A pesar de haber dominado la península ibérica durante siglos, los visigodos carecen de un gran legado arquitectónico. La ciudad abandonada de Recópolis en Guadalajara, Vitoria o la antigua población de Olite en Navarra son los principales asentamientos que crearon. Sin embargo, el paso de musulmanes y la actualización de sus templos en el medievo se unieron al paso del tiempo para borrar del mapa sus construcciones. En el sur de España solo se conserva una basílica visigoda en pie: Santa Lucía del Trampal, en la localidad extremeña de Alcuéscar.

El discutido origen de Santa Lucía del Trampal

Basílica de Santa Lucía del Trampal en Alcuéscar

Basílica de Santa Lucía del Trampal en Alcuéscar. | Shutterstock

La historia de este templo en la provincia de Cáceres ha generado debate desde que comenzó a llamar la atención en los 80. Juan Rosco Madruga, investigador y poeta nacido en la cercana Montánchez, fue el encargado de redescubrirla. Trabajos posteriores han permitido conocer más de ella. Por desgracia, el halo de misterio que recubre a todo lo visigodo ha imposibilitado el llegar a conclusiones definitivas.

Hay dos teorías principales. Una apunta a que se trata de una estructura creada en el primer tercio del siglo VII como parte de un convento. Esta es defendida, por ejemplo, por la asociación hita en Toledo Urbs Regia. La otra, que fue obra de mozárabes ya bajo dominio musulmán. Por tanto, sería del siglo VIII. Mientras tanto, el ayuntamiento y el centro de interpretación de Santa Lucía del Trampal apuntan a un camino intermedio. Así, habría sido elevada en el VII y sufrido añadidos en el VIII.



Sea como fuere, en general se considera a la basílica como la única visigoda en pie de todo el sur de la península. Asimismo es uno de los pocos que permanecen bien conservados en toda España. En el norte hay más restos en pie, como Santa Comba en la provincia de Ourense, San Pedro de la Nave en Zamora o Santa María de Quintanilla de las Viñas en Burgos. Sin embargo, suelen estar más retocados que Santa Lucía del Trampal.

Varios elementos apuntan a que incluso antes ya hubo un templo en el lugar, precedente del actual. Antes incluso hubo de haber en las cercanías un culto a la deidad prerromana Ataecina. Asimilada a la romana Proserpina, equivalente a su vez a la griega Perséfone, su animal sagrado era la cabra. Estaba atada a la primavera, los manantiales y el inframundo. Su conexión con el lugar se basa en los pedestales con inscripciones en latín usados en la iglesia. Se refuerza con el hecho de que en las inmediaciones exista una fuente termal, hoy balneario.

Cabecera con triple ábside de Santa Lucía del Trampal

Cabecera con triple ábside de Santa Lucía del Trampal. | Shutterstock

Una disposición muy curiosa

La basílica de Santa Lucía del Trampal es de un tamaño contenido y muy compacta. Se divide en dos partes claramente diferenciadas. Por un lado se halla la nave principal, que sufrió remodelaciones a finales de la Edad Media. En origen se trataba de una triple nave, las laterales muy angostas. Según lo que se sabe de la liturgia visigoda, a raíz de Concilios del siglo VII, se cree que en ella asistirían a los oficios los no religiosos. Las reformas del siglo XV unificaron el espacio y le dieron la advocación actual. Se tiraron las columnas intermedias y se construyeron arcos ojivales góticos. Durante las rehabilitaciones del siglo XX se eliminó una casa rústica adosada y se puso un nuevo techo de madera.

Nave de Santa Lucía del Trampal con vista al coro y el ábside central

Nave de Santa Lucía del Trampal con vista al coro y el ábside central. | Shutterstock

Por otro lado queda la cabecera, que mira directamente al este. Su estado de conservación es muy bueno y su estructura se acerca casi totalmente al original. Sorprende por estar realizado de una forma apenas vista en el resto del territorio peninsular. Un estrecho coro conduce de la nave a un crucero, un pasillo perpendicular a la nave y al resto de elementos de la cabecera. En él se pueden ver arcos de herradura y bóveda de cañón. Su aspecto oriental es lo que llevó a pensar que la obra era mozárabe, pese a que fue un elemento habitual en la arquitectura visigoda.

Crucero o transepto de Santa Lucía del Trampal

Crucero o transepto de Santa Lucía del Trampal. | Wikimedia

Dividido en siete segmentos, tres se corresponden con los ábsides y se elevaban en torres que se cree que fueron de ladrillo, hoy reconstruidas. Esta terna de la cabecera es lo que hace excepcional a Santa Lucía del Trampal. La central acogía el altar mayor y las laterales servían de apoyo, por ejemplo conservando una de ellas el sagrario. Poseían ventanas, como los extremos del crucero, las únicas amplias del lugar. Algunas teorías han apuntado a que esto supondría una relación del templo con el arrianismo, atado al número tres.

Sin embargo, la similitud con los hallazgos realizados en San Juan de Baños de Cerrato, Palencia, hace replantearse que sea arriana. Construida a mediados del siglo VII por el monarca godo Recesvinto, se ha descubierto que tenía también un triple ábside. En aquella época el catolicismo imperaba ya en la península. Por tanto, la cabecera apuntaría fuertemente al antes mencionado origen visigodo. En todo caso, es una disposición única apenas vista en pie en el mundo.

Fondo oeste de la nave de Santa Lucía del Trampal

Fondo oeste de la nave de Santa Lucía del Trampal. | Wikimedia

En los laterales había estancias, perdidas, se cree que asociadas a la vida conventual. Las pegadas al crucero tenían sendos accesos al mismo, por lo que es seguro que estuvieran ligadas al clero. Mientras tanto, en los laterales de la nave había otras dos, siempre abiertas y precedidas por un atrio.

Mármol e incienso en Santa Lucía del Trampal

Santa Lucía del Trampal desapareció dos veces en la historia. La primera fue en el siglo IX/X, cuando Córdoba capitalizaba España. Se cree que un descenso en la tolerancia inicial de los árabes habría llevado al cierre. De hecho, pese a la permisividad era habitual no dejar crear templos cristianos, algo que apuntaría al origen visigodo de la basílica. Según las investigaciones el complejo conventual era muy distinto por entonces.

Lateral sur de Santa Lucía del Trampal

Lateral sur de Santa Lucía del Trampal. | Shutterstock

Por ejemplo, la propia basílica estaba encalada con el objetivo de imitar el mármol. Por dentro este noble material abundaba en forma de celosías para las ventanas o elementos de separación entre las distintas estancias. También se apunta a que pasta de estuco se usó para hacer más regulares las paredes. Las columnas poseían capiteles y frisos marmóreos se extendían a su lado, en los muros. Un conjunto níveo del que no quedan apenas restos.

Ábside central de Santa Lucía del Trampal con los nuevos mármoles

Ábside central de Santa Lucía del Trampal con los nuevos mármoles. | Shutterstock

Los elementos de separación eran muy importantes. Algunos se han recreado para ayudar a hacerse una idea de cómo era Santa Lucía del Trampal. Durante los oficios el pueblo solo podía asistir a la nave principal y laterales. Los religiosos se quedaban en el estrecho coro y los oficiantes usaban la cabecera. De esta forma todo el espacio se compartimentaba con las mencionadas cancelas. El resultado era la creación de un ambiente litúrgico y misterioso, especialmente para los civiles. El uso de incienso era habitual, jugando con las pocas entradas de luz y los reflejos de los mármoles para dar una sensación que debía ser sobrecogedora.

Lateral norte de Santa Lucía del Trampal

Lateral norte de Santa Lucía del Trampal. | Wikimedia

Cerca están las ruinas de la iglesia de Santiago, coetánea y parte del convento. Se considera que Santa Lucía del Trampal estaba más asociada a los monjes y su compañera al servicio civil asociado al mismo. En aquella época esta mezcla era habitual y favorecía la explotación de las tierras circundantes. Del resto de los edificios apenas hay rastro. La comunidad monástica que se instaló en la Edad Media fue muy distinta, ya siguiendo el concepto monacal que sigue imperando hoy día. Antes de su desaparición y las reformas del XV, la tradición narra que los templarios habitaron el lugar.

El impresionante entorno natural de Santa Lucía del Trampal

Esta basílica se sitúa junto a la Sierra del Centinela, a cuatro kilómetros de Alcuéscar. Por esta localidad pasa camino de Astorga el Camino de Santiago de la Vía de la Plata. Se puede llegar tanto andando, en una cómoda ruta senderista, como en coche, ya que hay aparcamiento. Varios miradores permiten contemplar el amplio valle de la vertiente este del monte. Dehesas de alcornoques marcan un paisaje agrario de gran belleza y frondosidad. De hecho, poco antes de llegar a Santa Lucía del Trampal hay una pasarela de estos árboles realmente bonita.

Santa Lucía del Trampal bajo un cielo estrellado

Santa Lucía del Trampal bajo un cielo estrellado. | Shutterstock

Los manantiales son habituales en la zona. El que da nombre a la basílica se sitúa cerca de ella y riega una zona de naranjos que caracteriza mucho al templo. Hasta el siglo XIX era habitual realizar romerías a la iglesia, ya hecha ermita. Después prosperó la costumbre, ya perdida, de ir a merendar a este bucólico rincón.

Centro de interpretación de Santa Lucía del Trampal en Alcuéscar

Centro de interpretación de Santa Lucía del Trampal. | Shutterstock

Un Centro de Interpretación de aspecto muy moderno permite conocer muchos detalles de la basílica, así como su evolución a lo largo de los tiempos. Abre de martes a sábados dos veces, mañana y tarde, domingos solo en horario matutino. Los lunes cierra por descanso. Su buena conexión con Mérida y Cáceres a través de la A-66 hace que sea un destino perfecto si se va a cualquiera de las dos. Desde la primera se puede entroncar con la A-5. Además, es ideal para unirse a otros destinos poco conocidos de Extremadura como el relativamente cercano Dolmen de Lácara.