La huella de al-Ándalus es, sin duda, una de las más significativas y apreciadas dentro del enorme patrimonio histórico que tiene España. Setecientos años de dominación musulmana hoy permanecen vivos en sus grandes monumentos arquitectónicos, donde se conserva el esplendor de una civilización que alcanzó un extraordinario grado de desarrollo y refinamiento artístico. Mezquitas, palacios y fortalezas son los mejores representantes del legado andalusí, auténticas obras arquitectónicas islámicas que nacieron para quedarse y formar parte de la cultura hispánica.

Alhambra de Granada

Alhambra de Granada

Alhambra de Granada. | Shutterstock

Granada es la ciudad de al-Ándalus por excelencia. Fue el último territorio que se mantuvo bajo dominio musulmán en la península ibérica hasta que en 1492 Boabdil entregó la joya islámica a la cristiandad, la Alhambra. Con Sierra Nevada como telón de fondo se erige esta esplendorosa ciudad palatina andalusí, referente de la arquitectura y el arte musulmán en España. El esplendor que perdura en sus jardines, fuentes y decoraciones geométricas datan del siglo XIV, cuando el reino nazarí se trasladó a Granada y construyó allí su residencia. La armonía y el refinamiento de su diseño y decoración alcanzaron cotas de perfección casi inigualables.

Dos siglos después, los reyes cristianos construyeron un palacio renacentista pero mantuvieron las estructuras musulmanas. El recinto de la Alhambra se conserva perfectamente, pese a las voladuras efectuadas por las tropas napoleónicas durante el siglo XIX y que casi destruyen el recinto por completo. Afortunadamente, hoy es posible pasear entre sus columnas y arcos de estilo andalusí, decorados con citas del Corán. Así como visitar el Patio de los Leones y los jardines que mantienen el sistema hidráulico predominante en las arquitecturas musulmanas.

Mezquita-Catedral de Córdoba

Mezquita de Córdoba

Mezquita-Catedral de Córdoba. | Shutterstock

Levantada entre los años 786 y 988, la Mezquita de Córdoba es el primer monumento de todo el Occidente islámico y una de las construcciones más importantes de toda la arquitectura musulmana. El valor histórico y la riqueza artística que posee le han merecido ser declarada Patrimonio de la Humanidad.

Fue el emir Abderramán I el impulsor de la Mezquita, la cual llegó a convertirse en el mejor ejemplo de la pujanza del Califato Omeya de Córdoba. Desde la reconquista cristiana en 1236, se utilizó como Catedral, con todas las transformaciones que conllevó la reconversión del templo al culto católico. En el siglo pasado se llevó a cabo la restauración de la actual Mezquita-Catedral de Córdoba. Gracias a ello, hoy se puede disfrutar tanto del bosque de columnas árabe como de la basílica renacentista cristiana.

Medina al-Zahra, Córdoba

Medina Azahara

Medina Azahara de Córdoba. | Shutterstock

Desde los albores del siglo X, el emirato cordobés estrenó una centuria de esplendor que le convirtió en el reino más poderoso de occidente. Bajo la figura de Abderramán III, Córdoba se alzó como la ciudad más importante de Europa tanto por población como por ser el faro cultural y político de referencia. De esta manera, el califa ordenó la creación de una ciudad palatina destinada a convertirse en la sede del recién estrenado Califato de Córdoba. Así surgió Medina Azahara, levantada los pies de Sierra Morena y a ocho kilómetros de la capital.

La ciudad palatina fue destruida con el fin de la dinastía Omeya, quedando en ruinas hasta su restauración en el siglo XX. Hoy este yacimiento arqueológico es declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Actualmente se ha excavado solo 10% de la superficie intramuros de la ciudad, correspondiendo al núcleo central del Alcázar Real que dispone de tres terrazas rodeadas por una muralla. Ricos mármoles rojos y violáceos, piedras preciosas y oro, además del cuidado artesanal de los mejores canteros y las contribuciones bizantinas, ayudaron al encumbramiento de Medina Azahara.

La Giralda y la Torre del Oro de Sevilla

Giralda

La Giralda de Sevilla. Shutterstock

La Giralda es una de las grandes herencias árabes de Sevilla, considerada también como el icono de la ciudad, Resume muchos siglos de historia sobre su propia fisionomía, plagada de diferentes estilos arquitectónicos de las culturas que habitaron en la ciudad. Hoy se levanta como el imponente campanario de la catedral, pero en su origen fue el minarete de la mezquita. Los dos tercios inferiores de la torre son precisamente los de construcción musulmana, reconocibles a primera vista por su característica ornamentación árabe. Fue durante cientos de años el edificio más alto de España y uno de los que más se acercaban al cielo de Europa.

Torre del Oro

Actual Torre del Oro | Shutterstock

Otra de las grandes construcciones de origen árabe de Sevilla es la Torre del Oro, situada en el margen izquierdo del río Guadalquivir. Su nombre se debe a los reflejos dorados que producían los azulejos que la recubrían en su tiempo. Originalmente, este torreón tuvo una función defensiva, al formar parte de un tramo de la muralla que defendía el Alcázar de la ciudad. El edificio está formado por tres cuerpos, el primero de ellos fue construido en 1221 por orden del gobernador almohade Abù l-Ulà. Los otros dos cuerpos datan del siglo XIV y XVIII sucesivamente, este último como consecuencia del terremoto de Lisboa. En 1931 fue declarada monumento histórico-artístico.

Real Alcázar de Sevilla

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Reales Alcázares de Sevilla.| Shutterstock

Otro de los monumentos hispano-musulmán más importante de Sevilla es el Real Alcázar, un complejo palaciego con carácter defensivo declarado Patrimonio de la Humanidad desde 1987. Tiene su origen hacia el siglo X, cuando Abderramán III ordenó su construcción como nuevo recinto para el gobierno Omeya. A este complejo se le añadió durante la Taifa de Sevilla el Alcázar Nuevo de los abadíes. Más tarde se fue ampliado hasta el Guadalquivir con los almorávides, hasta que en 1249 pasó a manos de la Corona de Castilla.

A este marco arquitectónico tienen que añadirse los elementos que dan vida al Real Alcázar de Sevilla en cada momento: los nuevos usos de los espacios, los jardines, el agua de las fuentes y estanques. Sobre sus estructuras originarias se levantaron en época castellana palacios como el del Gótico o el Palacio Mudéjar de Pedro I, donde siguió predominando un aire islámico en sus estancias. Entre estas destaca el Salón de los Embajadores y su maravillosa cúpula. Del mismo modo que el Patio de las Doncellas o el de las Muñecas, decorados con la azulejería y los techos mudéjares.

Baños árabes de Ronda, Málaga

Baños árabes de Málaga

El hamman de Ronda es uno de los mejor conservados de España | Shutterstock

Los baños árabes o hamman también forman parte del gran legado andalusí, aunque muchas veces pasan desapercibidos a la sombra de las grandes obras arquitectónicas. Estos edificios, no obstante, acumulan gran cantidad de conocimiento sobre la vida cotidiana de las sociedades musulmanas, algo que era totalmente desconocido por los cristianos y judíos de la época.

Uno de los grandes ejemplos es el hamman de Ronda en Málaga, el mejor conservado de toda la península ibérica. Este es un espectacular yacimiento arqueológico de época nazarí, construido en el siglo XIII. En su interior mantiene la estructura básica de los baños árabes: vestuario, sala fría, templada y caliente. De hecho, gran parte de este edificio ha llegado prácticamente intacto a día de hoy. Se conserva incluso el sistema hidráulico con la noria que hacía funcionar el recorrido del agua.

Castillo de Gormaz en Soria

Extremo oeste y campa interior del castillo de Gormaz

Extremo oeste y campa interior del castillo de Gormaz. | Shutterstock

Esta es una fortaleza de origen musulmán situada en el pueblo de Gormaz, en Soria. Fue el enclave más determinante en la guerra que mantenían árabes y cristianos durante la Edad Media. Además de ser el castillo más grande que los musulmanes califales construyeron en Europa y una de las obras magnas de la arquitectura militar de la época en el continente. Sus muros han visto pasar el tiempo en la llanura de Soria durante más de 1.000 años.

La construcción comenzó en el siglo IX durante el Califato cordobés sobre los restos de un anterior castillo, cuyo origen cierto se desconoce. Al principio solo se levantó un pequeño castillo, el cual fue reconquistado por los cristianos en el año 912. Al volver a manos musulmanas durante el califato de Alhakén II, hijo de Abderramán III, se inició la ampliación de la actual alcazaba musulmana entre los años 955 y 966. Se expandió de tal forma que era capaz de proteger a un cuerpo de mando además de resguardar en su interior a miles de hombres. El Castillo de Gormaz se convirtió en la fortaleza europea más grande de su época, con un perímetro amurallado de 1200 metros, 446 de largo, 28 torres y una forma alargada dirección este-oeste.



Palacio de la Aljafería de Zaragoza

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Aljafería de Zaragoza| Shutterstock

La Aljafería de Zaragoza fue construida en el siglo XI como palacio de recreo de los reyes musulmanes que gobernaban la taifa de Sarakusta . Es junto con la Alhambra de Granada y la Mezquita de Córdoba, una de las joyas artísticas de la presencia islámica en el sur de Europa. Refleja el esplendor alcanzado por el reino taifa en su máximo apogeo político y cultural, tanto que los restos mudéjares del palacio son declarados Patrimonio de la Humanidad como parte del conjunto arquitectónico mudéjar de Aragón.

El perímetro del palacio islámico se encuentra completamente amurallado. Sus arquerías destacan con la presencia imponente de la torre del Trovador, que es su construcción más antigua y que servía como torreón de vigilancia de la fortaleza. El interior cuenta con una mezquita privada para uso del monarca. Otro de los rincones más bellos de la Aljafería es el Patio de Santa Isabel, cuyos complejos arcos decorativos le dan personalidad única. Allí también residieron siglos después los reyes de la Corona de Aragón.