Hay varios líos territoriales que llevan siglos dando la murga en España. Algunos son internacionales, como el de Gibraltar. Desde que los ingleses decidieran quedársela en la Guerra de Sucesión, recuperar el peñón ha sido una verdadera obsesión para el gobierno de Madrid. Otro, más local, tiene su epicentro en Álava. Se trata del que afecta al enclave de Treviño, tierra que pertenece a Burgos pese a estar en pleno País Vasco. La cuestión de depender de Vitoria surgió en el siglo XVII y todavía hoy es una temática candente.

Río Zadorra y La Puebla de Arganzón

Río Zadorra y La Puebla de Arganzón. | Shutterstock

Una fundación en plena guerra castellano-navarra

Tanto Treviño como la Puebla de Arganzón, cabezas de los municipios que componen el enclave de Treviño, son de origen medieval. Esto se puede comprobar en monumentos repartidos por sus tierras. Sin ir más lejos, la iglesia de San Pedro en la capital local tiene restos del siglo XIII. El contexto en que surgieron ambas localidades fueron los roces entre Castilla y Navarra de finales del siglo XII.

La Puebla ya tuvo una habitación probada tiempo antes. Desde el IX existió un poblado y un castillo, que protegía esta zona de paso natural. Sin embargo, quedó despoblada y no logró un fuero hasta 1191. No queda claro qué monarca se lo concedió, si fue Alfonso VIII de Castilla o Sancho VI El Sabio de Navarra. La mayor parte de las indicaciones históricas apuntan al primero. Lo que es seguro es que 30 años antes el último fundó la localidad de Treviño.



El mismo Alfonso VIII se haría con el control de la capital treviñesa en torno al 1200. Un hecho que marcaría el futuro tanto de ella como de su vecina. Fue una campaña agria, que asentó a Castilla en Álava. Durante el resto del XIII varios monarcas reafirmarían su poder en el lugar. Asimismo, Treviño sería testigo de uno de los episodios más crueles del reinado de Alfonso X el Sabio: la quema en vida de Simón Ruiz de los Cameros. No queda claro por qué tomó la decisión, pero la ejecutó el infante Sancho, precisamente a quien favorecieron las intrigas del Señor de los Cameros.

Treviño

Treviño. | Shutterstock

Un trozo de Castilla en medio de Álava

Sea como fuere, Treviño se constituyó como señorío de la corona durante un tiempo. De esta forma, se quedó al margen del resto de Álava. Esto se terminó de confirmar con la cesión de la población y sus aldeas a la casa de Manrique de Lara en el siglo XIV y la conformación de un condado propio para el linaje en el siguiente. Paralelamente, La Puebla de Arganzón quedó asociada también en el XIV a nobles castellanos, los Velasco.

En el siglo XV, mientras en el resto de Álava diferentes hermandades consolidaban el futuro foral de la hoy provincia, el enclave de Treviño se quedó mirando a Burgos. No es que no tuvieran influjo en ambas localidades, pero la ligazón con las sagas señoriales que las manejaban impidió una integración total.

Paisaje en torno a La Puebla de Arganzón

Paisaje en torno a La Puebla de Arganzón. | Shutterstock

Las dos vieron aumentar su importancia gracias al mayor negocio que tuvo Castilla, y España, hasta el siglo XVIII. El paso de las rutas laneras de La Mesta por la zona dejaba grandes beneficios. Parte de una de las varias rutas comerciales que conectaban con el resto de Europa, los frutos de las ovejas merinas fueron esenciales para la economía local. En la Edad Moderna también se levantaron algunos de los edificios más señeros del enclave de Treviño, como el palacio de los Manrique de Lara. Actualmente sede del Ayuntamiento, muestra un espectacular escudo de la estirpe que le da nombre.

Las intentonas alavesas de Treviño

Desde 1646 se han registrado peticiones de Treviño para verse incluida en las Juntas Generales de Álava. Como las posteriores, ya fueran del condado o de La Puebla de Arganzón, no llegaron en ningún caso a buen puerto. Las divisiones provinciales de Javier de Burgos en 1833 hicieron prevalecer la situación previa, además de dejar a Miranda del lado castellano. El carácter unido a la corona y luego a mayorazgos de los dos municipios hicieron que se decidiera dejarlos atados a la provincia burgalesa. Asimismo, el desastroso estado de la zona en el XIX, fruto de guerras y de la pobreza general, hizo que la cuestión quedara algo encallada.

La Puebla de Arganzón

La Puebla de Arganzón. | Shutterstock

Precisamente dicho carácter realengo fue el que hizo que no estuvieran incluidos en el régimen foral alavés, es decir, en sus Juntas Generales. Por un lado quedaba la historia y por otra la practicidad. La siguiente intentona fuerte data de principios del siglo XX. En esta ocasión vino de la mano de autoridades alavesas. A través de la Cámara de Comercio e Industria se buscó incluir a Treviño en el finalmente defenestrado Estatuto Vasco de la era Romanones. Sin embargo, el conde cayó en desgracia antes de que se materializara.

Tras los avances de 1917 y un nuevo fracaso liderado por La Puebla de Arganzón en el 36, la posguerra vio una nueva carga proalavesa en el enclave de Treviño. En 1940 se ejecutó un referéndum en la capital del condado. Aunque la mayoría votó a favor de unirse a Álava, no se consideró una actuación legal. Algo más tarde, en el 58, una cuestión sobre la administración religiosa acabó en una reunión municipal que pidió una vez más el cambio de provincia. Como siempre, al palo y fuera.

enclave de Treviño

Parte del enclave de Treviño. | Shutterstock

Con todo, los treviñeses no se dieron por vencidos. La oportunidad parecía clara durante las redacción de los estatutos de autonomía de País Vasco y Castilla y León, en 1980. Los últimos blindaron su posición, de forma que solo podía ejecutarse el cambio territorial si daban su visto bueno. Algo que, claro, no iba a ocurrir. Por su parte, el vasco buscó meter al enclave en su territorio. Tanto es así que acabaron en el Constitucional, donde perdieron.

Desde entonces, se ha hecho un nuevo referéndum en 1998, en el que el 68% de la población manifestó querer cambiar y Euskadi ha iniciado varias acciones para lograr al fin hacerse con esta isla burgalesa. Especialmente notable han sido los intentos de renovar los tramos de carreteras que atraviesan el condado, conocidos por su peligrosidad. Una tarea que el Gobierno vasco no ha logrado por faltas de acuerdos con sus vecinos. De momento, aunque quede más cerca de Vitoria, Treviño sigue en Burgos.