Montjuic, como toda Barcelona, vivió una transformación total en la tercera década del siglo XX. La Exposición Internacional de 1929 supuso que se elevaran edificios que acabaron siendo una referencia de la Ciudad Condal. Entre ellos están el Palau Nacional, la Fuente Mágica o un extraño teatro al aire libre. Siguiendo las formas helenas, el Teatre Grec emula a la perfección uno de los espacios más característicos de la antigua Grecia. Hoy es un escenario de referencia, con un festival de renombre y rodeado de bonitos jardines.

Jardín del Teatre Grec

Jardín del Teatre Grec. | Shutterstock

Un teatro griego para la Exposición Internacional de 1929

Las expansiones decimonónicas y el modernismo ya habían cambiado en buena medida la apariencia de Barcelona. El lavado de cara de la ciudad medieval y moderna era total, pero todavía quedaban pasos que dar. Por ello, se planteó la posibilidad de crear otro evento parecido al de la Expo Universal de 1888. Poco a poco, desde 1905, se consolidó un proyecto plagado de trabas. Primero fue la Primera Guerra Mundial la que la retrasó y luego la dictadura de Primo de Rivera.

Finalmente la celebración tuvo lugar en 1929, el mismo año que la Exposición Iberoamericana de Sevilla. Este amplio espacio temporal permitió que el entorno elegido para el recinto, Montjuic, cambiara totalmente. Aunque en un principio la idea era que la exhibición tratara sobre energía eléctrica, el retraso llevó que tuviera un enfoque más cultural. Un encaje perfecto para erigir un teatro griego contemporáneo.



Su origen está asociado a los jardines que lo acompañan. Ejecutados por el arquitecto galo Jean-Claude Nicolas Forestier, en un inicio se llamaron Rosaleda de Amargós. También colaboró en su construcción Nicolau Maria Rubió i Tudurí, que junto a Ramon Reventós trazaría el Teatre Grec. Se cuenta que un comentario de su colega francés, sobre lo bien que cuadraría un teatro griego en el lugar donde se emplazó, dio la idea de realizarlo.

El Teatro Grec está inspirado en Epidauro

El Teatre Grec está inspirado en Epidauro. | Shutterstock

La referencia principal del Teatre Grec es su homólogo griego de Epidauro. El enclave que lo acoge es una antigua cantera, que generó una pared perfecta para el fondo de la escena. Al tiempo, el desnivel existente enfrente fue ideal para los graderíos. Una escena y orquesta clásicas sirven para completar el espacio.

El Festival Grec, nueva vida para el espacio

Las características del Teatre Grec hicieron que se siguiera la lógica y se convirtiera en un escenario de obras clásicas. Entre ellas se encontraban representaciones en catalán. Asimismo, era también un espacio excelente para conciertos y representaciones al aire libre. No en vano, cuenta con casi 2.000 plazas. Por desgracia, la Guerra Civil trajo un prolongado hiato al uso del teatro.

Hasta 1952 no volvió a haber actividad artística en el escenario. Sin embargo, a partir de entonces esta prosperó a tirones. Como ocurre en la mayoría de este tipo de teatros, el verano fue la época en que más proliferaron los espectáculos. Los 70 fueron un momento crítico para el Teatre Grec. De estar medio desahuciado y cambiar de manos pasó a ser la sede principal del Festival Grec.

Orchestra y parte de la escena del Teatre Grec

Orchestra y parte de la escena del Teatre Grec. | Shutterstock

Dicha iniciativa germinó en 1976, de la mano de la Asamblea de Actores y Directores. Esta organización pretendía remozar el panorama escénico de Barcelona, adaptándose a los cambiantes tiempos que corrían. Así, lo que iba a ser una temporada teatral de verano pasó a convertirse en un festival que solo se ha visto interrumpido desde entonces en 1978. Julio y agosto son los meses durante los cuales se desarrolla.

Una de sus señas de identidad es el eclecticismo que muestra. Combina obras clásicas de corte tradicional con otras más experimentales. Danza y música, que ha dejado actuaciones de artistas como Bob Dylan o Chuck Berry, son otras de las patas clave del Festival Grec. Además de en el teatro que le da nombre, su expansión supuso que otros espacios condales se unieran a la ocasión, como L’Auditori.

Los juegos geométricos dominan el jardín del Teatro Grec

Los juegos geométricos dominan el jardín del Teatre Grec. | Shutterstock

Los bellos jardines del Teatre Grec

Como se ha comentado ya, la antigua Rosaleda de Amargós fue la intervención original del entorno del Teatre Grec. Se trata del segundo espacio público de su tipo con el que contó la ciudad. Forestier y Rubió i Tudurí concibieron un espacio de inspiración mediterránea. Esto se reflejó tanto en la vegetación como en el corte clásico del diseño. De esta forma, el teatro se integra a la perfección en el conjunto ajardinado que le da acceso. Como curiosidad, el nombre de la rosaleda de Forestier y Rubió i Tudurí homenajea al pionero de la urbanización de Montjuic, Josep Amargós.

El jardín del Teatre Grec era llamado antes Rosaleda de Amargós

El jardín del Teatre Grec era llamado antes Rosaleda de Amargós. | Shutterstock

Al bonito espacio de entrada, con una vistosa escalinata, le siguen diversas terrazas. Junto a los miradores, componen un recorrido con un notable factor vertical dominado por elaboraciones geométricas. Además del teatro griego, brilla también al final del jardín un pabellón que fue usado como espacio musical en la Expo Internacional de 1929. Durante el año 2009 el espacio quedó remozado, siguiendo las líneas marcadas por el proyecto original. La encargada de ello fue la arquitecto italiana Patrizia Falcone.