De Madrid al suelo: las calles más curiosas de Madrid

Todo lugar cuenta con curiosidades, secretos e historias anecdóticas que lo hacen especial y único. En Madrid encontramos más de 9.000 calles muchas de ellas con historias que ninguna otra ciudad puede contar. En este post te desvelamos las calles más curiosas de Madrid y las historias que se esconden tras ellas. Todas comparten un anecdótico origen que les da su nombre y que merecen ser recordados.

Calle de la Pasa

Esta calle, al igual que otras de la zona, recibe ese nombre por la costumbre que tenían desde el Palacio Episcopal de dar alimentos a los mendigos que se acercaban. En esta calle concretamente, como no podía ser de otra manera, se repartían pasas. Al no estar en vigor el matrimonio civil en la España de las Austrias, solo la unión eclesiástica tenía validez. Debido a este hecho, todo aquel que quisiera casarse debía pasar por la calle de la Pasa donde tenía su sede el arzobispado. De ahí el antiguo dicho popular madrileño “El que no pasa por la calle de la Pasa no se casa”. Una calle, sin lugar a dudas, esencial para los enamorados de Madrid.

Fuente de fotografía: Allianz Assistance

Calle de Rompelanzas

La podemos encontrar a pocos metros de la Puerta del Sol comunicando la Calle Preciados con la del Carmen. Es la calle más corta de Madrid con apenas diez metros y servía siglos atrás como atajo para caballerías. Su nombre hace honor a la facilidad con la que se rompían los ejes de los carruajes del siglo XVI que pasaban por ahí debido los baches y estrechez. A los ejes se les llama lanzas, por eso la calle recibe ese nombre. Los hechos que dieron paso a la acepción popular de esta nomenclatura fueron las roturas de los ejes del corregidor y del del presidente del Consejo de Indias.

Fuente de fotografía: Secretos de Madrid

Calle del Pez

En pleno corazón de Malasaña encontramos esta curiosa vía que hasta el siglo XVII se llamaba Fuente del Cura. Esta calle encierra la historia de Don Juan Coronel y su hija Blanca. La calle fue adquirida por Don Juan con el objetivo de edificar allí su vivienda. Las peces del estanque que había en la vía fueron desapareciendo hasta que Blanca rescató al último. Murió tras varios días y la hija de don Juan, deprimida por el suceso ingresó en un convento. Como recuerdo, se labró en la fachada de su vivienda un pez, del que tomaría nombre toda la calle. Sin duda, una de las calles más curiosas de Madrid.

Fuente de fotografía: Madrid mon Amour

Calle del Desengaño

Detrás de Gran Vía encontramos la calle del Desengaño, una de las calles más antiguas y curiosas de Madrid. Su nombre está vinculado a la lucha entre dos caballeros por una dama, una leyenda madrileña con múltiples variantes. En ella se dice que durante el combate entre los caballeros, un figura misteriosa se abrió paso entre ambos. Los combatientes decidieron seguirla olvidando su duelo. Un fuerte desengaño se llevaron al comprobar que en lugar de una bella dama, la sombra no era más que una momia que bautizaría para los restos a la calle del Desengaño. Esta vía se popularizó por su presencia en la serie Aquí no hay quien viva.

Fuente de fotografía: Placas de Madrid

Calle de la Salud

Entre la Gran Vía y la calle del Carmen se encuentra la calle de la Salud, una de las calles más curiosas de Madrid. Para comprender el porqué de ese nombre hemos de remontarnos al siglo XV. Durante el reinado de los Reyes Católicos una fuerte epidemia de peste negra llegó a la ciudad. Mientras que la mayoría de la población enfermaba, la gente que vivía en esa calle se consiguió librar de ella. Sobrevivieron gracias a su propia cosecha y ganado y a las primeras fuentes de agua potable de la ciudad.

Fuente de la fotografía: Pinterest

Calle de la Abada

Cuenta la leyenda madrileña, que en el siglo XVI unos feriantes portugueses llegaron a Madrid trayendo consigo un rinoceronte. Tras el espectáculo, dejaron al animal dentro de un cercado que ahora da lugar a esta calle para descansar. Un vecino que trabajaba en un horno de pan decidió darle un pedazo recién hecho que abrasó al animal. Esto provocó el enfado del rinoceronte que tras matarlo escapó dejando otros fallecidos. Por este motivo, la calle recibió el nombre de abado, la palabra portuguesa para denominar al rinoceronte hembra. Quevedo escribió historia con relación a este suceso.

Fuente de fotografía: Ediciones La Librería

Texto por Sara Marquiegui

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