De Egipto a los Andes, pasando por Palermo o China, las momias se han consolidad como un atractivo cultural bizarro. Desde el siglo XIX pasaron a ser un verdadero fetiche para el ciudadano occidental. Un hecho basado en su unión de lo exótico con la muerte. Sin embargo, además de las momias guanches, en España lo más parecido a un proceso de momificación famoso es la curación del jamón, que tan deliciosos resultados da. Por suerte, la casualidad ha permitido que en un pueblo de Zaragoza conserve una colección excepcional de cadáveres desecados. Son las impresionantes momias de Quinto de Ebro.

Uno de los cuerpos expuestos en Quinto momias

Uno de los cuerpos expuestos. | Cortesía del Museo de Momias de Quinto

Un hallazgo fruto de la suerte

El hecho de que hubiera decenas de momias bajo el suelo de la antigua iglesia de Quinto de Ebro era un misterio para la población. Avanzada la Edad Moderna todavía no existían los cementerios como se los conoce hoy en día. Por ello, se usaba el suelo sagrado, muchas veces el del interior de la misma iglesia, para realizar los enterramientos. Una costumbre que se cortó a raíz de la intervención de Carlos III. El monarca decidió a finales del siglo XVIII que aquello de celebrar misa sobre cuerpos putrefactos no era higiénico. De esta forma, poco a poco se fueron creando los camposantos actuales.

Momia de Quinto apodada Van Gogh. | Cortesía del Museo de Momias de Quinto

En Quinto de Ebro, como en muchos otros lugares, la normativa real se acabó asentando pero no inmediatamente. Hasta el siglo XIX se celebraron entierros en la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora o El Piquete. La vida siguió y la Guerra Civil motivó el abandono del edificio. Al igual que lugares cercanos, como Fuendetodos o Belchite, el conflicto afectó a la población y dejó al templo destrozado. Así pasó a la vida secular, malviviendo hasta que el ayuntamiento local decidió intervenir. En un primer momento se quería hacer un espacio museístico sobre el mudéjar en Aragón, estilo principal de la construcción.



Durante las obras de adecuación de este espacio cercano al Ebro, al levantar el suelo, aparecieron numerosos cadáveres. El total de personas que descansaban eternamente bajo la Asunción de Nuestra Señora eran más de un millar. De ellos, algunos presentaban un espectacular estado de conservación. Un hallazgo que llevó a cambiar el plan inicial. La momias de Quinto, como se conocería a los cuerpos que presentaban un estado momificado, se merecieron protagonizar el primer museo de su tipo en España.

Lady, una de las momias de Quinto

Lady conserva el pelo a la perfección. | Cortesía del Museo de Momias de Quinto

Perfectas momias en El Piquete

La desecación natural del ambiente que poseía el lugar donde se produjeron los sepelios supuso que ciertos cadáveres e incluso sus ropajes apenas presentaran putrefacción. Tanto es así que hasta diversos ataúdes permanecían relativamente enteros. Esto ha permitido contextualizar la historia de las momias de Quinto en buena medida, datándolas entre el siglo XVIII y XIX. En exposición hay un total de 15 muertos, de todas las edades. No en vano, lo de morirse no es una cuestión solo de ser anciano.

Una de las Momias de Quinto

Uno de los cuerpos de la exposición. | Cortesía del Museo de Momias de Quinto

Todas las compañeras sus manos en el pecho, como si estuvieran eternamente rezando. Una pose que no es fruto de la casualidad, ya que se forzaba mediante por ejemplo el uso de cuerdas. Asimismo, el museo tiene sus estrellas. Se trata de un hombre y una mujer. Ella tiene el sobrenombre de Lady, gracias a su gesto sereno y lo estupendo que tiene el pelo. La coloración castaña todavía se percibe. Era una mujer madura para la época, de 35 años. Nativa de Alcañiz, según los estudios que se le han realizado, murió en la zona tras llegar de Madrid para tratarse problemas digestivos que es mejor no describir.

Manos y ropajes de una de las momias de Quinto

Manos y ropajes. | Cortesía del Museo de Momias de Quinto

Mientras tanto, él era un monje franciscano. También conserva pelo, tirando a pelirrojo. Este rasgo junto a sus facciones ha llevado a que se le llame Van Gogh, por el aire que se da al pintor. De nuevo la conservación de la ropa es asombrosa. A la mencionada pareja le acompañan otras 13 momias, ocho niños incluidos, con elementos de vestir puestos o junto a ellas. En la época la mortalidad infantil era enorme, lo que explica la abundancia de enterramientos de críos. Asimismo, la variedad de expresiones cadavéricas es notable. De la calma de la dupla destacada a las típicas fauces abiertas tan vistas en ejemplares egipcios, fruto de la desecación.

Lady, una de las momias de Quinto

Lady, una de las estrellas del museo. | Cortesía del Museo de Momias de Quinto

Un templo dedicado a la muerte

Aunque sin duda las momias de Quinto son las estrellas del museo, hay otros elementos a los que merece prestar atención. La colección posee interesante elementos expuestos más allá de los cuerpos. Una experiencia que en gran medida se centra en la muerte y los ritos que se asociaban a ella en las épocas en que la iglesia era también cementerio. De esta forma, paneles explicativos ayudan a contextualizar una realidad que cambió solo hace un par de siglos. La capilla de Santa Ana, principal complemento lateral a la planta central, acumula el mayor número de vitrinas como cuerpos. Otros contenedores acogen ajuares y restos funerarios.

Restos arqueológicos del Museo de Momias de Quinto

Restos arqueológicos. | Cortesía del Museo de Momias de Quinto

Otras vitrinas conservan restos que repasan las diferentes épocas de El Piquete. Antes de albergar una iglesia, del siglo XV, se cree que dio sustento a una fortaleza árabe. Todavía más atrás en el tiempo romanos e íberos dejaron restos en el lugar. En su mayoría se trata de cerámicas. Por otro lado, un trozo del suelo de la nave principal se ha dejado acristalado. Gracias a ello se pueden contemplar fosas de enterramiento modernas y depósitos musulmanes de época medieval. El espacio visitable lo complementa una exposición de pintura de la artista Emma Cano. Llamada Luz en Hipocatria, refleja imágenes hospitalarias. Cabe señalar que la visita es guiada y requiere de reserva.

Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora

Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora. | Cortesía del Museo de Momias de Quinto

Por último queda la propia iglesia de la Asunción de Nuestra Señora. En alto, domina la localidad. Como se ha comentado, el edificio data de principios del siglo XV, cuando se completo la fábrica mudéjar. No obstante, muestra más estilos fruto de sucesivas reformas. Su torre era su elemento más señero, aunque como el resto del edificio sufrió duramente en la Guerra Civil. En el mismo Quinto de Ebro destacan los portales de origen medieval que jalonan el pueblo. Tiene asimismo una ubicación perfecta para ir al este u oeste por la A-2. Hacia el primero quedan Zaragoza, el entorno de Belchite o Calatayud, mientras que hacia el segundo se extienden los Monegros. Alcañiz, Híjar o Huesca son otras alternativas perfectas para completar el día.