En la mañana del 1 de noviembre de 1755, día de Todos los Santos, un terremoto con epicentro en el océano Atlántico, a unos 300 kilómetros de Portugal, causó la mayor catástrofe natural que hasta el momento había padecido el viejo continente. El terremoto tomó el nombre de la ciudad más afectada: Lisboa. Destruyó la ciudad por completo y produjo millares de víctimas y daños económicos muy elevados. Aquel temblor también fue sentido en la totalidad de la Península Ibérica y en algunos lugares de Europa Occidental, como el norte de Francia y de Italia. El terremoto iniciado a las 9:30 de la mañana desembocó en un tsunami 40 minutos después. Las gigantescas proporciones del mismo barrieron las costas atlánticas de Portugal, España y Marruecos.

Fernando VI

Retrato del monarca español Fernando VI | Wikimedia

Ante la magnitud que el fenómeno había causado en España, el monarca Fernando VI ordenó al Supremo Consejo de Castilla la elaboración de un informe sobre el seísmo, que hoy reside en el Archivo Histórico Nacional. Las cifras y datos no son del todo claras, pero se estima que hubo 5.300 víctimas y cuantiosos daños en catedrales, iglesias y otros edificios históricos. Tales destrozos se concentraron especialmente en ciudades y pueblos de la mitad oeste del país. Fue la zona de Andalucía la que más desperfectos sufrió, especialmente las costas de Huelva y Cádiz debido al maremoto.

La Torre del Oro y la Catedral de Sevilla

Torre del Oro

Actual Torre del Oro | Shutterstock

Sevilla fue una de las ciudades más perjudicadas por el seísmo. A pesar de contar solo con nueve víctimas mortales, la mayor parte del casco urbano resultó dañado. Algunos de sus monumentos más históricos y emblemáticos también sufrieron algunos desperfectosMientras que la Giralda sufrió leves daños en algunos remates y adornos, la Torre del Oro quedó tan destrozada que se propuso su demolición. Finalmente, la oposición del pueblo detuvo esa idea y se optó por su restauración. Con todo, el estado final resultó parcialmente distinto de la que habría tenido antes del terremoto.

Catedral de Sevilla

La Catedral de Sevilla | Shutterstock

En la Catedral de Sevilla también se desprendieron remates y barandas de las azoteas que cayeron a la calle. Aquel estruendo causó el pánico de los asistentes ese día a la misa de los Difuntos, quienes salieron del templo para terminar la misa en el exterior. Años más tarde se levantó en la plaza de la Iglesia el Templete del Triunfo con una figura de la Virgen y el niño. Un símbolo de agradecimiento a la protección divina, al no haber víctimas mortales en aquel lugar. La antigua Plazuela de la Lonja pasó a denominarse Plaza del Triunfo, hoy situada en el eje de conjunto de edificios declarados Patrimonio de la Humanidad.

Las catedrales y el castillo de Jaén

Catedral de Jaén

Catedral de Jaén | Shutterstock

La provincia de Jaén también sufrió daños importantes en algunas de sus localidades y monumentos de importancia. En la capital de provincia, las torres de la Catedral se agrietaron afectando a la estabilidad del edificio. Así, se decidió construir la Iglesia del Sagrario en 1761 para darle consistencia a la estructura.

Especialmente sonado es el desplome de la torre de la Catedral de Baeza . El edificio sufrió en sí graves desperfectos, por lo que parte de él tuvo que ser levantado de nuevo. Desde 1931, la Catedral de la Natividad de Nuestra Señora está catalogada como Bien de Interés Cultural.

Catedral de Baeza

Catedral de Baeza | Shutterstock

Asimismo, el castillo de Alcaudete fue otra de las víctimas patrimoniales del terremoto de Lisboa. Sus habitantes huyeron de allí y la fortaleza de origen árabe quedó abandonada provocando su paulatino deterioro. El Ayuntamiento de la localidad la rescató y rehabilitó para convertirla en un espacio turístico-cultural que hoy puede ser visitado.

La Catedral Nueva de Salamanca

Catedral Nueva de Salamanca

Catedral Nueva de Salamanca | Shutterstock

Castilla y León no se libró de ver su patrimonio afectado. Así ocurrió en la Catedral Nueva de Salamanca, construida junto a la Vieja Catedral en el siglo XV. Seis minutos de temblores fueron suficientes para causar cuantiosas grietas visibles en el templo y destrozar varias imágenes de la fachada.

Lo más preocupante fue el estado en que quedó la Torre de las Campanas, cuya notable inclinación indicaba una próxima caída. El cimborrio también estaba muy deteriorado debido a las terribles cargas que tuvo que soportar por los temblores sísmicos, lo que provocó su derrumbe intencionado para ser sustituido por otro. No obstante, el temor de los salmantinos impulsó una reparación casi total del monumento. Esta se realizó a través de un proceso de investigación y repaso por los cinco siglos de la estructura y arquitectura de la Catedral Nueva.

Iglesia de la Clerecía de Salamanca

Iglesia de la Clerecía | Shutterstock

Otros edificios también sufrieron numerosos daños, como el palacio del obispo, el colegio viejo y especialmente la linterna de la cúpula de la Iglesia de la Clerecía, que hoy todavía puede verse ligeramente inclinada. Al no lamentar víctimas, el Cabildo Catedralicio de Salamanca estableció la tradición de que cada 31 de octubre una persona subiera a lo alto de la torre del templo a repicar las campanas en agradecimiento a Dios. De paso, también comprobaba el estado de conservación de la torre. Los Mariquelos, familia que vivía en el interior de la Catedral, fueron los encargados de hacer cumplir con el mandato cada año hasta 1976. Años más tarde, en 1985, se retomó la tradición.

La «buena moza» de Valladolid

Catedral de Valladolid

Catedral de Valladolid | Shutterstock

Al igual que las torres de Catedral de Astorga (León) y la Catedral de San Antolín de Palencia sufrieron importantes daños tras los efectos del terremoto, la de Valladolid también se vio terriblemente afectada hasta el punto de derruirse 86 años después, en 1841.

Desde un primer momento, la torre de la Catedral de Valladolid había presentado problemas de cimentación. Con cerca de 75 metros de altura y un estilo trazado, los vecinos la hacían llamar la «buena moza», ya que era el edificio más alto de toda la ciudad. Sin embargo, poco le duró la gloria. Cuando el terremoto de Lisboa se dejó sentir, los cimientos de sus muros se vieron muy deteriorados. Los vallisoletanos intentaron evitar un posible desastre con la instalación en 1761 de cuatro cinturones de hierro en torno al cuerpo, para reforzar la estructura de la torre. Aunque esta maniobra retrasó el desastre, no pudo evitarlo. La tarde del 31 de mayo de 1841 la ciudad tembló ante el derrumbe de parte de la estructura de la catedral.

Dibujo derrumbe catedral

Dibujo del derrumbe de la «buena moza» de Valladolid | Wikimedia

Sin la «buena moza», Valladolid se vio sin campanas y sin reloj, todo un símbolo y necesidad para la población de aquel entonces. Así, la universidad local tuvo que construir un torreón propio en 1857 para poder colocar un reloj en ella. La torre nunca fue levantada de nuevo en la catedral, pese a que existió un proyecto para ello.

 



El derrumbe de la Catedral de Coria, Cáceres

Catedral de Coria

Catedral de Coria | Wikimedia

En la ciudad de Coria el terremoto hizo verdaderos estragos. La catedral de Santa María de la Asunción se derrumbó cuando sus fieles se encontraban congregados en la misa del Día de Todos los Santos. A diferencia de lo ocurrido en Sevilla, se produjeron una veintena de muertes.

Los cuantiosos daños materiales que registró el interior de la catedral, concretamente la capilla y el retablo, obligaron al clero a suspender la actividad en el edificio durante un tiempo. La balaustrada y los pináculos fueron las partes más dañadas de la fachada exterior. Pese a las diferentes obras de reparación, más de 260 años después aún se puede apreciar los efectos del terremoto en una amplia grieta que resquebraja los sillares del edificio.