Considerada como el gran icono de la ciudad andaluza, la Giralda merece una mención aparte en cualquier repaso que se haga de la urbe hispalense. Pertenece a la catedral de Santa María de la Sede de Sevilla. Compone una exótica ruta al pasado árabe sevillano, así como un complemento indispensable para la sede catedralicia gótica más grande de todo el mundo. No en vano, fue durante cientos de años el edificio más alto de España y uno de los que más se acercaban al cielo de Europa.

Visión panorámica de La catedral de Sevilla.

Visión panorámica de La Giralda y catedral de Sevilla. | Shutterstock

Una de las grandes herencias árabes de Sevilla

El siglo XII marcó el inicio de esta torre. La capital hispalense pasó a serlo también de los dominios almohades. Gracias a ello se fortificó y cimentó su futura grandeza. El ímpetu de estos guerreros islámicos ultraconservadores fue enorme al principio, pero la presión de los reinos cristianos medievales se hacía notar. Estas condiciones marcaron los proyectos defensivos y religiosos que llevaron a cabo. Por ejemplo, el de la mezquita que precedió a la espectacular catedral de Sevilla.

Inspirada en la de Córdoba y en templos magrebíes, como el de Koutoubia en Marrakech, la agresividad mostrada por los castellanos llevó a que se su posible defensa fuera algo prioritario. De este modo, cuando se proyectó la gran atalaya desde donde llamar a la oración o alminar se decidió que tendría que estar inserto en las murallas de las que todavía quedan restos, como la torre del Oro, la Plata o en la Macarena. La Giralda sufrió una construcción intermitente, fruto de la convulsa política almohade.

Giralda de Sevilla

Giralda de Sevilla. | Shutterstock

En el año 1198 se concluyó el proyecto con la instalación de cuatro bolas en lo más alto. Colocadas por orden del emir, eran un acabado llamado yamur. Típico en los alminares almohades, tenían forma de manzana. El material con el que se elaboraron fue el bronce, aunque su aspecto era dorado. El dirigente Abu Yaacub al-Mansur, vencedor de Alarcos, había logrado terminar de elevar una torre cuyos cuerpos llegaban casi a los 65 metros de altura. Ya entonces lucía cuatro fachadas distintas.

Sin embargo, los árabes sufrirían un duro revés casi medio siglo después. Fernando III, rey de Castilla y de León, arrebató Sevilla a los musulmanes. Un golpe de efecto que hizo a la mezquita, y con ello a La Giralda, convertirse al cristianismo. Se trataba de un lugar de gran simbolismo, ya que la ciudad era una punta de lanza inserta en lo más profundo de Al-Ándalus. Durante estas primeras etapas de control castellanoleonés la torre pasaría a ser un campanario y perdería las antes mencionadas bolas doradas debido al terremoto de 1356.

Mezquita de la Koutoubia, edificio que sirvió de referencia para la Giralda de Sevilla

Mezquita de la Koutoubia, edificio que sirvió de referencia para la Giralda de Sevilla. | Shutterstock

La casa de El Giraldillo

Ya en manos cristianas, la superviviencia de La Giralda llegó a estar en entredicho. Según documentos de la época, las obras de la catedral gótica contemplaron acabar con ella. Por suerte, se decidió finalmente integrarla en el edificio, al igual que el patio de los Naranjos. Diversas épocas vieron cómo la torre evolucionaba hasta encontrar su aspecto actual. Por ejemplo, a mediados del siglo XVI se promovió la elaboración de murales externos. Pedidos por el canónigo Francisco Pacheco, sobrevivieron hasta perderse en el siglo XIX.

Por entonces la atalaya religiosa lucía el color que daría nombre a la Alhambra de Granada, el rojo. Un tono perdido junto a las pinturas sobre estuco antes mencionadas. Esto supuso un golpe duro a las obras de bellas artes hispalenses. De esta misma época data el cuerpo superior que se ve hoy día sobre el alminar árabe, además de la estatua que la culmina y da nombre al conjunto. El proyecto consolidó la labor como campanario de La Giralda, que alberga 24 de estos instrumentos.

El Giraldillo, la representación de la Fe Victoriosa que corona la torre, es obra de Bartolomé Morel. Extraordinario maestro metalero, eligió el bronce como material para una de las veletas más famosas de España, junto a otras como el gallo de San Isidoro en León. Ayudado en las labores de diseño y doración, en la llevó a cabo en 1568. Su escudo y lanza permiten que indique la dirección del viento y muestra elementos de gusto medieval, como su corona.

La Giralda de Sevilla junto a la Catedral de Santa María 

La Giralda de Sevilla junto a la Catedral de Santa María. | Shutterstock

En el cuerpo de campanas destacan otras obras de Morel. Se trata de los jarrones con azucenas. Como en el caso del Giraldillo, colaboró con el arquitecto Hernán Ruiz para diseñarla. Por aquellos años, no tenía las flores y se cree que su misión era portar fuegos en momentos clave. Los adornos florales llegarían en el siglo XVIII. Estos símbolos de pureza fueron dorados y ejecutados por el maestro Basilio Cortés, que también intervino en mejoras de la bola que sustenta al Giraldillo.

Desde la terraza de las azucenas, donde están los jarrones, se despliegan los últimos cuerpos de la Giralda, culminados con la estatua antes descrita. Son entornos llenos de curiosidades. El primero sirve para acoger un reloj de 1765, elaborado por José Cordero. Antes ya hubo otros de Sol. Sobre él, el cuerpo de las Estrellas, con la campana más antigua de la torre y circundado por la cita más famosa de la misma. Su traducción del latín es la siguiente: «La torre más fuerte es el Nombre del Señor». Quedarían encima el cuerpo de Carambolas y el Penacho. Con ellos alcanza los 104,1 metros del altura.

La Giralda de Sevilla desde la Plaza Virgen de los Reyes

La Giralda de Sevilla desde la Plaza Virgen de los Reyes. | Shutterstock

La Giralda hoy en día

Junto a los Alcázares y el Archivo de Indias, es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Tal es su fama que ha servido de inspiración a otros muchos edificios. La iglesia de Nuestra Señora de Granada de Moguer (Huelva) o la réplica de Árbos (Tarragona) son algunos ejemplos. Incluso el Madison Square Garden contó con una réplica de este edificio en los años 20. En Kansas, ciudad hermana de Sevilla, hay una réplica de la torre.

Para acceder se debe comprar una entrada combinada para ella y la catedral. Sin embargo, merece la pena por sí misma. Por un lado queda el ascenso a la parte alta, con uno de los mejores miradores que existen en toda Sevilla. Con el Giraldillo a la vista, junto a las azucenas, es posible contemplar una ciudad que tiene un pasado que se remonta a época romana. El esfuerzo del ascenso recompensa de sobra por poder contemplar así esta urbe del Guadalquivir. Por dentro hay distintas salas que recorren las facetas de la Giralda, desde la época árabe hasta su función como campanario.

Miradores de las Setas de Sevilla

Miradores de las Setas de Sevilla. | Shutterstock

La visita externa es asimismo vital ya que uno de las características más destacadas de la Giralda es que sus cuatro caras son distintas. Un buen lugar para ello es la plaza Virgen de los Reyes. Otra alternativa es usar el moderno mirador de Las Setas. Aunque se pierde detalle al estar más alejado, permite integrar la atalaya en el skyline sevillano.