La Ilustración trajo consigo la necesidad de hacer del conocimiento un valor vital. Por ello fue entonces, en el siglo XVIII, cuando el fenómeno museístico comenzó a prosperar. Aunque no lo hiciera en la forma definitiva, desarrollada el siglo siguiente, en esta época se creó el más antiguo de España. Se trata del Museo Nacional de Ciencias Naturales, en Madrid, una institución que arrancó siendo un gabinete real y terminó sobreviviendo hasta la actualidad.

Recreaciones en el Interior del Museo Nacional de Ciencias Naturales

Recreaciones en el Interior del Museo Nacional de Ciencias Naturales. | Agustín Martínez © Madrid Destino (Turismo de Madrid)

El Real Gabinete de Historia Natural

Los gabinetes llevaban siendo una realidad en la cultura desde el siglo XVI. Sin embargo, estas primeras exposiciones estaban asociadas a nobles curiosos más que a esfuerzos científicos. Basados en curiosidades y «maravillas» mostraban tanto arte como hallazgos fruto de la constante exploración del planeta. Cuando a la ecuación se sumó la Ilustración, el concepto evolucionó. Así se acercaron a las pujantes reales academias de distintos tipos, así como al ambiente público a través de los reyes.

Recreación de una sala del Real Gabinete de Historia Natural en el Museo de América

Recreación de una sala del Real Gabinete de Historia Natural en el Museo de América. | Wikimedia

En España costó que se creara una institución real de este tipo. La primera intentona fracasó y llegó a mediados del XVIII. Auspiciada por el marqués de la Ensenada, en tiempos de Fernando VI, la caída en desgracia del noble se llevó consigo a la Real Casa de Geografía de la Corte. Mejor suerte tuvo el Real Gabinete de Historia Natural de Pedro Franco Dávila. Comerciante y residente en Francia, ser criollo no le impidió amasar un pingüe capital y una extraordinaria colección basada en Ciencias Naturales y antropología.

Pedro Franco Dávila

Pedro Franco Dávila. | Wikimedia

No se rindió ante las negativas iniciales de Fernando VI y Carlos III. Finalmente, en 1771 logró conformar el gabinete gracias a que optó por ofrecer donar la colección en lugar de venderla. Sita en París hasta entonces, se trasladó a España. Dávila fue el director del centro hasta su muerte, ya que esta fue la concesión que pidió al rey a cambio de regalarle sus piezas. El palacio de Goyeneche de la calle Alcalá fue la primera sede. Solo abarcaba el segundo piso del edificio madrileño, ya que el resto era la sede de la Real Academia de las Tres Nobles Artes de San Fernando. En 1776 se abrió al público, un hito en la materia.



Esta primera etapa se desarrolló hasta 1814. Dávila falleció en 1786, pero el lugar siguió prosperando. La colección se aumentó con donaciones reales y la obligación estatal de ceder ciertos hallazgos al Real Gabinete de Historia Natural. De esta forma, los virreinatos y demás unidades territoriales de ultramar aportaron maravillas como el esqueleto fósil de Megatherium americanum, del que realizó una reconstrucción histórica, al ser la primera de su tipo. También se nutrió de expediciones científicas, como la de Malaespina. El aumento de los recursos llevó a la construcción de una sede que nunca llegaría a usar, ya que el Museo del Prado se haría con ella.

Esqueleto de Megatherium americanum en el Museo Nacional de Ciencias Naturales

Esqueleto de Megatherium americanum en el MCNC. | Wikimedia

Una referencia en las Ciencias Naturales del siglo XIX

El paso de José I y el régimen napoleónico por España no fue demasiado positivo para el Real Gabinete de Historia Natural. Sin embargo, pese al expolio más tarde resarcido en parte por los galos, la institución vivió un renacimiento casi inmediato. Se desarrolló un reglamento que le permitió pasar a ser el Real Museo de Ciencias Naturales. Su importancia se vio ampliada al pasar a aglutinar otros espacios, como el Real Observatorio Astronómico, el Real Jardín Botánico y entes relacionados con la física, la química y la mineralogía.

palacio de Goyeneche Madrid

Palacio de Goyeneche, primera sede del museo. | Wikimedia

Esto no impidió que el siglo XIX estuviera plagado de altibajos. Pese a comenzar a realizar labores de enseñanza, vivió graves crisis económicas. A mediados de siglo, acabó en manos de la Universidad Central. Por otro lado, la ciencia evolucionaba a pasos agigantados y esto repercutió en el museo, que tuvo que adaptarse de forma continua. Esto supuso además la salida de piezas a espacios más adecuados, derivando incluso en creaciones de nuevos lugares de muestra como se ve a continuación.

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El Edificio Villanueva del Prado estaba destinado a ser sede del museo de Ciencias Naturales. | Shutterstock

Su nombre también cambió en varias ocasiones. Por ejemplo, en 1847 pasó a ser el Museo de Historia Natural. Su carácter multidisciplinar se vio acotado en 1867, cuando se produjo una separación institucional. El jardín botánico adquirió entidad propia, así como el zoológico. Lo mismo pasó con parte de la colección, que pasó a originar el Museo Arqueológico Nacional. Con el tiempo otras cesiones darían lugar a otro notable espacio, el Museo de América. Asimismo, su sede varió a finales del XIX. En un primer momento pasó por la sede de la Biblioteca Nacional, en 1895.

Edificio actual del Museo Nacional de Ciencias Naturales

Edificio actual del Museo Nacional de Ciencias Naturales. | Shutterstock

Hacia el actual Museo Nacional de Ciencias Naturales

El cambio de siglo trajo un nuevo aire al museo. En consonancia con las nuevas necesidades del gobierno respecto a este tipo de espacios, se dio un giro al mismo. Se venía de años nefastos. El traslado forzado de 1895 se tomó como un sinónimo de cierre por muchos expertos de la época, pero Ignacio Bolívar, director desde 1901, daría la vuelta a la situación. Durante su mandato logró una nueva sede, el Palacio de la Industria y de las Artes a principios del XX. Compartirla con la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales no supuso un problema. Asimismo, modernizó la colección y la mejoró considerablemente. También fue bajo su batuta cuando se instauró el nombre actual, Museo Nacional de Ciencias Naturales.

Muestra del Museo Nacional de Ciencias Naturales

Muestra del Museo Nacional de Ciencias Naturales. | Agustín Martínez © Madrid Destino (Turismo de Madrid)

Peor fue la Guerra Civil y la dictadura franquista para el MNCN. El declive fue absoluto debido y abarcó hasta mediados de los ochenta. Entre los motivos para esto se dio el propio conflicto o la falta de personal que imperó durante décadas. Además, se dividió en tres institutos separados, de entomología, zoología y geología. Con todo, se llevó a cabo una labor de supervivencia que daría sus frutos ya en democracia.

Interior del Museo Nacional de Ciencias Naturales

Interior del Museo Nacional de Ciencias Naturales. | Shutterstock

Entre 1984 y 1985, el CSIC replanteó el Museo Nacional de Ciencias Naturales, aunando a la postre los institutos individuales. Se remozó el edificio, se modernizaron los métodos y las colecciones pasaron a mostrarse con la mentalidad de finales del siglo XX. De esta forma, como suele pasar, cuando hubo financiación el éxito fue inmediato. Desde entonces se ha consolidado como centro de investigación y divulgación. A este último respecto, son especialmente habituales las visitas educativas de escolares.