el primer momento mostró reticencia al encargo, debido a que se considera de mal augurio esculpir animales. No en vano, hay una leyenda entorno al propio Ponzano en la que se dice que sus supersticiones al final le alcanzaron y falleció años después atragantado por una uva, y no fue en Nochevieja.

En 1860, por fin se colocan los nuevos leones del Congreso, fabricados en un bronce muy particular, el extraído de cañones de la Guerra de África, concretamente de la batalla de Wad-Ras. Éstos se forjaron en la Real Fábrica de artillería de Sevilla. Los detalles de las esculturas presentan un trabajo muy cuidado. Ponzano fue un gran escultor de la época y aún pueden verse muchos ejemplos de su trabajo en diferentes puntos de España. Los leones se emplazaron en su ubicación actual en 1872. Fue el pueblo quien los bautizó como Daoíz y Velarde, en honor a los héroes del dos de mayo de la Guerra de la Independencia francesa en el país.

El origen mitológico de los leones

La Cibeles

Fuente de la Cibeles en Madrid | Shutterstock

Quien tenga la ocasión de pasear por Madrid podrá observar que, apenas a unos metros de las Palacio de las Cortes, hay otra pareja de leones que llama la atención. En la icónica fuente de la Cibeles son dos leones muy parecidos a los del Congreso los que tiran de su carro. La historia mitológica detrás de las fieras corresponde a la leyenda de Hipómenes y Atalanta. Una historia de conquista y de amor con un guión que terminó abruptamente cuando ambos amantes decidieron que el templo de Cibeles podía ser un sitio resguardado para demostrarse cuánto se querían. Este acto de amor no sentó demasiado bien a la diosa que pidió cuentas y fueron transformados en leones por siempre a su servicio.

Existen varias similitudes para apoyar la teoría de que, efectivamente, los leones del Congreso son también Hipómenes y Atalanta. Si se observan, podrá comprobarse que ambos leones miran en direcciones diferentes de la Carrera de San Jerónimo. Y esto no es sino parte del castigo impuesto al matrimonio, condenados también a no volver a mirarse nunca.

Una cuestión de anatomía

Escalinata del Congreso con los leones

Escalinata del Congreso con los leones | Shutterstock

Otra de las similitudes entre ambos leones y que ha despertado diferentes teorías es que uno de los leones no tiene testículos. A pesar de conservar el resto de atributos de un león, como la melena, un vistazo más de cerca a los leones del Congreso permite ver que no posee genitales visibles. Parece que fue en 1985 cuando se percibió este detalle, al iniciarse el primer proceso de restauración de los leones. La historia tuvo tal relevancia que hasta un canal de televisión organizó una campaña para dotar de testículos al león capado.

El descubrimiento parece poner de manifiesto que uno de los leones es Atalanta, una representación femenina que quizá se haya pasado por alto en ocasiones. No obstante, también existen otras dos versiones más prosaicas para explicar esta curiosidad. Una, sería la falta de presupuesto para terminar la obra, que Ponzano camufló con la posición del rabo del león. La otra simplemente apunta a que, al recibir Ponzano las piezas y crear los moldes, se dio cuenta de la falta de material y decidió suplirla modificando la posición del rabo. Teniendo en cuanta que el saco testicular del león es más bien pequeño, este hecho hace dudar de la teoría de la falta de material. Pero desafortunadamente ya no hay manera de preguntar al autor. Siempre es posible visitar directamente el edificio y sacar conclusiones propias.

Pesos y medidas

Congreso de los Diputados

Congreso de los Diputados | Shutterstock

Aunque es cierto que a simple vista los leones son prácticamente idénticos, aparte de los atributos genitales, también difieren en peso. El mayor y el que se supone Hipómenes, pesa 2.668 kilos. Es el situado a la izquierda según se mira de frente las escaleras del Congreso. Y el menor, en teoría Atalanta, situada a la derecha, pesaría 2.219 kilos. Con una longitud de poco más de dos metros, nadie dudó esta vez de que los leones fueranmajestuosos y fieros.

Dos figuras ejemplares de la historia contemporánea de España que se pueden disfrutar en un paseo por el Madrid más castizo. Una excursión perfecta para complementar con el Barrio de las Letras o la visita a los museos más importantes de la capital, que apenas distan unos metros.