Durante la Edad Media las catedrales se consagraron como epicentros locales. Centros de conexión espiritual con Dios, servían también para que la iglesia consagrara su poder. Al tiempo, sus decoraciones no solo enriquecían el lugar, sino que tenían un incalculable valor didáctico. Portadas o murales moralizaban o contaban historias. Una catequesis gráfica que se reproduce en el magnífico Pórtico del Paraíso, en la relativamente desconocida catedral de Ourense. Un conjunto tardorrománico que se halla entre los más destacados de Galicia.

Arco central con parteluz del Pórtico del Paraíso

Arco central con parteluz del Pórtico del Paraíso. | Shutterstock

Un pórtico que miraba a un balcón

Los paralelismos entre la catedral ourensana y la de Santiago de Compostela son enormes. Por ejemplo, ambas se elevaron en un terreno que no era llano. De este modo, poseen una estructura inferior que las hace muy reconocibles, como se aprecia en la espectacular plaza del Obradoiro. En forma de poderosos contrafuertes y bóvedas de cañón, las de la ciudad de las termas acogen tiendas. Sobre ambas se situaban los pórticos de los templos, al final de sus naves.



Tanto el Pórtico del Paraíso como el de la Gloria originalmente se abrían a una enorme balconada. Elevada sobre los contundentes elementos de soporte, eran un lugar polivalente. Ya fuera para llevar a cabo reuniones o actos de justicia, presentaron largo tiempo un aspecto sin las escalinatas actuales. En el caso de Ourense, estas no llegaron hasta el último cuarto del siglo XX.

Ancianos del Apocalipsis Pórtico del Paraíso

Ancianos del Apocalipsis. | Turismo de Ourense

Con todo, la obra compostelana es muchas décadas anterior a su compañera. El Pórtico del Paraíso se elaboró a mediados del siglo XIII, pese a lo que siguió el estilo románico de la escuela del maestro Mateo, quien coordinó el de la Gloria. Se cree que miembros de su taller trabajaron parte de las esculturas, mientras que otras serían de artesanos de Burgos o de influencia francesa. Esta habría llegado a través del Camino de Santiago, como reflejan sus iglesias.

Apóstoles en el Pórtico del Paraíso

Apóstoles en el Pórtico del Paraíso. | Shutterstock

Sea como fuere la intención del conjunto parecía ir encaminada a reafirmar las fuentes religiosas canónicas. De este modo se pone en alza a los apóstoles y profetas. Una forma de combatir la herejía e historias apócrifas que tanto abundaban en aquellos siglos. Así, el Pórtico del Paraíso suponía la culminación de la catedral original, antes de que los añadidos de épocas posteriores terminaran de consolidar su aspecto.

El conjunto escultórico del Pórtico del Paraíso

A pesar de que varias reformas hayan trastocado su aspecto, el Pórtico del Paraíso sigue siendo una obra mayúscula. Se compone de tres arcos de medio punto. Curiosamente, son todos diferentes, aunque los laterales tienen una altura muy similar. El del centro, más amplio, tiene un parteluz, una fina división en columna de su vano. Precisamente sobre él se halla una de las grandes pérdidas que ha sufrido. Se trata del tímpano central, el espacio que rellenaba el interior del arco.

Arco Central del Pórtico del Paraíso

Arco Central del Pórtico del Paraíso. | Shutterstock

En todo caso, las figuras presentan un policromado brillante. Una labor del siglo XVIII sobre los originales del XII y que ha sido recientemente restaurada. Pese a carecer de la expresividad que poseen los personajes del Pórtico de la Gloria, las figuras se muestran individualizadas y serenas.

Las bases de las columnas estuvieron en su momento también decoradas. Se cree por perfiles hallados en ellas que serían animales. Un primer tramo de columnas se corona con capiteles zoomorfos y vegetales, que beben tanto de la realidad como de la mitología. Ya sobre ellos arranca el conjunto policromado y bíblico, donde las esculturas son parte de las columnas de arcos y arquivoltas, las molduras concéntricas en torno a los arcos. En el techo hay una bóvedas de crucería estrellada fruto de las reformas del siglo XVI.

Arco norte del Pórtico del Paraíso

Profetas en el Pórtico del Paraíso

Profetas en el Pórtico del Paraíso. | Jose Luis Cernadas Iglesias (Flickr)

A la izquierda se despliega el arco norte. En su entorno cohabitan nueve profetas, ocho reconocibles gracias a cartelas con sus nombres y otro anónimo. En el propio muro del pórtico se asientan Oseas y Malaquías. El resto lo hacen entre los arcos. Son Ezquiel, Habacuc, Jonás, Daniel, Jeremías e Isaías. Mientra tanto, las interpretaciones sobre quién es el que falta no han llegado a conclusiones definitivas. Destaca sobre todo la cara de Daniel y su sonrisa, que se desmarca del resto. Mientras tanto, la vegetación representada en el propio arco he hecho pensar que se trata del Edén, en contraposición al arco sur donde se muestra el juicio final.

Arco central del Pórtico del Paraíso

San Martín en el Pórtico del Paraíso

San Martín en el Pórtico del Paraíso. | Shutterstock

Escoltado por cuatro de los profetas mencionados antes a la izquierda y otros tantos apóstoles a la derecha. estos son San Pedro, San Mateo, Santiago y San Juan. Sin embargo, lo que más llama la atención son los 24 ancianos del Apocalípsis, desplegados en torno al arco igual que en la catedral que pone fin al Camino de Santiago. Estos forman parte de un pasaje del citado libro bíblico, apareciendo en torno al trono celestial en una visión de San Juan. Sin embargo, aquí muestran incluso una mayor riqueza en los instrumentos que tocan. Asimismo, destaca el hecho de que varios se miren entre ellos.

Santiago sedente en el Pórtico del Paraíso

Santiago sedente en el Pórtico del Paraíso. | Shutterstock

En el parteluz aparece una figura de Santiago, que aunque es del siglo XIII fue puesta allí en Edad Moderna. Es en todo caso una clara referencia jacobea, ya que Ourense es una de las paradas de la Vía de la Plata en la variante que va por Puebla de Sanabria en lugar de por Astorga. Luce magníficamente conservada y vivaracha. Sobre él hay una virgen con el niño y en el espacio del tímpano una talla también posterior de San Martiño, el patrón del templo. Aparece en un caballo y con espada, lo que provoca que más de un peregrino le confunda con Santiago.

Arco sur

Juicio final en el arco sur del Pórtico del Paraíso

Juicio final en el arco sur del Pórtico del Paraíso. | Ángel de los Ríos (Flickr)

Finalmente queda el extremo derecho. El resto de apóstoles tienen una distribución similar al del otro lado y hay tres sin identidad. San Mateo y San Andrés sí que son reconocibles por el libro abierto en el que se ve su nombre. Respecto al tema del arco en sí es, como se había adelantado, el juicio final. Una nueva similitud con la catedral compostelana. Figuras de los justos se contraponen a la de los pecadores. Mientras unos ascienden en brazos de ángeles, los otros son torturados o comidos por demonios y serpientes.

La rica catedral de Ourense

Aunque el Pórtico del Paraíso es lo más destacado de la catedral de San Martiño, posee muchos otros alicientes. Para visitarla no hace falta reserva pero sí adquirir una entrada. Por suerte, esta viene con una completa audioguía que permite disfrutar el conjunto. No hay que pagar por ver el exterior, claro. Allí destacan las distintas fachadas, que dan a plazas como la de Los Suaves o del Trigo. Las torres, que son tres, se elevaron en su forma actual en torno al siglo XVI. Dos están completas, la de las campanas y del reloj. Por su parte, la de San Martín quedó incompleta.

Catedral de San Martiño de Ourense

Catedral de San Martiño de Ourense. | Shutterstock

Ya en el interior, sobresale el cimborrio gótico, del siglo XV. De este modo, tiene una antigüedad similar al de La Seo de Zaragoza. Por su parte, aunque es notable, la girola fue edificada en el XVII y sustituyó a la románica inicial. Mientras tanto, el conjunto del altar mayor y el coro son realmente extraordinarios, del XVI. Elementos que la hacen que sea una de las grandes catedrales del país, a pesar de que la fama recaiga en las de León, Santiago, Sevilla o Burgos.

Capilla del Santo Cristo en la catedral de Ourense

Capilla del Santo Cristo en la catedral de Ourense. | Shutterstock

Finalmente, queda el Santo Cristo de Ourense, la figura más conocida del lugar. Se ha datado en el siglo XIV y se cree que llegó desde Fisterra. Tremendamente realista, se halla recubierto de telas que asemejan ser piel humana. Distintas leyendas cuentan que le crece el pelo o que es realmente un cadáver momificado. La capilla en que se guarda tiene una muy profusa y recargada decoración donde predomina el dorado. Sus esculturas provienen de distintas épocas y la sillería que se observa es parte del coro original, trasladado aquí.