Al fondo de la ría de Vigo, en cuya apertura están las famosas Cíes, se encuentran dos pequeñas ínsulas que han marcado buena parte de la historia del lugar. La isla de San Simón, la mayor, da nombre al conjunto que completa la de San Antón. En ellas se entremezclan templarios, poetas medievales, soldados ingleses, enfermos de ultramar y presos del régimen franquista. Una combinación de belleza y muerte que ha caracterizado a este recóndito lugar de Pontevedra, parte de Redondela.

Islas de San Simón y San Antón en la ría de Vigo

Islas de San Simón y San Antón en la ría de Vigo. | Shutterstock

El lazareto que hizo prosperar a Vigo

Ya habían tenido mucha historia detrás la isla de San Simón cuando se erigió como lazareto. Estas instalaciones prosperaron a raíz de la peste negra en toda Europa, aunque recobraron protagonismo en el siglo XIX. Entonces servían para que marineros procedentes de las colonias hicieran cuarentena. Precedentes de la salud pública que intentaban evitar la presencia de tuberculosis, fiebre amarilla, cólera o viruela.

Instalaciones del lazareto, que se aprovecharían en la cárcel franquista

Instalaciones del lazareto, que se aprovecharían en la cárcel franquista. | Wikimedia

La idea del lazareto de San Simón vino de un comerciante de La Rioja. Velázquez Moreno hizo la propuesta y en 1838 comenzó a funcionar. La inauguración oficial ocurriría unos cuatro años después. Era uno de los pocos que había en España, junto al de Mahón, en Menorca. Más tarde se sumarían otros, como el de Oza en Coruña o el de La Pedrosa en Cantabria. Sin embargo, el de San Simón y San Antón fue verdaderamente visionario y conllevó que el puerto de Vigo creciera de forma espectacular.



Durante la vida del lazareto de San Simón, que abarcó hasta 1927, la población pasó de menos de 7.000 habitantes a unos 60.000. La ausencia de estancias similares fue bien aprovechada y se convirtió en el puerto atlántico peninsular de referencia. Surgieron empresas para cubrir las necesidades que generaban el centro de aislamiento y el trasiego de mercancías. Todo un éxito empresarial que preparó a Vigo para convertirse en la ciudad que es hoy. Resto de aquella época es el bucólico parque de los Buxos.

Isla de San Antón en la ría de Vigo

Isla de San Antón. | Turismo Rías Baixas

Hubo dos espacios separados, uno en cada isla. San Simón servía como cuarentena para quienes no tenían patologías, siendo más una zona de paso. Más aciaga era la estancia en San Antón. Allí iban los infecciosos, desgraciados a los que se desahuciaba. El puente que unía ambas ínsulas era de no retorno excepto para las religiosas sanitarias que los cuidaban. Lo más normal era que cualquier viajera que lo cruzaba no desandara el camino. Especialmente dramáticos fueron los casos de soldados enfermos que regresaban de la Guerra de Cuba, como ocurriría en otros sitios, por ejemplo Santander. Salían de un conflicto para encontrarse con una sentencia de muerte «en casa». No obstante, no fue este el mayor horror que vieron los islotes.

Edificio del lazareto de San Simón

Edificio del lazareto de San Simón. | Shutterstock

San Simón, una de las cárceles franquistas más temidas

Tras el cierre del lazareto de San Simón hubo unos años de paz para estas islas españolas. Sin embargo, la guerra, que ya habían conocido en el pasado, como se verá, volvió a azotarla. No en forma de incendios, sino de cárcel. Para muchos, el nombre de la ínsula principal es sinónimo de colonia penitenciaria. De 1936 a 1943 fue esta su función. Un periodo relativamente corto pero terrible.

Islas de San Simón y San Antón antes de 1936

Islas de San Simón y San Antón antes de 1936. | Europeana (Instituto del Patrimonio Cultural de España)

La fama del penal de San Simón era similar al de la isla de San Antón durante su época de cuarentena. Se entraba pero no se salía. El oscurantismo de la Guerra Civil y las posguerra hace muy difícil calcular la cantidad de ejecuciones que se llevaron a cabo. Asociaciones como la SIPCA en Aragón (Sistema de Información de Patrimonio Cultural Aragonés) y trabajos locales como Episodios de terror durante a Guerra Civil sitúan el número de presos en unos 6.000.

Hasta 1937 se llevó al lugar presos sobre todo de las cercanías. Testimonios de supervivientes narran «sacas» y fusilamientos habituales. Desde entonces hasta el final de la guerra se convirtió en una cárcel masificada en la que, según las fuentes antes mencionadas, se llegaron a concentrar 2.500 reclusos simultáneamente. Todos ellos estaban en San Simón, mientras que el cuerpo de guardia habitaba San Antón. Las penurias fueron terribles y recuerdan a las de los campos de concentración nazis.

Presos en San Simón

Presos en San Simón. | europeanmemories.net

Finalmente, tras acabar el conflicto civil el hacinamiento fue mucho menor, no así el hambre. La población bajó del millar y se compuso de personas mayores, en muchos casos enfermas. Como los desahuciados de San Antón décadas antes, su situación era casi terminal debido a las condiciones impuestas. En 1941 se documentaron 250 muertes, sobre todo por falta de alimento. Se llamó «ano da fame«. Pasó a ser un lugar maldito del franquismo, junto a otros como Belchite, en Zaragoza.

Instancias del lazareto reutilizadas en la cárcel franquista

Instancias del lazareto reutilizadas en la cárcel franquista. | Wikimedia

Tras su cierre como penal en 1948 se consagró como lugar vacacional para la guardia personal del dictador. La ironía quiso que la ría se llevase por delante a más de 40 de los guardianes de Franco. Un accidente durante su transporte a San Simón en la lancha A Monchita fue la causa. Esta volcó y la escabechina fue tremenda. Debido a ella se clausuró el complejo. Tras ello fue un hogar de huérfanos, del 55 al 63, y luego fue reformándose hasta ser el centro de memoria y turismo que es hoy.

Sangriento escenario bélico e inspiración de poetas medievales

Las escenas dantescas siempre se mezclaron con lo paradisíaco en San Simón y San Antón. Por ejemplo, inspiró a uno de los grandes trovadores gallegos del medievo, Mendinho. Su cantiga de amigo menciona la escondida isla principal, donde una dama espera el regreso de su amor augurando un final dramático. Una estatua en la ínsula homenajea a este juglar, a Martín Codax y a Johan de Cangas. Los tres compusieron lo más florido de la poesía medieval local.

Igual de sugerentes fueron sus habitantes durante décadas, los templarios. Antes de ellos se cree que hubo pequeños conventos que generaron la ermita referida por Mendinho. El Temple habitó los islotes hasta que Clemente V, manipulado por el monarca francés Felipe IV, acabó con la orden. Junto a castillos espectaculares, como el de Ponferrada y Monzón en el norte de España, también se quedaron sin las idílicas ínsulas gallegas.

Estatua a los juglares gallegos en San Simón

Estatua a los juglares gallegos. | Shutterstock

Los franciscanos llegaron al rescate de San Simón. Como es habitual en el sino del pequeño archipiélago, el final fue sangriento. Francis Drake, caballero y corsario británico, arrasó el lugar en 1589 al mando de la Invencible inglesa. Durante este episodio se cuenta que el marino asesinó a los monjes e incendió el lugar. Pese a esta victoria, la campaña supondría un desastre mayor que de la Armada Invencible a la que tan bien emularon.

Batalla de Rande

Batalla de Rande (1702). | Ludolf Bakhuizen

Para 1702 volvía a estar habitada. Su destino volvería ser oscuro. La Guerra de Sucesión estaba en un punto álgido y una flota anglo-holandesa logró cercar en la ría de Vigo a una escuadra del tesoro franco-española. Un enfrentamiento desigual que acabó en derrota para España. El oro y la plata de los galeones fue en parte extraída de los barcos. Dos de los tres se hundieron para evitar su captura, otro fue capturado pero encalló y terminó también bajo agua. Tal fue el mito que se generó en torno al oro hundido que hasta forma parte de 20.000 Leguas de Viaje Submarino, de Julio Verne. Así, Nemo recorre la ría en busca de la fortuna hundida.

Isla de San Simón desde Redondela

Isla de San Simón desde Redondela. | Shuttersttock

La visita a la isla de San Simón

Se requiere permiso previo para poder disfrutar de San Simón y San Antón. Sin embargo, son varias las compañías que ofrecen visita y transporte. En todo caso, es necesario organizarla bien. El paraje que se recorre es idílico, mezclando naturaleza terrestre y acuática por igual. Destaca el paseo dos Buxos, una galería vegetal de árboles centenarios. Un entorno puramente atlántico en el que se condensan restos de la rica historia que han vivido las ínsulas. Por ejemplo, hay legados de los dos conventos que tuvo.

Capilla de San Perdro y paseo de los Buxos

Capilla de San Perdro y paseo de los Buxos. | César Sotelo (Flickr)

Sin embargo, la mayoría de edificaciones fueron parte del lazareto. Por ejemplo, el mejor centro residencial del lazareto de San Simón es hoy una residencia y espacio para usos culturales. La casa de baños sigue sirviendo como dispensario de tratamientos relacionado con el mar. Otros pabellones, asociados tanto al espacio de cuarentenas como al penal, sirven como auditorio, centro de interpretación, casa de la cultura o cafetería donde degustar platos típicos.

También son interesantes los antiguos muelles de ambas ínsulas. Las esculturas son habituales y variadas, yendo del homenaje a los juglares gallegos a los dedicados a las víctimas de las represalias franquistas. Entre las islas y la playa de Cesantes de Redondela, parte del Camino Portugués a Santiago de Compostela, hay una estatua dedicada al capitán Nemo.