Los franciscanos surgieron en la Edad Media como adalides de la pobreza. Mientras desde Roma o Compostela se hacía del lujo y la opulencia una seña de identidad, San Francisco de Asís buscó exactamente lo contrario. Una posición complicada, por su cercanía a la herejía, de la que finalmente salió indemne. Fruto de su visión surgió un amplio movimiento mendicante que inspiró a religiosos como San Pedro de Alcántara. El patrón de Extremadura fundó en Cáceres uno de los espacios más curiosos del país. El Conventico, que la Junta extremeña describe como el monasterio cristiano más pequeño del mundo.

Cruz en el exterior del convento del Palancar

Cruz en el exterior del Conventico. | Shutterstock

Un convento hecho «a medida»

En sus 63 años de vida, San Pedro de Alcántara fue un ejemplo claro de pobreza. Nacido en 1499, el fraile combinó periodos en sus pequeños conventos con diversos viajes. Aunque no fuera capaz de hacer actos de ampulosidad, fue capaz de codearse con algunas de las grandes personalidades del momento. Por ejemplo, trabó amistad con Santa Teresa de Jesús. La de Ávila encontró consuelo en el ejemplo de austeridad de su colega.

Sus vaivenes le llevaron finalmente hasta Arenas de San Pedro, un bonito pueblo de Ávila. Allí de una ermita se sacó un convento que hoy es su santuario. Claro está, lo que se ve actualmente, del XVIII, no tiene nada que ver con la fundación del santo. Pero antes de ello, y de rechazar convertirse en confesor de Carlos I en Yuste porque eso sería venderse, ejecutó su edificio estrella. Un fiel reflejo de su mentalidad que se ubica en San Pedro de Acim. Se trata del convento del Palancar.



La sobriedad convertida en arquitectura

Puramente franciscano, el espacio original del cenobio todavía se conserva. Pese a ello, cabe resaltar que más adelante se llevaron a cabo ampliaciones en forma de nuevo claustro e instalaciones. No deben confundirse con la parte primigenia. Esta apenas tiene entre 60 y 70 metros cuadrados. Un espacio nimio que contenía todas las instalaciones para poder ser un cenobio: refectorio, capilla, cocina, celdas y claustro.

Capilla del convento del Palancar

Capilla con mosaicos. | Junta de Extremadura

Lo erigió en 1557 a raíz de una donación de su amigo Rodrigo de Chaves. Apenas había una pequeña casa cuando llegó, pero logró montar el Conventico. Le acompañó otro fraile. Entre ambos apenas entraban en la capilla, según las crónicas. Cabe tener en cuenta que San Pedro de Alcántara era un gigantón. Llegaba al metro noventa de altura, una talla que hoy destaca pero que en la época era todavía más notable.

Claustro del convento del Palancar

Claustro del Conventico. | Junta de Extremadura

Este factor lleva a que su celda personal resulte todavía más sorprendente. Era la menor de todas y no le permitía ni estirarse. La propia Santa Teresa narra que dedicaba dos horas a dormir, recostado y con la cabeza en un madero. Una posición incómoda y antinatural que mantuvo por la noche durante unos 40 años, según la santa. Por suerte para sus compañeros, los otros habitáculos eran algo mayores y llegaban a albergar un camastro. Todo un lujo para el Conventico.

Celda de San Pedro de Alcántara en el Convento del Palancar

Celda de San Pedro de Alcántara en el Convento del Palancar. | Shutterstock

EL Conventico hoy en día

Las ampliaciones que llegaron al convento del Palancar permitieron que aumentara el numero de frailes que vivían en ella. Actualmente son en torno a una decena. Alrededor del Conventico se despliega una pequeña huerta, acorde al tamaño del original. El paisaje lo dominan terrenos adehesados. Algo típico de esta zona de Cáceres, cercana a la capital provincial o a Plasencia. Aislado, la paz que buscaba San Pedro de Alcántara se puede palpar.

Celda del convento del Palancar

Celda del convento del Palancar. | Junta de Extremadura

Gracias a la comunidad que puebla el cenobio este puede visitarse gratuitamente y con guía. A pesar de ello, lo normal es donar una cuantía simbólica para su conservación. El recorrido permite comprobar el claustro, compuesto de apenas cuatro postes, uno por cada esquina, en madera. También la cocina, una austera habitación que se muestra en un estado muy similar al primero que tuvo. Así, posee apenas varios cacharros y un hogar, en torno al cual los hermanos frailes se sentaban acuclillados a cenar con algo de sufrimiento.

La capilla llama la atención porque conserva una llamativa decoración basada en sencillos mosaicos. Aunque toscos, aportan un color realmente sorprendente. El azul predomina, además de una cruz de Alcántara. Un contraste con los parcos tonos ocres que prevalecen en el conjunto. Además, hay una figura del santo que completa el muy franciscano espacio.

Fachada trasera del actual Convento del Palancar

Fachada trasera del actual Conventico. | Shutterstock

Alrededor del Conventico se despliegan una gran variedad de hitos que sirven como base para visitarlo y realizar una escapada. Por ejemplo, paradas de la Vía de la Plata, calzada romana y Camino de Santiago, como Cañaveral, Grimaldo o Galisteo. En este último, sus murallas árabes en un excepcional estado de conservación son lo más notable. El embalse de José María Oriol/Alcántara, Cáparra o los Llanos de Cáceres, amén del Parque Nacional de Monfragüe, son también alternativas que quedan a tiro de piedra.

Más monumentales son otras tres alternativas. Cáceres posee un centro histórico, esencialmente renacentista, perfectamente conservado. Esto le ha permitido ser Patrimonio de la Humanidad. Plasencia también hace gala de una ingente cantidad de monumentos, que incluyen una pareja de catedrales. Coria, por su parte, presenta un aspecto vetusto que cuadra con su gran antigüedad.