El aislamiento ha sido una precaución habitual desde tiempos de la peste negra. Ya antes se usó para combatir enfermedades, pero fue a raíz de este azote que se crearon elementos de cuarentena estandarizados. A partir de entonces, se comenzaron a usar islas cercanas a grandes puertos como lugares donde recluir a posibles viajeros infectados. Se llamó lazaretos a estos espacios, debido al famoso personaje bíblico que se levantó de entre los muertos. Como uno de estos sirvió la Isla de Pedrosa antes de convertirse en sanatorio para tuberculosos.

Pabellón María Luisa o de La Picota

Pabellón María Luisa o de La Picota. | Wikimedia

Un lazareto para Santander

Aunque el de Mahón, en Menorca, sea uno de los lazaretos más famosos de España, desde luego no fue el único. Relativamente reciente, el de la Isla de Pedrosa echó a andar oficiosamente en 1834. Durante esta época era muy habitual importar enfermedades de América. Por ejemplo, la fiebre amarilla. Pestes clásicas como la tuberculosis, la viruela, el cólera o la lepra eran también posibles males a evitar. Así, la autoridad portuaria decidió usar esta ínsula como lugar para cuarentenas.



El paso a ser un lazareto como tal fue unos 35 años más tarde. De esta forma se mejoraban un tanto las condiciones de los aislados. Un gran drama rodeaba a un lugar que se conocía como Isla de la Astilla. La mayoría de aquellos que debían permanecer apartados habían estado en Cuba, no pocos como soldados. Estos últimos desafortunados abandonaban un ambiente hostil para verse recluidos en otro. Tanto la guerra como el comercio indiano hacía muy habitual los desembarcos en la bahía de Santander.

Al menos el paisaje era arrebatador. La Isla de Pedrosa posee un ambiente tranquilo y está repleta de árboles. Al fondo de la bahía, en la boca de la ría de San Salvador, un par de istmos la conectan hoy con tierra firme. El puente actual no estaba por entonces, ya que se erigió en 1966. Era y es un enclave de una extraña paz. En aquel siglo XIX los enfermos desembarcaban por un pequeño muelle ubicado al norte de la ínsula.

Edificio de la isla de Pedrosa

Edificio de la isla de Pedrosa. | Pedro Gómez (Flickr)

El gran sanatorio cantábrico para tuberculosos

El proyecto para convertir el lazareto en un sanatorio marítimo infantil data de finales de la primera década del siglo XX. En 1910 podía leerse en el Boletín Oficial de la Provincia de Santander, del 15 de junio, quiénes poblarían el lugar. «200 niños de ambos sexos», que vendrían de «Santander, Oviedo, Palencia, Valladolid, Ávila, Segovia, Madrid, Burgos, Soria, Logroño, Navarra, Álava, Guipúzcoa y Vizcaya«. Prácticamente media España, todo el norte excepto Galicia, León, Zamora y Salamanca. Los niños de estas provincias irían al de Oza, en A Coruña.

Vista antigua del sanatorio marítimo infantil de Pedrosa

Vista antigua del sanatorio marítimo infantil. | Banco de Imágenes de la Medicina Española

De esta forma, el complejo tenía como principal objetivo combatir la tuberculosis, también conocida como tisis. Algunos estudiosos la sitúan como la primera enfermedad de la Humanidad y a día de hoy sigue siendo una de las pestes más mortíferas del planeta. Aunque controlada en Occidente, por ejemplo en 2015 afectó activamente a más de 10 millones de personas en el mundo. Mató a 1,8 millones, siempre según datos de la OMS. Los casos se concentran en Asia y África, donde se ceba con los infectados por el VIH. Varias bacterias la causan. A principios de siglo, era uno de los terrores de España y se combatía en sanatorios marinos y en sierras como las de Madrid.

Alfonso XIII visita la Isla de Pedrosa en 1914

Alfonso XIII visita el complejo en 1914. | Wikimedia

En 1914 el propio Alfonso XIII visitó el lugar para la inauguración oficial. Asimismo, la reina Victoria Eugenia pasaría por aquí en 1919. De la misma época es el teatro Infanta Beatriz, ubicado junto al embarcadero. Sin embargo, el punto más destacado era el edificio hospitalario principal, elegante y siguiendo el estilo de la época. Durante el momento álgido las camas para afectados llegaron a ser 600. Fuera de la isla, en un bosque al inicio del complejo, se situaba el edificio María Luisa Pelayo o de La Picota. Se erigió a finales de los 20 y se destinaba a enfermos de larga estancia.

Estuvo funcionando hasta 1989. Además de tuberculosos, acogió a otros niños con enfermedades óseas y malformaciones. Durante los 70 cobraron gran fama las niñas pájaro, dos jóvenes con una extraña dolencia que hacía que sus rostros recordaran a los de un ave. Poco se sabe de ellas, pese a estar confirmado su paso por el sanatorio, debido al recelo de los vecinos. Este miedo provocó que estuvieran la mayor parte del tiempo ocultas, en un pabellón secundario.

Puente a la Isla de Pedrosa

Puente a la Isla de Pedrosa. | Wikimedia

Ruinas de la Isla de Pedrosa

Desde su cierre varios de los edificios se han echado a perder. El primero que se ve, junto al acceso al recinto, es pabellón María Luisa Pelayo. Desvencijado, resiste entre un bosque en el cerro de La Picota. Un paseo entre eucaliptos lleva hasta el puente de 1966. No hay dificultad alguna en el trayecto, que permite captar el ambiente tranquilo en el que transcurría la vida en el sanatorio. Una vez en la Isla de Pedrosa, se puede observar una iglesia y dos zonas totalmente diferentes.

Iglesia de la Isla de Pedrosa

Iglesia de la Isla de Pedrosa. | Fundación Cántabra Salud y Bienestar Social

Por un lado se sitúan los edificios modernos, que son parte de la Fundación Cántabra Salud y Bienestar Social. Están destinados en su mayor parte a proyectos de rehabilitación de jóvenes drogadictos. Bajo control de la administración de Cantabria, permiten que la ínsula siga siendo un sanatorio en parte. La mayoría de sus estructuras se hayan en la parte oriental.

La abundante vegetación y la bahía de Santander hacen de la Isla de Pedrosa uno de los mejores rincones para perderse de la provincia. Avanzando entre eucaliptos se encuentra una estatua dedicada al Director General de Salud Pública durante la inauguración del sanatorio, Manuel Martín de Salazar. Mientras tanto, el pabellón de tuberculosos está tan ruinoso como el María Luisa. Pese a ello guarda una planta imponente. Ambos están a la espera de un proyecto que los restaure.

Teatro de la Isla de Pedrosa

Teatro de la Isla de Pedrosa. | Wikimedia

Lo mismo le ocurre al teatro Infanta Beatriz. Se ubica en la parte norte de la isla. Al lado está el embarcadero y las vistas son realmente bellas desde allí. En todo caso, derrumbes han llevado su estabilidad al límite. Por ello se recomienda seguir los consejos de los carteles que avisan de no entrar a las ruinas. Aparte de esto, el paseo por la ínsula es plácido y perfectamente seguro. Esto, así como la cercanía de la A-8, permite que sea un lugar popular para el turismo. También acuden allí aficionados a lo paranormal, haciendo del lugar uno de los preferidos del sector junto a Belchite o Zugarramurdi. Un cariz esotérico que no hace si no más evocadora a la bonita Isla de Pedrosa.