Al norte de España, la región cántabra ofrece una casi inabarcable variedad de escenarios. Bien conectada por la A-8, la comunidad autónoma limita al oeste con el País Vasco, al sur con Castilla y León, al oeste con el principado de Asturias y al norte con el mar Cantábrico. Rica en yacimientos arqueológicos, con una excelente gastronomía y paisajes de vértigo ofrece al visitante multitud de opciones. Si se dispone de un tiempo limitado aquí van algunas propuestas sobre que ver en Cantabria en tres días.

Día 1 – De Castro Urdiales a Suances

Panorámica de la costa en Punta Ballota

Panorámica de la costa en Punta Ballota. | Shutterstock

La propuesta del primer día se centra en una ruta al borde del mar, coincidiendo en buena medida con el Camino de Santiago del Norte. La cornisa Cantábrica ofrece valles bajos y una barrera de montañas abruptas paralelas al océano. Así se configuran acantilados espectaculares, desembocaduras de ríos y bellas playas. Con 211 km de litoral y un total de 73 playas, Cantabria tiene elementos de sobra para sorprender.

Castro Urdiales

Vista del puerto de Castro Urdiales

Vista del puerto de Castro Urdiales. | Shutterstock

Castro Urdiales es un pueblo de claro origen marinero, un conocido destino de sol y playa. El paseo por sus calles y su puerto evoca su pasado pesquero y medieval. Desde el rompeolas se puede disfrutar de una magnífica vista de la iglesia gótica de Santa María de la Asunción, la Casa de los Chelines y el castillo de Santa Ana. Esta fortaleza de la Edad Media se une por un puente a la ermita de Santa Ana.

Cada domingo desde hace más de 800 años, los fieles de Castro y los peregrinos del Camino de Santiago suben los escalones de la iglesia y entran en su interior. Sus ventanales policromados, los pináculos y arbotantes son claro ejemplo de su estilo gótico francés. Imperdible también es su Puebla Vieja, donde entre callejuelas se puede disfrutar de sus especialidades gastronómicas.

Laredo

Panorámica de Laredo

Panorámica de Laredo. | Shutterstock

En su época Laredo, como puerto real, fue testigo de una recordada partida. Juana de Castilla, hija de los reyes católicos, marchaba a Flandes para contraer matrimonio con Felipe de Borgoña. Un buen punto para iniciar la visita es la Puebla Vieja y el Arrabal, donde se conservan restos de la muralla medieval y la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. En ella destaca el retablo de la Virgen de Belén, gran ejemplo de arte flamenco en Cantabria.

Asimismo, en la Puebla Vieja se encuentran edificaciones de carácter popular junto con otras mucho más nobles. El palacio de Zarautz, la casa de la Familia Pelegrín, el convento de San Francisco o la casa de los Alvarado son buena prueba de ello. Como en todos los rincones de Cantabria que aparecen en este artículo, cabe resaltar su notable gastronomía

Santoña

Panorámica de la playa de Berria en Santoña

Panorámica de la playa de Berria en Santoña. | Shutterstock

Justo al lado de las llanuras que forman la Reserva Natural de las Marismas de Santoña y Noja se encuentra la villa marinera de Santoña. Los mencionados humedales están entre los más extensos del norte de la península y son el refugio de miles de aves. El lugar tuvo un importante papel como defensa costera. El fuerte de San Martín, el de San Carlos y el del Mazo son buenos ejemplos de ello.  La ruta propuesta parte del fuerte de San Martín, recorre el paseo marítimo y termina en la Iglesia de Santa María del Puerto, otro de los atractivos de la población.

Una vez más la gastronomía de la zona merece una mención especial, ya que se trata de la capital de la anchoa. Junto a Santoña se encuentra el faro del Caballo, donde es posible divisar unas maravillosas aguas turquesas. Este pequeño faro se encuentra en el borde los acantilados y al final de una ruta senderista cuyo colofón son sus 700 escaleras de acceso. Es posible realizar una excursión hasta el faro por mar.

Santander

Vistas desde el faro de Bellavista

Vistas desde el faro de Bellavista o Cabo Mayor. | Shutterstock

Santander, al margen de ser la capital de Cantabria, tiene un especial encanto debido en buena parte a su bahía. La ciudad tiene dos zonas muy diferenciadas: el centro histórico y las playas. Pasear por el Sardinero, zona residencial, hasta la península de la Magdalena permite volver por los jardines de Piquío y tomar un helado Regma. Cabe destacar que a finales del siglo XIX la playa del Sardinero era una de las favoritas de la familia real.

De vuelta al centro, siempre existen muchas y variadas opciones para comer bien. Al tiempo, la catedral de Santander es de visita obligada, así como los jardines de Pereda rodeados por las calles más históricas de la ciudad. Santander es una ciudad relativamente nueva ya que un incendio en 1941 destruyó su casco antiguo. Desde el faro de Cabo Mayor se disfruta de uno de los mejores atardeceres de la ciudad, solo al alcance de los que se ven en la senda de Mataleñas.

Suances

Vista aérea de la playa y el pueblo de Suances

Vista aérea de la playa y el pueblo de Suances. | Shutterstock

Hablando de atardeceres, Suances posee uno de los mejores de la costa cantábrica. Sus playas, su actividad pesquera y su indudable atractivo turístico son sus rasgos más característicos. El pueblo en sí conserva su herencia de marinera con el barrio de La Cuba y la ría de San Martín. Mientras tanto, en la parte costera es donde se concentra la actividad más turística. Cabe destacar la playa de la Concha, con su enorme arenal. Por su parte, la de Los Locos es uno de los varios enclaves surfistas de la zona.

Día 2, de Liérganes a San Vicente de la Barquera

Capilla-panteón y palacio de Sobrellano

Capilla-panteón y palacio de Sobrellano. | Shutterstock

La segunda jornada propone una ruta de nuevo cercana a la costa, antes de enfilar hacia los Picos de Europa. Esta parte de la costa de Cantabria, y sus pueblos, cuenta con una larga tradición marinera, amén de una interesante faceta histórica. También posee uno de los paisajes naturales más destacados de toda la península ibérica. En este caso se podrá observar no solo el papel costero, turístico y defensivo de sus poblaciones, sino otros matices que conforman el alma cántabra. Por ejemplo, las peregrinaciones o su tensión entre mar y monte.

Liérganes y Cabárceno

Oso Pardo en Cabárceno

Oso Pardo en Cabárceno. | Shutterstock

Esta maratoniana jornada arranca en Liérganes. La leyenda del hombre-pez cuenta la historia de Francisco de la Vega que en 1674 desapareció mientras se bañaba en el rio Miera. Años más tarde apareció en las costas de Cadiz, en las redes de unos pescadores. Tenía escamas y forma de pescado. Respecto al pueblo en sí, se considera uno de los más bonitos de España. Se encuentra al pie de dos montañas: Mariñón y Cotillamón, más conocidas como “Las Tetas de Liérganes”. Calles empedradas con balcones repletos de flores permiten comprar productos locales. Asimismo, el parque de Cabárceno es visita obligada si se viaja con niños.

Torrelavega

Torrelavega

Torrelavega. | Shutterstock

Se considera la segunda ciudad en importancia de Cantabria por detrás de Santander. Aunque se trata de un importante centro industrial y comercial, Torrelavega no tiene nada que envidiar a sus compañeras en lo tocante a atractivos. En función de lo que se quiera ver hay diferentes itinerarios, en algunos casos ofrecidos de forma gratuita por el ayuntamiento. En solo un par de horas es posible visitar, por ejemplo, la plaza Baldomero Iglesias, la iglesia de la Virgen Grande, la Casa de los Escudos y la iglesia de la Asunción. Pero si además se quiere disfrutar de la naturaleza, el parque Manuel Barquín, el parque de la Viesca y el Pico Dobra saciarán esas ansias.

Santillana del Mar – Cueva de Altamira

 

Cueva de Altamira

Cueva de Altamira. | Shutterstock

Santillana del Mar es una de las localidades con un mayor valor histórico y artístico de España. El casco antiguo puramente medieval se organiza en torno a dos calles principales, la de Carrera y la de Juan Infante. Cabe destacar la colegiata de Santa Juliana, el antiguo lavadero de piedra, la plaza mayor y las torres de Merino y don Borja. Las alternativas para comer en la localidad son también notorias, con quesadas, sidra y sobaos a la cabeza.

Mención especial de la localidad es la archiconocida cueva de Altamira, la capilla sixtina del arte rupestre europeo. Es todo un referente mundial del arte Paleolítico Superior. Desde 2001 es posible visitar una réplica de la cueva y evitar así el deterioro de la original.

Comillas

El Capricho de Gaudí

El Capricho de Gaudí. | Shutterstock

Comillas es un espléndido conjunto monumental que destaca en medio de un entorno natural y paisajístico. Se trata de uno de los pocos enclaves modernistas situados fuera de Cataluña donde es posible contemplar obras de Gaudí, Llimona y Martorell. Se la conoce con el sobrenombre de “Villa de los arzobispos”. Entre las muestras de arquitectura modernista del siglo XIX sobresalen el Capricho de Gaudí, la Universidad Pontificia, el palacio de Sobrellano o el cementerio gótico. Este entorno tan cultural no es impedimento para disfrutar, al igual que en el resto de Cantabria, de una de las mejores cocinas de la región.

San Vicente de la Barquera

San Vicente de la Barquera

San Vicente de la Barquera. | Shutterstock

Al lado de Asturias se encuentra una bonita villa marinera con un centro histórico con mucho encanto. San Vicente de la Barquera se encuentra además en pleno Parque Natural de Oyambre. La iglesia de Santa María de los Ángeles, el castillo y los Picos de Europa al fondo conjugan un marco notable. Mientras tanto, las ruinas del convento e iglesia de San Luis y la ermita de la Virgen de la Barquera son otros de los elementos a destacar. El olor del marisco fresco da testimonio de lo que puede ofrecer a nivel gastronómico. Villa marinera y pescadora, cuenta con playas de gran calidad que destacan especialmente en la época veraniega.

Día 3 – Picos de Europa

Como última jornada se propone llegar hasta los Picos de Europa. Este macizo montañoso es compartido entre Cantabria, León y el Principado de Asturias. Con alturas de hasta 2.500 metros y grandes miradores, son visita obligada para quien guste del turismo activo.

Potes – Mirador de Santa Catalina, el balcón de La Hermida

Potes

Potes. | Shutterstock

El mirador de Santa Catalina, el balcón de La Hermida, es uno de los más espectaculares de Cantabria. Por tanto, es una visita obligada en la zona. Potes es al tiempo una meca del turismo activo de Cantabria. Su centro histórico invita a dar largos paseos por sus suelos empedrados. Se encuentra totalmente rodeado de montañas y es el punto de salida ideal para la realización de actividades de senderismo, escalada, bici de montaña o esquí de travesía. En cuanto al tema gastronómico no se puede dejar pasar la oportunidad de probar el cocido lebaniego o la caza de la zona.

Monasterio de Santo Toribio de Liébana

Santo Toribio de Liébana

Santo Toribio de Liébana. | Shutterstock

Este monasterio franciscano de finales del siglo XIII alberga obras de Beato de Liébana y uno de los mayores trozos de Lignum Crucis que se conocen. En sus alrededores se encuentran la cueva Santa (prerrománica), las ruinas del santuario de Santa Catalina, la ermita de San Juan de la Casería y la de San Miguel. La construcción más interesante es sin duda su iglesia que ha sufrido frecuentes remodelaciones a lo largo del tiempo. Con planta rectangular y tres naves, en su parte central se alza la torre del campanario. Una capilla barroca abovedada recoge el supuesto trozo de la cruz donde murió Jesucristo.

Teleférico de Fuente Dé

Teleférico de Fuente Dé

Teleférico de Fuente Dé. | Shutterstock

Si lo que se desea es disfrutar de la belleza salvaje de los Picos de Europa, pasear y hacer rutas por el parque nacional, este es el lugar ideal. El teleférico, inaugurado en 1966, lleva a un amplio mirador. Se trata del balcón de los Picos de Europa, desde se puede observar las aves de la zona mientras se toma un refrigerio. Una opción nada desdeñable es emprender el camino de bajada a pie en lugar de volver a tomar el teleférico. Son 14 km y cuatro horas de naturaleza. Fuente Dé por su parte es un aislado pero agradable pueblo.

Argüeso

Poblado Cántabro de Argüeso hacer en Cantabria

Poblado Cántabro de Argüeso. | Shutterstock

Argüeso es una reproducción de un poblado cántabro, que muestra la vida cotidiana de la Edad del Hierro. Este parque arqueológico ofrece a sus visitantes una visión bastante certera de lo que sería el día a día de los antiguos cántabros. Se puede optar por una visita guiada de más de una hora donde se pueden visitar las cabañas, observar los métodos originales de construcción y hacer un sinfín de actividades que permiten aprender a través del juego.

Cueva El Soplao

Cueva el Soplao

Cueva el Soplao. | Shutterstock

Descubierta a principios del siglo XX, guarda en su interior un tesoro geológico en forma de estalactitas, estalagmitas y formaciones excéntricas. Es posible realizar una visita guiada que combina un recorrido en tren y otro a pie que en total suman una hora. Los más valientes pueden optar por un recorrido más largo, a pie con casco y frontal. En todos ellos también se repasa el pasado minero del lugar.