Enclavado en el corazón de Albacete y dando conexión a dos de sus principales vías, Mayor y Tinte, se encuentra una de las grandes joyas arquitectónicas de la ciudad, el Pasaje de Lodares. Concebido desde sus inicios como una galería comercial, a imagen y semejanza de las italianas, el lugar ha sido considerado como una de las calles más bonitas de España. En él reside un modernismo puro y luminoso, que dota al edificio de una gran solidez y monumentalidad.

El Pasaje de Lodares fue diseñado en 1926 por el arquitecto valenciano Buenaventura Ferrando Castell y mandado construir por Gabriel Lodares. La intención de este político y terrateniente manchego era crear una galería comercial y residencial de lujo como las que había en Milán o Nápoles. A día de hoy, es una de las tres únicas galerías modernistas que hay en España, junto a la de Valladolid y la de Zaragoza.

El interior del pasaje de Lodares

En el interior del Pasaje de Lodares | Ayuntamiento de Albacete

Se convirtió en un auténtico templo del comercio que desprendía ostentación y elegancia. A día de hoy sigue siendo la construcción más singular de Albacete y uno de los lugares más fotografiados por sus visitantes. El paso del tiempo ha hecho que el Pasaje de Lodares se haya ido adaptando a las nuevas modalidades de negocio mientras que han desaparecido los talleres artesanales que ocuparon la galería desde sus inicios. Ahora albergan tiendas de ropa, cafeterías e incluso una administración de lotería, además de viviendas residenciales.

Elegancia y exuberancia en un mismo paquete

El Pasaje de Lodares constituye un hito por su arquitectura y concepto. Está construido a modo de gran galería, configurada por cuarenta y cuatro columnas jónicas y doce pilastras sobre las que se asienta una fachada de tres plantas y ático. Su armonía y su carácter distinguido hacen de este pasadizo una de las calles más elegantes y señoriales de toda Albacete.

Tragaluz del Pasaje de Lodares

El tragaluz de cristales que cubre el Pasaje de Lodares | Shutterstock

Pero no hay sensación más extraordinaria para el visitante que la exuberante decoración que proporciona el tragaluz de cristales que cubre el edificio. Una imagen que deja a cualquiera boquiabierto. Uno de los factores que más contribuye a su fotogenia.

El pasaje de Lodares sigue siendo a día de hoy un icono para Albacete, además de ser el gran protagonista de la modernización de la ciudad durante el siglo XX. El monumento recoge así la tendencia europea de la Belle Époque y la tipología de las galerías comerciales italianas.

El modernismo historicista del Pasaje de Lodares

El edificio es calificado de modernista al contar con algunos elementos decorativos de esta corriente artística surgida a finales del siglo XIX y principios del XX. El modernismo intenta crear un arte nuevo que rompa con los estilos dominantes de la época: los academicistas, el impresionismo y el realismo. En él predomina la inspiración en la naturaleza a la vez que incorpora novedades derivadas de la revolución industrial, como el acero y el cristal.

La galería comercial de Albacete

La galería comercial y residencial de Albacete al estilo italiano | Shutterstock

En cualquier caso, definir el estilo arquitectónico del Pasaje de Lodares resulta un poco más complicado de lo que parece. Además de los elementos característicos del modernismo, otra cantidad de estilos distintos mezclados complementan dicha base. A finales del XIX fue una costumbre generalizada acumular elementos decorativos de otros estilos anteriores en las nuevas construcciones. Por tanto, podría definirse como un edificio historicista de carácter postmodernista.

De hecho, en Albacete se dio un gran apogeo constructivo en las primeras tres décadas del siglo XX con unos edificios de carácter modernista, postmodernista y ecléctico. Hasta entonces, la ciudad carecía de una tradición arquitectónica clara. Fue la burguesía, como grupo de poder, quien impulsó y marcó todas las directrices arquitectónicas que se fueron realizando. Albacete quedó envuelta en un cúmulo de influencias procedentes de Madrid y Valencia que hoy se pueden apreciar con claridad.

La fachada que desafía la simetría del edificio

La simetría adquiere una dimensión especial cuando se habla del Pasaje de Lodares. Toda la obra presenta un mesurado sentido rítmico gracias a las columnas y balaustradas renacentistas, así como sus esculturas. No obstante, hay algo que chirría en su fachada exterior y que no pasa desapercibido para nadie.

Fachada exterior del pasaje de Lodares

Fachada exterior del Pasaje de Lodares | Ayuntamiento de Albacete

El edificio que da a la Calle Mayor es mucho más pequeño que el de la Calle Tinte. Mientras que esta última ofrece una majestuosa fachada simétrica compuesta por cuatro ejes, la Calle Mayor solo cuenta con dos ejes. La diferencia es especialmente llamativa y descoloca un poco ese equilibrio del que goza el resto del edificio.

El porqué de este desajuste se esconde tras una pequeña anécdota. Al parecer, el propietario de la casa de la calle Mayor, donde hoy se encuentra una farmacia, se negó a vender su parcela a Lodares, por lo que el proyecto se vio desde un primer momento condicionado. Esto no solo afectó a la fachada exterior, también a los locales interiores que tuvieron que conformarse con un espacio mucho más reducido que los de la otra. Sin embargo, el arquitecto valenciano no abandonó nunca la simetría del edificio y consiguió que el muro más minúsculo gozara también de una elegante armonía.



Lo que esconden las cariátides del Pasaje de Lodares

Al acceder al interior del paraje es fácil quedar maravillado y a la vez abrumado por la decoración del mismo, pues son muchos los detalles en los que debe fijarse para adquirir una visión completa de la obra. Pero si algo no puede pasar inadvertido son las cuatro figuras griegas esculpidas a modo de columna, conocidas artísticamente como cariátides y atlantes. Estas contemplan el verdadero significado o, mejor dicho, la intención que tenía Gabriel Lodares a la hora de construir esta magnífica galería.

Dios Mercurio en el Pasaje de Lodares

El dios del comercio Mercurio preside el Pasaje de Lodares | Wikimedia

Los dos atlantes que aparecen en el extremo del paraje son figuras masculinas y representan los bienes del campo y la industria, en cuanto a la condición de Lodares como terrateniente y su intención de comercializar sus productos agrícolas. Mientras que las cariátides, las figuras femeninas, representan las artes. Las artes mayores y las artes menores corresponden a su ambición de construir un descomunal y majestuoso edificio lleno de elegancia. Debajo de cada una de estas cuatro esculturas se deja ver el rostro de Mercurio, el dios del comercio.

Toda esta iconografía guarda la historia de Gabriel Lodares y el pasaje que lleva su nombre. Y es que su propósito fue claro desde el principio, el Pasaje estaba destinado a convertirse en la “catedral” del comercio de Albacete bajo las órdenes del dios Mercurio.

Una de las entradas al Pasaje de Lodares | Wikimedia

Una de las entradas al Pasaje de Lodares | Wikimedia

Gabriel Lodares

Gabriel Lodares fue un empresario agrario y político conservador, perteneciente a la burguesía agraria. Fue una de las grandes fortunas del Albacete de principios del siglo XX. Como hombre dedicado fielmente a la política, se esforzó por mejorar urbanísticamente la ciudad, primero en condición de alcalde entre 1900 y 1906, luego como diputado a Cortes en 1914 y como senador del reino en 1918.

Fue el impulsor de obras emblemáticas en la ciudad como el Pasaje que lleva su nombre o el Gran Hotel de Albacete, otra construcción modernista semejante. En su etapa como alcalde de la ciudad culminó el servicio de aguas potables para la población, lo que supuso su reconocimiento como Hijo Adoptivo de Albacete en 1917. El rey Alfonso XIII también quiso premiarlo concediéndole la Gran Cruz de Isabel la Católica en su visita a la capital manchega cuando inauguraron el servicio de aguas.