Santa María de Carracedo, el poderoso monasterio del Bierzo arruinado por las desamortizaciones

El final del siglo X fue muy depresivo para la cristiandad ibérica. Almanzor había logrado lo que ni los vikingos consiguieron, saquear Santiago de Compostela, el sancta sanctorum de sus enemigos. De camino arrasó también muchos otros lugares, entre ellos cenobios bercianos. La obra de San Fructuoso, San Genadio y tantos otros eremitas quedó en suspenso. Pero también la de otros actores, como la corona leonesa. Esta elevó monasterios como el de Santa María de Carracedo. Un centro de poder destinado en inicio a dar sepultura al rey que la mandó erigir. Pese a todo, logró recuperarse para vivir un auge y caída que marcó a su comarca, El Bierzo.

Panorámica de Santa María de Carracedo

Panorámica de Santa María de Carracedo. | Shutterstock

Un monasterio nacido para el poder

Fue Bermudo II el rey que lo elevó. Era el año 990 y Almanzor apretaba y casi ahogaba a los cristianos. León, Barcelona, Pamplona o Zamora sufrieron la ira del general árabe. Esto forzó una retirada general de sus enemigos, excepto del veterano conde de Castilla García Fernández. Desde el Duero, en Gormaz, mantenía su lucha contra su enemigo mortal. Mientras tanto, el monarca leonés trataba de reestructurar sus dominios. En El Bierzo, su intención era reforzar un lugar ya de por sí muy atado a lo sagrado. Eremitas visigodos primero primero y leoneses después usaron sus valles y montañas para erigir monasterios. Estos quedaron muy tocados por las campañas musulmanas.

Restos de Santa María de Carracedo

Restos de Santa María de Carracedo. | Shutterstock

De este modo, decidió erigir un cenobio dedicado a San Salvador, primera advocación de Santa María de Carracedo. Lo dotó bien, preparándolo para ser un centro de referencia benedictino en El Bierzo, pensado para dar cobijo a comunidades monásticas dispersas.  También para servirle como tumba. Sin embargo, el golpe de efecto compostelano de Almanzor, en el 997, acabó rápidamente con todos los planes. Dos años después, Bermudo II murió en la comarca pero no pudo ser sepultado en el cenobio.



Tras más de un siglo desparecido en la historia, el por entonces monasterio de San Salvador renació. Para mediados del siglo XII el Califato de Córdoba había desaparecido y los cristianos respiraban más tranquilos. La corona leonesa tenía un poder consolidado que le permitió ir recuperando espacios como este cenobio. El encargo vino de la infanta-reina de León Sancha Raimúndez.

Escalinata en Santa María de Carracedo

Escalinata en Santa María de Carracedo. | Shutterstock

La gloria de Santa María de Carracedo

El Infantazgo de León es una desconocida institución medieval que permitió a las hijas solteras de los reyes ser algo más que parte de un acuerdo matrimonial. Cuando Sancha Raimúndez se convirtió en su Domina, la sede quedaba en la actual basílica de San Isidoro de León. La dama leonesa controlaba un gran número de monasterios, de forma prácticamente independiente. Actuaba como señora y mecenas. Gracias al poder de las órdenes monásticas y la iglesia en aquellos tiempos, el poder acumulado por la organización era enorme.

De esta manera, en el 1138 Sancha Ramírez decidió restaurar el monasterio berciano de San Salvador. Para repoblarlo tiró de un cenobio vecino, el de Santa María de Valverde en Corullón. Las largas estancias de la infanta, a la que su hermano Alfonso el Emperador llegó a nombrar reina nominal, motivó que el lugar adquiriera rasgos palaciegos. Eso atrajo el capital nobiliario, además de acabar convirtiéndolo en una abadía que controlaba un extenso territorio y propiedades. Una acumulación de notoriedad monástica que marcó el final de la Edad Media en todo El Bierzo.

Ruinas de Santa María de Carracedo

Ruinas de Santa María de Carracedo. | Shutterstock

Nada más empezar el siglo XIII, muerta Sancha y consolidada su posición, Santa María de Carracedo adquirió su advocación definitiva. También se modificó la titularidad del monasterio, pasando a las manos del císter, algo que certificó el mismo papado. Desde entonces se multiplicó la riqueza del cenobio a costa de vender su alma espiritual. Nobles se encargaban de cuidar algunas de sus tierras y los abades se dedicaron en buena medida a aprovecharse del dinero generado por el lugar más que de llevar a cabo la vida de contemplación a la que se comprometían. De hecho, hay diversos casos en que los dirigentes ni siquiera llegaron a integrarse en la comunidad. Una situación que terminó en crisis espiritual.

Oratorio del Abad en Santa María de Carracedo

Oratorio del Abad en Santa María de Carracedo. | Shutterstock

Renacer para morir, del siglo XIV a la actualidad

El siglo XIV fue convulso para toda la orden del Císter. Siguiendo la senda del resto de la cristiandad, se centraron en lo terrenal para dejar recogimiento y demás de lado. Algo que llevó a una reorganización de la orden en Castilla a principios del siglo XVI, que afectó a Santa María de Carracedo. La vuelta a la esencia monástica trajo una etapa próspera y expansiva. Surgieron estancias que complementaban a las medievales, como el claustro reglar o el de hospedería. En el XVIII, se decidió sustituir la antigua iglesia románica por otra neoclásica, que no llegó a concluirse.

Pórtico en Santa María de Carracedo

Pórtico en Santa María de Carracedo. | Shutterstock

Por desgracia, cuando parecía que el monasterio de Santa María de Carracedo había alcanzado el equilibrio llegaron dos grandes debacles. Primero tocó asumir el azote de la Guerra de la Independencia. Después, todavía peor, la desamortización de Mendizabal. Siguiendo el sendero de tantos otros cenobios, quedó abandonado y destrozado. La ruina llegó con una inusitada rapidez y sus activos se expoliaron casi de inmediato.

Hasta el siglo XX no volvió la preocupación por un espacio fundamental para la historia berciana. Las primeras intentonas para protegerlo llegaron a finales de la década de los 20. Entonces pasó a ser Monumento Histórico-Artístico Nacional. Sin embargo, las intervenciones datan de años más tarde. Fue en los 60 y 70 cuando comenzó a consolidarse lo que quedaba del monasterio de Santa María de Carracedo. Menéndez Pidal se encargó de estas actuaciones, que aseguraron el estado de las ruinas. Ya en democracia se acometió una segunda campaña de restauración que abarcó entre el 85 y el 95. Obra de la Junta de Castilla y León, convirtió al monumento en un museo sobre sí mismo.

Santa María de Carracedo llegó a tener una gran importancia

Santa María de Carracedo llegó a tener una gran importancia. | Shutterstock

El refectorio, las estancias que la tradición asocia a la infanta Sancha Raimúndez o la sala capitular, así como algún elemento del templo, son las principales muestras de su etapa medieval. En el primero se halla la sala central del museo, que cuenta detalles de la historia del monasterio. De los claustros apenas quedan ruinas, siendo el reglar el que más restos posee. La visita es fácil de realizar si se está de escapada en El Bierzo. Al quedar en plena hoya, junto a Cacabelos, Camponaraya, Ponferrada y Villafranca del Bierzo, se conecta a la perfección con la A-6. Asimismo, se sitúa no lejos del Camino de Santiago.