La basílica de San Isidoro, una soberbia joya románica en León y tumba de antiguos reyes

El románico es uno de los estilos más representativos del medievo. Reflejo de una nueva era, se extendió por toda Europa. Sobrio, formativo, primitivo en muchos aspectos, el Camino de Santiago ayudó a que se asentara en España. Dado que León era y sigue siendo, con su catedral a la cabeza, una de sus capitales, era lógico que allí esté una de las mejores obras románicas del continente. Se trata de la real basílica de San Isidoro. Un lugar atado al Reino de León y que sirvió como lugar de reposo eterno a sus monarcas.

Románico en España

San Isidoro de León.

Una iglesia real para un reino en auge

El desplazamiento al sur de la frontera con Al-Andalus supuso que el Reino de Asturias se expandiera. Así, en el siglo X el de León le tomó el relevo. Fueron años turbulentos repletos de intrigas, reinados cortos y luchas internas. Sea como fuere, pese a los conflictos con Córdoba o NavarraPamplona, la corona leonesa prosperó. Mientras tanto, tras la peregrinación de Alfonso II el Casto el Camino de Santiago se erigía como una de las grandes rutas de la cristiandad.



De esta forma la necesidad de erigir grandes templos en León era acuciante. También traer reliquias de importancia. Sancho I a mediados del siglo X fundó una iglesia para acoger los restos de San Pelayo, martirizado hacía poco por Abderramán III. Se situaba junto a un pequeño templo anterior dedicado a San Juan Bautista, edificado sobre un edificio romano. No en vano, cerca de la basílica se encuentra parte de la muralla romana y un museo sobre Legio.

Nave central de San Isidoro de León

Nave central de San Isidoro de León. | Shutterstock

Desde entonces no paró de evolucionar. Su carácter monástico surgió desde el primer momento. Por entonces fue una comunidad femenina asociada a la realeza la que se instaló en él. La lideraba la hermana de Sancho I, Elvira Ramírez. Los ataques de Almanzor hicieron que se fueran al norte para salvaguardar en Oviedo las reliquias de San Pelayo. Sin embargo, grandes damas de León seguirían asociadas a la futura basílica largo tiempo.

Las grandes damas solteras de León y San Isidoro

El llamado Infantado de San Pelayo fue un órgano clave en el Reino de León. Sus líderes eran las dóminas de una red de monasterios encabezados por el de San Pelayo, San Isidoro más adelante. Elvira fue la primera abadesa, durante unos años desde Palat del Rey, otro cenobio leonés, y luego desde la iglesia de Sancho I. Monarcas viudas e infantas sin marido estuvieron al frente de una institución de gran poder e influencia.

Puerta del Cordero de San Isidoro

Puerta del Cordero de San Isidoro. | Shutterstock

Durante un periodo que fue del 966 al 1148, cuando el Infantado de San Pelayo cambió de sede, las comunidades fueron variando. Llegó a haber simultáneamente dos, una masculina y otra femenina. También se reforzó el carácter real de la iglesia. Los destrozos de Almanzor, genial general árabe que da nombre a una alta montaña, supuso que hubiera que reconstruirla. Alfonso V fue el encargado. Era un edificio de materiales simples, ladrillo y barro, que servía al propósito de ejercer como pequeño santuario. Crucial fue su decisión de trasladar allí los huesos de antiguos reyes de León.

Sin embargo, fue su hija Sancha quien permitió el paso definitivo hacia la grandeza del templo. Dómina y después reina, sus acciones fueron clave para que se conformara el actual Pantéon de los reyes de León. Fernando I se casó con ella para acceder al trono, lo que consiguió. Bien persuadido por su esposa, volvió a erigir la iglesia, en piedra. Además, se aseguró de que se trajeran a ella las reliquias de San Isidoro, por entonces en Sevilla. Era el 1062. Desde Arlanza llegaron los restos de San Vicente de Ávila. Además, también había huesos que supuestamente pertenecían a San Juan Bautista. En estilo románico, pequeña y con palacio adosado, se consagró al santo sevillano.

Detalle de la fachada sur de San Isidoro de León

Detalle de la fachada sur de San Isidoro de León. | Shutterstock

Muertos ambos monarcas, se hicieron enterrar allí. No se sabe si lo que hoy puede verse es fruto de su mecenazgo o del de su hija Doña Urraca de Zamora. Lo más probable es que fuera esta última. Abadesa del Infantado de San Pelayo, organizó las obras para erigir el templo actual, expandiéndolo de una pequeña iglesia real a la enorme joya del románico pleno que es hoy. Bajo su auspicio se cree que se pintaron los frescos del panteón, la gran maravilla del lugar. Se salvaron muros de la anterior obra y un primer claustro conectó el pórtico del cementerio real con el extremo norte del crucero.

Panteón de los reyes de León en San Isidoro

Panteón de los reyes de León en San Isidoro.

Las reformas de San Isidoro

Muerta Doña Urraca se culminaron las obras. Por desgracia, la aportación del arquitecto pedro Desutamben, uno de los más afamados de aquella época, casi acaba con parte del templo. Al pasar del tejado de madera proyectado a bóvedas pétreas, la estructura quedó seriamente sobrecargada. Estos problemas no impidieron que siguiera adquiriendo fama, siendo paso obligado del Camino Francés en su trayecto a Santiago de Compostela. Es una de sus iglesias más bonitas y conocidas.

Real basílica de San Isidoro en León

Real basílica de San Isidoro en León. | Shutterstock

Su crucero es una gran muestra de este estilo. También los muchos capiteles esculpidos con diversos motivos, muchos asociados a la advocación del templo y su carácter real. Por fuera solo se ha perdido una puerta, la norte del crucero. La sur se conoce como del perdón y por ella entraban los peregrinos medievales. En la nave, también sur, se abre la del Cordero, con una compleja iconografía esculpida. Sombrío, se corresponde con todo lo que uno aprende del románico en el colegio. Mención aparte merece el pantéon, que se tratará más adelante.

Transepto de San Isidoro

Transepto de San Isidoro. | Wikimedia

El traslado de la sede del infantado al pueblo de Carbajal de la Legua y las gestiones de Alfonso VII y Fernando II supusieron que aumentara su poder al atarse directamente al papado como abadía. Sus poderosos abades fueron responsables de varias reformas. Así, en 1513 la cabecera se derribó y cambió por otra gótica. Dos décadas más tarde el conjunto palaciego pasó a ser una biblioteca, uno de los primeros hitos del renacimiento en España. También del XVI es el claustro, gótico, proceso en el que se tapiaron galerías románicas hoy al descubierto. Nuevas mejoras en el claustro le darían su aspecto definitivo el siglo posterior.

Claustro de la basílica de San Isidoro en León

Claustro de la basílica de San Isidoro en León. | Museo de la Colegiata

El Panteón de los reyes de San Isidoro de León

Como se ha comentado, lo más sobresaliente de la basílica de San Isidoro es su Panteón de los reyes de León. Con aspecto de cripta por lo bajo de sus techos, alberga los restos de 23 monarcas entre hombres y mujeres. También da reposo a infantes y condes, como el primero de Castilla. Una maravilla que fue profanada por los franceses durante la Guerra de la Independencia. Entonces, los sepulcros se usaron como abrevaderos. Vejados, la mayoría de los huesos se mezclaron o perdieron y es difícil asignarlos. Un gran daño patrimonial que se extendió a otras partes del complejo. Estos saqueos galos fueron muy habituales, al igual que los ingleses.

Panteón de los reyes de León de José María Avrial

«Panteón de los reyes de León» de José María Avrial.

Por suerte, la estructura se conserva a la perfección. Su parte central, la principal, es cuadrada y está dividida en seis espacios abovedados. Presenta la forma de pórtico, un espacio columnado adosado al final de la nave de la basílica. Los capiteles son sobresalientes y tienen temas variados. Van de motivos vegetales a bíblicos. Ahí destaca la sanación del leproso por parte de Jesús. También la reanimación de Lázaro, santo que inspiró el nombre de los espacios de cuarentena portuarios o lazaretos, como los de San Simón o La Pedrosa.

Frescos del panteón de los reyes de León, parte del ciclo de la Navidad

Frescos del Panteón de los reyes de León, parte del ciclo de la Navidad. | Museo de la Colegiata

Los frescos recubren todo el espacio de forma espectacular. Repasan tres ciclos de la vida de Cristo, algo que se cree relacionado con la liturgia medieval. Desde la parte adosada al muro sur de la iglesia estos siguen en orden hasta dar la vuelta y acabar en una puerta. Tanto bóvedas como arcos y partes altas de las paredes están ricamente decoradas. La técnica que se usó fue la de aplicar un estucado blanco sobre el que un maestro de momento sin nombre trabajó.

Frescos del panteón de los reyes de León, detalle de la Última Cena

Frescos del Panteón de los reyes de León, detalle de la Última Cena. | Shutterstock

El primer ciclo repasa la concepción y llegada al mundo de Cristo. Así, la anunciación es una bella estampa rural. Se repasan asimismo la visitación, natividad, presentación de los reyes magos, los inocentes o la huida a Egipto. Más sobrecogedor es el tramo correspondiente a la pasión. La última cena en una bóveda se complementa con una profusa en detalles crucifixión, que incluye las figuras de Sancha y Fernando I.

Pantocrátor del Panteón de los reyes de León

Pantocrátor del Panteón de los reyes de León. | Museo de la Colegiata

Finalmente queda el más vistoso, el correspondiente a la Resurrección. Inspirado en parte en el Apocalipsis, presenta a un Cristo todopoderoso en la figura de juez y de pantocrátor. Esta última es la pintura más destacada, central. Enmarcado en una almendra mística, diversos símbolos muestran su eternidad, como una alfa y omega a cada uno de sus lados. Le rodean, en cada esquina de la bóveda, los evangelistas. En uno de los arcos que delimita este espacio se muestra un curioso calendario, representando cada mes con las labores campesinas típicas del mismo.

Todo ello le coloca como un hito indispensable de la pintura mural religiosa española. Junto a San Nicolás de Bari en Valencia o la ermita de la Virgen de Ara en Extremadura conforma una terna de excepción.

El gallo veleta y otros tesoros de San Isidoro

Las riquezas que atesoró la colegiata y basílica de San Isidoro fueron enormes. Esto ha dado pie a un exquisito museo con piezas de gran relevancia, abierto mañana y tarde excepto domingos, que solo abre de forma matinal. Un gran complemento a las rutas de tapeo de la ciudad. Las urnas de las reliquias de San Pelayo o las del santo titular son dos buenos ejemplos. La biblioteca posee incunables de enorme valor, así como antiguos libros de coro con partituras de canto gregoriano.

Cáliz de Doña Urraca en San Isidoro de León

Cáliz de Doña Urraca en San Isidoro de León. | Museo de la Colegiata

Sin embargo, el cáliz de Urraca, la famosa dómina antes mencionada, es la pieza más conocida. Dos piezas romanas de en torno a la era de Jesús se unen con piezas de alta orfebrería. Saltó a la fama al considerarse que pudiera ser el Santo Grial. En el claustro, con sus múltiples capillas, hay lápidas de distintas épocas, incluidas de la época de Roma. Otro de los tesoros de San Isidoro son otras capillas, las interiores en la iglesia, así como su gran retablo principal. Pese a ello hay un elemento tan curioso como representativo de León que llama la atención sobre el resto. Se trata del gallo-veleta.

Gallo-Veleta de San Isidoro

Gallo-Veleta de San Isidoro. | Museo de la Colegiata

Esta pieza de bronce recubierta de oro estuvo desde el siglo XI en lo alto de la torre románica llamada «del gallo». Durante la Guerra de la Independencia sufrió disparos de bala, pero no afectaron en exceso al gallo ni a la esfera en que se apoya. Ya en este siglo se decidió bajar la figura y estudiarla. Las investigaciones supusieron una enorme sorpresa al descubrir que provenía del golfo pérsico y tenía inscripciones árabes. Por tanto, se cree que es del siglo VI o VII y que viajó a León desde los dominios musulmanes para terminar siendo un símbolo de la ciudad. Desde entonces se expone y se luce una réplica en la torre.