El Túnel de Bonaparte, el pasaje bajo el centro del Madrid que mantenía a salvo al rey francés

José Bonaparte tuvo uno de los reinados más complicados que se puedan imaginar. A pesar de contar con seguidores, los afrancesados, la mayor parte del pueblo le odiaba. Unas asperezas reflejadas en cómo le llamaban sus súbditos: Pepe Botella o Pepe Plazuelas. Fueron cinco años y medio que acabaron en una huida, famosa por su equipaje expoliado, cortada por el inglés Wellington en Vitoria. Pero años antes de aquello, se las tuvo que idear para poder deambular entre el Palacio Real y su residencia en la Casa de Campo sin que le apalearan. Así surgió el Túnel de Bonaparte, uno de los espacios más curiosos de Madrid.

Entrada en Madrid-Río al Túnel Bonaparte

Entrada en Madrid-Río al Túnel Bonaparte. | Ayuntamiento de Madrid

La obsesión por la seguridad de José I

En 1810 José Bonaparte estaba asentado en Madrid. Llegó en 1808, pero la derrota napoleónica en Bailén llevó a que tardara en asentarse en la capital. Cuando lo consiguió, tras un tour obligado que incluyó por ejemplo quedarse en Burgos, no encontró más hostilidad. Las crónicas hablan de cierta paranoia, aunque la realidad es que su posición dependía casi exclusivamente del aura de su hermano menor: Napoleón Bonaparte. Si este caía, sabía que estaba perdido.

A esto se sumaba la relativa inseguridad que suponía trasladarse en un ambiente en el que la mayoría no le aguantaba. El Palacio Real era excelente como residencia, pero ante una insurrección de calado poco tenía que hacer. Necesitaba un salvoconducto a su residencia oficial, el palacio de los Vargas. Ahí resurgió la idea de crear un túnel que fuera del Campo del Moro a la Casa de Campo. Siglos atrás, Felipe II ya quiso algo parecido. Entonces hizo del primero una zona de recreo, mientras que el segundo destaca por su uso cinegético.



El proyecto fue acogido de buena gana por el francés y se asignaron las obras a un insigne arquitecto: Juan Villanueva. Maestro del estilo neoclásico, centró su actividad en Madrid siendo el artífice del jardín botánico. Planteó una gruta sencilla de la que quedan algo más de 50 metros. Sin demasiados alardes pero efectiva, como la escuela que dominó, dejaba al rey al lado del Manzanares partiendo del ala oeste del Palacio Real. Un puente completaba el corto paseo. El mayor reto consistía en el desnivel entre la campa y el conjunto palaciego. Por desgracia, el creador de la infraestructura no puedo ver terminado el pasaje, ya que murió en agosto de 1811.

Campo del Moro y Palacio Real de Madrid

Campo del Moro y Palacio Real de Madrid. | Shutterstock

De túnel real a paso de aprovisionamiento bélico

Tras el servicio prestado a José I, el túnel pasó a servir al nuevo monarca, el infame Fernando VII. El puente del Rey sustituyó el paso anterior y el recorrido entre zonas reales se terminó de consolidar. El proyecto de hacer unos jardines en el Campo del Moro cuajaron con Isabel II y María Cristina de Habsburgo, aunque sufrirían más modificaciones después. Asociados al Palacio Real llegaron a ser un ecléctico espacio de referencia en las zonas verdes capitalinas.

Túnel de Bonaparte en el Campo del Moro

Túnel de Bonaparte en el Campo del Moro. | Shutterstock

Este desarrollo local llevó a que se cambiara el aspecto del Túnel de Bonaparte. Enrique Repullés Segarra y Ramón Oliva, arquitecto y jardinero respectivamente, transformaron la gruta en la década final del XIX. Se buscó un aspecto relacionado con la naturaleza, acorde a la nueva semblanza del lugar. De este modo pasaron las décadas hasta el advenimiento de la 2ª República. Al abrirse al pueblo la Casa de Campo también lo hizo el pasaje de José I.

La Guerra Civil supondría un nuevo vuelco en la historia de este peculiar túnel. Durante los severos conflictos que sufrió la capital pasó a usarse como eje de transporte. El impacto del conflicto fue grave en el Campo del Moro. El lugar donde se cuenta que en la Edad Media apostó sus ejércitos Alí Ben Yusuf, segundo emir almorávide, quedó destrozado. A pesar de las reconstrucciones de los años 60, la vía de escape de Bonaparte estaba condenada a ser olvidada.

El retorno del Túnel de Bonaparte

Fueron las obras de la M-30, calificadas por expertos como un auténtico galimatías, las que cerraron la parte más exterior del Túnel de Bonaparte. La carretera pasaba por el lugar y obligó a cegar la gruta decimonónica. Con ello parecía quedar en el ostracismo patrimonial, pero tuvo relativa suerte. Al soterrarse la arteria comunicativa a principios del siglo XXI se tuvo en cuenta la pequeña infraestructura de Juan Villanueva.

Placa conmemorativa con la situación del Túnel Bonaparte

Placa conmemorativa con la situación del Túnel Bonaparte. | Ayuntamiento de Madrid

Las obras de 2011 culminaron con una notable modificación del extremo más occidental. Bajo Madrid-Río se ejecutó una gran sala y una salida al exterior. El túnel cumplía 200 años volviendo a la vida pública. Una placa señala en la actualidad este acceso, que sin embargo sigue cerrado. Han sido varias las propuestas para sacarle un uso. No obstante, han ido pasando gobiernos locales y ninguno logró cristalizar. Especialmente cerca de realizarse estuvo la idea de Manuela Carmena de crear un espacio cinematográfico y museístico. De momento, a la gruta que permitió moverse a José I le toca esperar.