Que en la antigüedad una ciudad se viera arrasada solía significar su fin. Hay innumerables ejemplos, de urbes romanas a visigodas como Recópolis. Sin embargo, hay enclaves que fueron capaces de resucitar. Algeciras lo hizo más de una vez. Primero fue un asentamiento romano y luego ciudad árabe. Finalmente se erigió como una colonia de refugiados, que se desarrolló hasta ser la que es hoy en día. No cabe duda de que la población andaluza sabe lo que es tener una vida extra.

Vista actual de Algeciras y su puerto

Vista actual de Algeciras y su puerto. | Shutterstock

Iulia Traducta, una misteriosa ciudad romana

La bahía de Algeciras y el estrecho de Gibraltar son uno de los puntos más estratégicos del Mediterráneo. Por ello, los imperios clásicos que surgieron en dicho mar se fijaron en estos lugares. Carteia, del siglo V/IV a.C., fue el asentamiento púnico más importante, cerca de la actual San Roque. Suponía un alto perfecto entre las colonias fenicias de Málaga y Cádiz. Al tiempo, los salazones fueron una industria muy prospera que los romanos sublimarían.

Ruinas de Carteia, primer centro importante de la bahía de Algeciras

Ruinas de Carteia, primer centro importante de la bahía de Algeciras. | Shutterstock

Se cree que ya había un pequeño puerto en el lugar ocupado actualmente por Algeciras en aquella época. Tras las Guerras Púnicas el estrecho pasó a control latino, por lo que los alrededores acabaron repletos de asentamientos romanos. A la mencionada Carteia se sumó, por ejemplo y en el siglo II a.C., Baelo Claudia. Fue una urbe también de origen púnico y cercana a Tarifa. Ya en época imperial surgió Iulia Traducta.

Esta ciudad ha traída mucha cola histórica. Ocupó el territorio algecireño y debió surgir tras las campañas de Claudio, poco antes del cambio de era. Eruditos como Estrabón o Pomponio Mela la asignaron diferentes topónimos que se han equiparado de forma tradicional al principal de Iulia Traducta. El consenso general es que se trata de una nueva fundación para la que se llevó a ciudadanos de Tingis/Tánger al otro lado del estrecho. De ahí el Traducta, que significa trasladada.

Ruinas de Baelo Claudia

Ruinas de Baelo Claudia, en el entorno del estrecho. | Shutterstock

Se han hallado factorías de garum, una salsa de pescado básica en la gastronomía romana, así como de salazones y hornos en el entorno algecireño. Sin embargo, la depresión del imperio y las invasiones bárbaras llevaron a un declive muy notable en el puerto. Los vándalos, en su camino a la antigua Cartago, pasaron por el lugar y realizaron destrozos a mediados del siglo V. Gracias al liderazgo de Justiniano, los bizantinos pudieron ocupar el enclave romano desde la mitad del VI al primer cuarto del VII, creando almacenes. Siguió un leve dominio visigodo y, tras ello, una definitiva despoblación.



Al-Yazirat Al-Hadra, la primera ciudad árabe de la península

Las dudas sobre si la Algeciras árabe se edificó sobre Iulia Traducta parecen haberse esclarecido con el tiempo. Todo apunta a que la urbe edificada en el entorno donde desembarcaron los ejércitos de Tarik en el 711 fue hecha desde cero, obviando el entramado antiguo. Una nueva urbe que a lo largo de siglos repetiría la experiencia de ver a miles de hombres desembarcar para hacer la guerra. No en vano, su posición era inmejorable respecto a las grandes ciudades costeras del norte de Marruecos.

De las primeras fases de la nueva ciudad se sabe poco. Se edificó al norte del río de la Miel, mientras que Traducta estaba al sur en el entorno donde más tarde se edificaría la Villa Nueva. El nombre del lugar procede de la ínsula que se situaba frente a la urbe, la Isla Verde que dio nombre al asentamiento. «Isla», Al-Yazira, y «verde», hadra, dieron el topónimo. La primera parte, a su vez, derivó al castellanizarse en Algeciras.

Restos de la Mezquita Aljama de Algeciras

Restos de la Mezquita Aljama de Algeciras. | Wikimedia

Si Tazones, en Asturias, vio llegar al que sería Carlos V a España, lo mismo pasó en el puerto andalusí con Abderramán I en el 755. El árabe proclamaría un emirato independiente consolidando la idea de Al-Ándalus. Como el resto de la península, Algeciras vivió siglos ajetreados. En el IX fue asaltada por vikingos que arrasaron su mezquita. A pesar de ello, lograron sobreponerse y echar a los escandinavos, que estaban liderados por Bjorn Costado de Hierro, hijo de Ragnar Lodbrok.

En los años del califato de Córdoba su puerto se consolidó como un astillero al erigirse unas atarazanas. No obstante, tras parecer que los cordobeses ponían en jaque a los cristianos, la realidad cambió radicalmente. Los saqueos de Santiago o Barcelona por parte de Almanzor motivaron la unión de los reinos del norte y un contraataque que, unido a cuitas internas, dio paso a las Taifas. Algeciras pasó por varias manos, Sevilla entre ellas, y sirvió de puerta de entrada a almorávides y almohades.

Puente árabe a la Villa Nueva de Algeciras

Puente árabe a la Villa Nueva. | Shutterstock

Algo de estabilidad llegó con el reino de Granada. El puerto estuvo dominada entre tal corona y los benimerines del norte de África. La alianza de ambos fue crucial para plantar cara a Castilla, León y Aragón. Durante los siglos XIII y XIV hubo tres intentonas castellanas para tomar el lugar.

En primer lugar, Alfonso X tuvo en la bahía una de sus grandes derrotas en el 1278, cuando los beniremines le derrotaron por mar haciendo inútil el esfuerzo por tierra. Fruto del ataque se reforzaron las defensas y se elevó la fortificada Villa Nueva. La cabeza de puente volvería a recibir un asalto en 1309. Entonces el éxito cristiano fue parcial: se hicieron con Gibraltar pero las defensas de Algeciras fueron demasiado. Tras un duro asedio, cayó frente a un esfuerzo colectivo de Castilla, Aragón y Génova en el 1344.

La alegría duró poco a los cristianos, que vieron cómo Muhammed V se la arrebataría en el 1369. Esto sería decisivo para el futuro algecireño. Los nazaríes intentaron hacer del puerto un enclave todavía más vital, pero tuvieron que ceder ante la realidad. La guerra era muy favorable a los castellanos y en 1379 se tomó una estrategia fatídica. El monarca decidió arrasar totalmente la urbe para que los cristianos no pudieran hacer uso de ella. Así, se centraría en defender la también recuperada Gibraltar.

Grabado XVIII ruinas de Algeciras

Grabado del siglo XVIII de las ruinas árabes de Algeciras. | Wikimedia

Algeciras, heredera de Gibraltar

Desde 1369 hasta 1704 Algeciras solo era una serie de ruinas. Del puerto, atarazanas, alcázar y murallas solo quedaban restos destrozados. Sin embargo, un desastre para el reino de España la devolvió por última vez a la vida. Fue la pérdida de Gibraltar a manos de los ingleses. La Guerra de sucesión puso el marco perfecto para el ardid británico. Junto a holandeses tomaron la plaza a los borbónicos, desplazando a miles de personas a raíz de los saqueos que siguieron.

Plaza Alta de Algeciras

Plaza Alta de Algeciras. | Shutterstock

Acabada la guerra, los ingleses decidieron quedarse el lugar. La nueva colonia británica quedó definitivamente en sus manos gracias al Tratado de Utrecht. A nivel local, los sucesos marcaron la creación de San Roque, la moderna Los Barrios y Algeciras. Las ruinas árabes sirvieron para plantear un nuevo asentamiento.

Desde un primer momento hubo tensiones con el núcleo sanroqueño, el preponderante. Así, las peticiones de independencia fueron desestimadas hasta 1755. Durante el resto del XVIII y el XIX el lugar se erigió como un enclave militar de gran valor. Como contrapunto a Gibraltar, Algeciras participó en los asedios a la colonia británica. También logró una victoria contra los británicos en el contexto de las Guerras Napoleónicas.

El renombre del Campo de Gibraltar, y por tanto también Algeciras, se incrementó durante la Guerra de la Independencia. De allí eran los primeros hombres que se movilizaron dirigidos por el general Castaños, en una serie de acciones que culminarían en la famosa batalla de Bailén. Posteriormente la ciudad saldría relativamente indemne del conflicto.

Plaza Alta de Algeciras

Plaza Alta de Algeciras. | Shutterstock

Fue base de operaciones para la guerra de prestigio contra Marruecos de mediados del XIX. El saldo fue una victoria española que pretendía recuperar en algo su estatus internacional. Todavía serviría una vez más como lugar de desembarco. Fue durante la Guerra Civil, cuando las tropas golpistas llegaron a la zona desde Ceuta. La guerra dejó enormes destrozos y severas represiones por ambos bandos.

Por suerte, Algeciras logró sobrevivir y desarrollarse como ciudad portuaria. Ya en paz, la urbe prosperó apoyándose en parte en la cercanía de Gibraltar y Marruecos. Esto dota a la población de un cariz internacional y comercial que recuerda a sus dos predecesoras. Hoy se presenta como un nodo comunicativo e industrial frecuentado por buques de transporte, apoyada por la A-7, así como una de las grandes puertas de entrada a España desde el Magreb. Un éxito que llega tras más de 20 siglos de auges y caídas.