En el emblemático Paseo del Prado el humo del tabaco, las carreras y los gritos componían la frenética escena diaria del palacio de la Bolsa de Madrid durante gran parte del siglo XX. Inaugurado desde 1893 por la Reina Regente María Cristina, la actividad bursátil española se concentraba en este magnífico edificio de la Plaza de la Lealtad. En él, cientos de agentes y apoderados se apiñaban cada mañana.

Fachada exterior del Palacio de la Bolsa

El palacio de la Bolsa de Madrid | Shutterstock

Esta imagen hoy solo forma parte del recuerdo que guardan con cierta añoranza los pasillos y salas de su interior, donde ahora reina el silencio. Sus más de 600 empleados se encuentran actualmente en las oficinas de las Rozas. Mientras tanto, el edificio original se reserva a los 50 trabajadores de Bolsas y Mercados Españoles (BME) y a tareas representativas y simbólicas.

El edificio ha sabido adaptarse a los cambios producidos en el negocio bursátil de manera extraordinaria. Especialmente ocurrió cuando las transacciones dejaron de hacerse a viva voz o se incorporó el sistema electrónico. Curiosamente, España es de los pocos países de Europa cuya construcción sigue cumpliendo la función de lugar de encuentro financiero para el que fue creado. Otros ejemplos se sitúan en Nueva York o Frankfurt.

Imponente y leal templo de la economía

En el atrio destacan cuatro relieves y un reloj importado desde Estrasburgo | wikimedia

El palacio de la Bolsa fue diseñado por el arquitecto Enrique María Repullés, quien apostó por un estilo neoclásico similar al de las edificaciones que decoraban el Madrid más emblemático de la época. Dicha tendencia se observa en el Banco de España, el Museo del Prado o la Biblioteca Nacional. Su creador sabía muy bien que para diseñar un auténtico templo de la Economía debía dotar a esta obra de un aspecto de basílica, lo que aportara una imagen de dignidad al sistema financiero español.

La entrada del palacio de la Bolsa está presidida por el imponente pórtico con seis columnas de orden corintio, sus pabellones laterales y su elegante escalinata. En el atrio destacan cuatro relieves en representación del Comercio, la Industria, la Agricultura y la Navegación. También se visualiza un «pequeño» reloj en el centro importado desde Estrasburgo.

Repullés contaba con la ventaja de tener un padre que se había dedicado durante toda su vida a la Bolsa. De esta forma conocía de cerca el mundo bursátil y el estrés que siempre le acompaña. Por esa razón decidió que la fachada debía contar con amplios ventanales que dejasen entrar la luz natural.

El caduceo del dios Mercurio

El Caduceo del dios Mercurio se encuentra en todo el palacio.| Wikimedia

Pero si hay un elemento decorativo que destaca y se repite en todo el palacio de la Bolsa ese es el caduceo. Se trata de un símbolo que proviene de la mitología grecolatina y que representa el cetro de Mercurio. Este era el dios del comercio y el patrón de las bolsitas, en señal de buena amistad, concordia, acuerdo y negociación. La vara que porta está rodeada de dos serpientes y en su parte superior lleva dos alas. La simbología de estos elementos representa a la perfección el mundo bursátil: el bastón representa el árbitro, las serpientes la prudencia, y las alas la velocidad.

Gran Salón de Contratación: de los corros a viva voz al sistema electrónico

Gran Salón de Contratación para el Público.  | Palacio de la Bolsa de Madrid

Se trata de una de las salas más celebres del palacio de la Bolsa, también conocida con el nombre de «parqué«. En este gran espacio donde hoy descansan las dos mesas centrales tenían lugar antiguamente los corros donde la gente compraba y vendía acciones. El mercado de corros era una modalidad de negociación bursátil, semejante al de una subasta y que se estructuraba a partir de un espacio físico. Estas operaciones solían durar alrededor de unos diez minutos para luego subir rápidamente al salón de cotizar. En España se dejó de operar con este sistema en 2009, pasando a los corros electrónicos.

El Salón de Sesiones. | BME

Con el paso de los años, la negociación bursátil se ha ido simplificando, pues ya no solo no se oyen voces ni carreras, sino que también han desaparecido los títulos físicos. Las pantallas analógicas y digitales ocupan ahora ese lugar. Sin embargo, se conservan los paneles que reflejaban la variación de las operaciones con su ruido metálico como recuerdo de una época de fervor permanente.

El Gran Salón de Contratación ha cambiado tanto que hoy no es más que una amplia habitación semivacía en la que trabajan unas cuantas personas del BME. Sirve también como plató de televisión para emitir la información bursátil española y de otras plazas europeas.

El Reloj de Amsterdam y la Galería de los Fisgones

La torre del reloj que preside el Salón de Contrataciones del palacio de la Bolsa. | BME

El Reloj de las Bolsas levantado en mitad del parqué es, junto con los murales automáticos de las cotizaciones, la pieza más emblemática. Esta torre es una réplica de la de Amsterdam, donde se creó la primera bolsa. La máquina fue construida en Estrasburgo y dispone de tres esferas que indican el tiempo de contratación. Una cuarta ejerce las funciones de barómetro, marcado por la presión existente entre la oferta y la demanda para lograr el acuerdo de un precio aceptado por las partes. A esta esfera se le conoce familiarmente como Barómetro Bursátil.

La Galería de los «fisgones», ahora con cristales. | Wikimedia

Ahora que la niebla del tabaco ya no inunda la estancia, se aprecia con claridad la simbología y los detalles ornamentales que la caracterizan. Entre ellas las imágenes evocadoras de la economía española del siglo XIX en el tragaluz o los escudos heráldicos de las diferentes naciones con las que España tenía mayor relación durante la época.

Sin embargo, para apreciar bien el techo es preferible subir hasta la conocida «galería de los fisgones«, en la planta superior. Durante mucho tiempo el público podía entrar y ser partícipe de las sesiones de bolsa. Ahora esos balcones están cubiertos por un gran cristal, pero en aquel momento los llamados fisgones lanzaban alguna que otra cosa al parqué, como colillas o incluso zapatos.

Otras de las salas más emblemáticas del palacio de la Bolsa

Aprender de las peculiaridades del mundo bursátil es posible recorriendo los rincones más secretos y fascinantes de este singular palacio de más de 125 años. Allí tuvieron lugar acontecimientos tan importantes como el «crash» del 29. Curiosamente, no afectó en gran medida a la Bolsa española, al tratarse aún de un país agrario con escasa industrialización. También se dejaron notar la entrada de España en la CEE en 1986, la caída del muro de Berlín en 1989 o la llegada del euro como moneda oficial.

Salón de los Pasos Perdidos

Interior del Palacio de la Bolsa

El Salón de los Pasos Perdidos sin la antigua moqueta | wikimedia

Antiguamente tenía el suelo de moqueta y no se escuchaban los pasos, ni carreras, de los que por allí pasaban. De aquí el motivo original de su nombre. Pero mayor curiosidad guarda el cristal del salón, el cual permaneció intacto tras recibir cinco disparos durante la guerra civil y que se pueden visualizar todavía. El salón de lo pasos perdidos se utiliza actualmente como lugar de encuentro para celebraciones oficiales relacionadas con el mercado bursátil. Al igual que en otras partes del edificio, se aprecia la simbología más característica del comercio.

Sala de fumadores

Hasta no hace mucho, el tabaco y el negocio eran dos elementos inseparables. En la primera planta del palacio de la Bolsa se encuentra una pequeña estancia conocida como «Sala de fumadores», lo que no significa que fuera exclusivamente para ello. El nombre de esta habitación lo puso la gente que pasaba por fuera del edificio y observaba la cantidad de humo que salía de sus ventanas, aunque eso era algo habitual en cualquier rincón. Se fumaba tanto que había incluso un pequeño estanco en la planta baja, hoy cerrado, pero del que se conserva su ventanilla.



Salón de Cotizar

Salón de Cotizar | BME

En esta sala se verificaban las transacciones bursátiles diarias. Pero con la implantación de los mercados electrónicos a finales de los ochenta, su función dejó de tener sentido. Aún así, el Salón de Cotizar sigue albergando distintos eventos de ámbito académico.

Su importancia también reside en la singularidad de su diseño respecto a las demás habitaciones del palacio. Al igual que las demás estancias, muestra un estilo neoclásico. Sin embargo, su ornamentación toma prestado detalles de otros géneros como la estrella de David mudéjar. Por su parte, las paredes se visten de diversos retratos de los presidentes que ha tenido la Bolsa de Madrid a lo largo de su historia.