En los límites de las provincias de Burgos y Álava aguarda uno de los grandes espectáculos naturales del país. Intermitente, el Salto del Nervión se desploma desde más de 220 metros al vacío. El entorno kárstico del paraje en el que se enmarca, el Monte Santiago, guía a varios arroyos a confluir en este punto. Varios miradores y rutas permiten divisar un hito que no siempre está ahí. Cuando las lluvias faltan, la cascada llega a desaparecer, algo que suele ocurrir todos los veranos. Sin embargo, cuando el cauce va fuerte, la postal es impresionante.

Cañón de Delika y Salto del Nervión

Fondo del cañón de Delika. | Shutterstock

Una conjunción de altura en el cañón de Delika

El Monte Santiago está a medio camino entre el recortado norte y la meseta. La acción kárstica, una erosión disolutiva de la roca, es la responsable del impresionante panorama que presenta este Monumento Natural. Gracias a ella se han generado cuevas y cursos fluviales subterráneos. A su vez, estos son los que dan lugar al Salto del Nervión.

Varios arroyos alaveses discurren en este nacedero, pero es a partir de la cascada cuando al río se le conoce como Nervión. De allí se adentra en Euskadi hasta desembocar en la famosa ría que divide a Bilbao en dos márgenes. Poco tiene que ver ese paisaje final, industrial, con el que se ve en su arranque. Muy profundo, el cañón de Delika es el desfiladero que recorre los primeros metros del conocido curso.

Vista cenital del Salto del Nervión

Vista cenital del Salto del Nervión. | Shutterstock

Mezclando hayas con vegetación baja, los meses en que la cascada permanece activa también coinciden con los de mayor belleza del cañón. Ya sean los ocres otoñales, el verdor de la primavera o la nieve invernal, en cualquier caso la paleta de colores resulta muy atractiva en combinación con las verticales paredes pétreas.



El conjunto destaca no solo por la vegetación y la orografía, sino por la fauna que posee. Las rapaces más llamativas son los buitres leonados, de enorme envergadura. Pero no son las únicas, ya que también se prodigan por el lugar águilas reales, alimoches o halcones peregrinos. Del entorno acuático sobresalen la gran variedad de anfibios atados al nacimiento del Nervión. Mientras tanto, de los lobos quedan restos tirando a tristes. Se trata de las loberas, lugares especialmente diseñados para su caza. Consisten en fosos de unos dos metros de altura en los que caían fruto de los engaños de los pastores.

Salto del Nervión

Salto del Nervión. | Shutterstock

El Salto de Nervión desde las alturas

Hay dos alternativas principales para ver el Salto del Nervión. Una lo hace desde arriba y otra desde su base. La más habitual es la primera, ya que cuenta con varios aparcamientos para adaptar la ruta a cualquier dificultad. Concretamente son tres, estando el inicial en la entrada del espacio natural protegido. Desde allí quedan unos 9 kilómetros hasta el mirador de la cascada, contando ida y vuelta. Por su lado, el segundo parking deja una caminata de seis kilómetros y el tercero de unos cuatro. Este es en el que más difícil resulta dejar el coche.

Salto del Nervión en invierno

Salto del Nervión en invierno. | Shutterstock

Sea como fuere, desde el último lugar de estacionamiento parte la ruta más socorrida, al abarcar únicamente media hora. En todo caso, hay más de una docena bien señaladas por todo el Monumento Natural, dando opciones a quienes quieran un reto mayor. Este paseo transita por un bosque de hayas de forma cómoda. Por él se puede ver una lobera restaurada, estatuas incluidas. Cabe señalar que para batir a estos animales se usaban distracciones que los hacían huir guiadamente hasta su perdición.

Asimismo, se pasa por la Fuente de Santiago, una surgencia cavernaria muy vistosa. El punto final es el mirador del Salto del Nervión. Desde él se aprecia la cascada desde arriba, por lo que la sensación de vértigo es enorme. El efecto es mucho mayor en época de lluvias fuertes, cuando el caudal puede resultar abrumador. Si se quiere andar algo más, existe la posibilidad de hacer la ruta circular acudiendo al llamado mirador de la Esquina de Rubén. En este caso, los kilómetros pasarían de menos de cuatro a siete y medio.

Sendas del Monte Santiago en otoño

Sendas del Monte Santiago en otoño. | Shutterstock

La impresionante base del Salto del Nervión

Si antes se ha ido por arriba, ahora toca por abajo. El recorrido parte del pueblo del municipio de Amurrio que da nombre al cañón en que cae el Salto del Nervión, Delika. Se alarga algo menos de ocho kilómetros ida y vuelta sin un desnivel considerable, apenas 200 metros. Sin embargo, hay que estar atento al estado del río. En caso de ir muy cargado, puede que el camino sea impracticable. El motivo es que resulta necesario cruzar el cauce en diversas ocasiones. Con todo, siendo previsor no supone ningún problema.

Cañón de Delika y río Nervión

Cañón de Delika y río Nervión. | Shutterstock

Con las botas impermeables calzadas y el coche aparcado junto al bar llamado «Infiernos», se toma una senda que al poco desemboca junto al río. Sin pérdida posible, solo hay que ir remontando el flujo hasta llegar a la zona donde rompe la cascada. De camino se puede apreciar el cambio de llanos a las enormes paredes del cañón del Delika. Una ambiente que recuerda en parte a los valles pirenaicos que caracterizan pueblos como Broto o Biescas. La recompensa final es un panorama tan espléndido como vertical. El desfiladero se cierra en una suerte de circo, precisamente donde el salto de agua tiene lugar.

Base del Salto del Nervión

Base del Salto del Nervión. | Shutterstock

Una vez acabada la excursión hay múltiples posibilidades para completarla. Aunque el enclave más conocido de Álava sea el de Treviño, territorio burgalés, es otro el que queda a tiro de piedra. Se trata de Orduña, una isla vizcaína en tierras alavesas. Un lugar prolijo en patrimonio que se suma a una destacada gastronomía. Amurrio también es una bonita alternativa para pasar el resto del día. Asimismo, siguiendo la vertiente natural, Gorbea presenta rutas entre las que se halla una que va a otra famosa cascada, la de Gujuli. A pesar de no contar con la altura del Salto del Nervión, también deja postales impresionantes con sus cien metros de caída.