Uno de los arquitectos más reconocidos de España es sin duda alguna, Gaudí. Personas de todo el mundo disfrutan con las obras del que fue el principal exponente del modernismo. Una atracción por su figura que ya se vio en algunos de sus discípulos o en multitud de arquitectos. Estos, empeñados en seguir un estilo muy similar al particular modernismo del catalán, han creado construcciones que a simple vista podrían pasar por las del mismo. Asimismo, también hay construcciones que reflejan la impronta de los maestro del genio de Reus/Riudoms, tan asociado a Güell. De todos ellos, destacan siete ejemplos que cautivan a simple vista por sus colores, sus formas o su gran similitud con edificios como la Casa Batlló.

Capricho de Cotrina, una vivienda de cuento en Badajoz

Capricho de Cotrina. | Shutterstock

Cuando la hija de Francisco González pidió a su padre vivir en un castillo de princesa, este tuvo la brillante idea de inspirarse en el estilo modernista de Gaudí. De esta manera, decidió convertir su casa de campo en una construcción digna de las calles de Barcelona. Sin embargo, la impresionante obra se encuentra a unos 1.000 kilómetros de la Ciudad Condal, en la localidad pacense de Los Santos de Maimona, en Extremadura.

Así, desde 1988 los curiosos que pasan por la zona se encuentran con la peculiar obra de González. Destaca todos los detalles del modernismo catalán: las curvas, las decoraciones naturalistas y el estilo neogótico. Sin embargo, su característica más llamativa son los coloridos mosaicos, hechos con grandes trozos de cerámica que contrastan con la piedra caliza.

Tras la muerte del artista en 2016, sus hijos, incluida la chica de la idea principesca, decidieron seguir con la construcción de la obra. A día de hoy sigue incompleta, al igual que la Sagrada Familia. Pero para alegría de los visitantes, la pasión y creatividad puesta en la obra es mucho más grande que el edificio. De forma que las palmeras de cristal y las olas de piedra siguen brillando en este pequeño pueblo de Extremadura. Su sobrenombre viene de su similitud con el Capricho de Gaudí en la cántabra población de Comillas.

Santuari de la Mare de Deu de Montserrat en Tarragona

Monasteri de la Mare de Deu de Montserrat. | Shutterstock

La población de Montferri, en Tarragona, tenía cada año la exigente pero devota tarea de peregrinar hasta el monasterio de Montserrat. Con ello mostraban su devoción a la virgen tras el periodo de vendimia. Una tradición que propició la idea del sacerdote Daniel Vives de usar unos terrenos familiares para la construcción de un templo. Así, no haría falta ir tan lejos para adorar a la Moreneta. De esta forma surgió el Santuario de la Virgen de Monserrat.

Fue gracias a su primo-hermano Josep Maria Jujol que el proyecto arrancó. Pero el arquitecto no era un cualquiera, pues lo precedía su estrecha relación con Antoni Gaudí. Con él colaboró en las conocidas Casa Mila y Casa Batllo. Como de costumbre, la iglesia tardó mucho en finalizar su construcción. La Guerra Civil detuvo los trabajos que realizaban los propios vecinos de la zona y la llegada de donaciones, principal fuente de dinero para llevar a cabo la empresa.

Finalmente, en 1999 pudo ser inaugurada. A pesar de los altibajos sufridos, el santuario es una obra impresionante que ha sido en diversas ocasiones comparada con la Sagrada Familia. Los que más destaca son los pilares y cúpulas hechos para asemejar el macizo de Montserrat, que recuerdan al monasterio que inspiró este bello templo.

Palacio de Longoria, mil usos en Madrid

Palacio de Longoria, en Madrid. | Shutterstock

En la esquina madrileña de Pelayo con Fernando VI, se enclava uno de los pocos edificios de estilo modernista de la capital: El palacio de Longoria. Esta elegante edificación comenzó a construirse en 1902 como residencia personal para el financiero Javier González Longoria, de donde viene el nombre. El arquitecto encargado de la construcción fue el barcelonés José Grases Riera, inspirado por las técnicas modernistas de su ciudad, al igual que otros artistas de aquella época como Dalí.

La edificación pasó de manos durante el siglo XX dos veces. La primera fue en 1912, cuando la Compañía Dental Española lo adquirió como hogar de su presidente. Posteriormente, pasó a ser propiedad de la Sociedad General de Autores de España (SGAE) al comprarlo en la década de los 50. En 1996, el nonagenario palacio fue incluido en la lista de Bienes de Interés Cultural, por lo que si en cualquier momento la  SGAE quisiera reformarlo, tendría que pedir permisos especiales

Los detalles más llamativos de la vivienda de Longoria sobrevivieron a las múltiples remodelaciones. Entre estos, la gigantesca cúpula de vidrio que resguarda la antesala, su escalera imperial o los elaborados motivos casi vegetales de los balcones que atestiguan su inspiración moderna. Todos estos rasgos hacen que la estructura sea una de las más llamativas de la capital.

Can Casasayas y Pensión Menorquina, dos gotas de agua modernistas en Palma

Can Casasayas y Pensión Menorquina.| Shutterstock

La brisa del mar Mediterráneo toca estos edificios hermanos. Can Casasayas y Pensión Menorquina se encuentran frente a la calle de Can Santacília, en la isla de La Palma, Baleares. Lo más llamativo es que parecen el mismo edificio, tan solo dividido por una vía.

Este vistoso diseño de líneas curvas e intricados balcones, semejantes a conchas del mar, fueron obra de los mallorquines Francesc Roca y Guillem Reynés. Ambos tomaron inspiración del Art Nouveau y el modernismo que predominaba en la arquitectura europea de la época. La obra se realizó por petición de un pastelero de la zona llamado Josep Casasayas, gracias al cual recibe el nombre uno de los gemelos.

Así como el Palacio de Longoria, la Cas Casasayas fue nombrada Bien de Interés Cultural. Frente a ellas se encuentra la plaza del Mercado de Palma, llena de comercios, bares. A pocos metros de allí se encuentra el local Can Frasquet, que hoy sigue llevando el mismo nombre de cuando Josep trabajaba allí. De esta manera, casi como mellizos conviven estos dos edificios, muy al estilo de Gaudí, pero que nada tuvieron que ver con él.

Palau de la Música Catalana, un templo al arte en Barcelona

Palau de la Musica Catalana. | Shutterstock

Con un llamativo color terracota y las expresiones indescifrables de las estatuas que conforman una de sus esquinas, se yergue el Palau de la Música Catalana. Queda localizado en el casco antiguo de la ciudad de Barcelona. Hecho a petición de la sociedad coral del Orfeón Catalán entre 1905 y 1908, es una referencia del modernismo catalán. Un estilo que definió las grandes obras de Gaudí y del arquitecto de este recinto artístico que recibe cada año más de medio millón de visitantes.

El hombre en cuestión es Lluís Domènech i Montaner. Este afamado profesor, arquitecto y político catalán fue pieza clave en la expansión del modernismo. Durante un tiempo fue maestro de Gaudí. De hecho, el Palau se encuentra relativamente cerca de obras de su pupilo como la Casa Batlló.

La excentricidad de los detalles interiores y exteriores de la edificación fueron el resultado de la rienda suelta que dio el arquitecto a los artesanos que le ayudaron a construirlo. Algo realmente particular son las columnas que dan a la calle. Bellamente decoradas, también sirven como taquillas de entradas del recinto. En su interior se aprecia una decoración mucho más abarrotada de mosaicos y esculturas. Hitos incluso pomposos que le valieron varios premios en su momento y que en 1997 le permitieron pasar a ser Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.



La cotorra del Mercado Central de Valencia

Mercado Central de Valencia. | Shutterstock

El Mercado Central de Valencia es otra de las obras que bebe de la esencia modernista de Gaudí. Tan solo hay que fijarse en sus columnas, cúpulas y mosaicos. Una similitud que no resulta del todo extraña, ya que los arquitectos encargados de este proyecto fueron discípulos directos del catalán: Alejandro Soler March y Francisco Guardia Vial.

Si uno se fija bien, en la cima del todo se encuentra el elemento más interesante de todo el complejo: una veleta en forma de cotorra y que da nombre al Mercado. Se trata de una «cotorra», una persona a la que le gusta rumorear y hablar de todo con todos. Esta figura contrasta con el águila que posa sobre la iglesia de los Santos Juanes, al frente del mercado.

El mercado valenciano fue uno de los más grandes de Europa, comenzado a construir en 1910 para sustituir al antiguo mercado al aire libre desde 1839. El proyectó culminó en 1928, con un espacio dividido entre pescadería, huerta y otros productos varios. Su imponente armazón de techos inclinados resguarda no solo la alimentación sino la historia de la ciudad.