Si hay un edificio que signifique Edad Media, ese es el castillo. Son representaciones de una era de guerra cuerpo a cuerpo y feudalismo. Aunque existían faros de conocimiento, como algunas de las grandes capitales árabes o los monasterios, dominaba el ambiente un fanático oscurantismo que solo el humanismo debilitaría en parte siglos más tarde. Tal es el contexto en que se erigió el castillo de Burgalimar, en Baños de la Encina. Se considera el más antiguo de España y el segundo de Europa, un auténtico fósil del medievo con una conservación espectacular.

Vista aérea del castillo de Burgalimar, con su planta ovalada

Vista aérea del castillo, con su planta ovalada. | Shutterstock

La contrastada antigüedad del castillo de Burgalimar

Antes de que surgiera el recinto acastillado actual, el cerro en que se asienta la fortaleza omeya de Baños de la Encina ya estuvo ocupado. La Edad del Cobre y la Clásica han dejado restos reconocibles en el entorno arqueológico del castillo de Burgalimar. Su primera ocupación se cree que se correspondería con la cultura de El Argar, común en Almería y Jaén. Luego se transformaría en una ciudad defensiva íbera y finalmente en un enclave romano, posiblemente de carácter necrológico. En todo caso, no está confirmado que fuera un lugar de enterramiento, pero sí la presencia del imperio del Mare Nostrum.



Con todo, la importancia que tenía se incrementaría radicalmente en el siglo X. Fue la era del Califato de Córdoba, cuando los reinos cristianos temblaron durante décadas ante el renovado brío de los árabes. Una efervescencia que se diluyó rápidamente dejando cadáveres tan bonitos como Medina Azahara. Sea como fuere, uno de los hechos más extraordinarios de Burgalimar es que se sabe su fecha exacta de construcción. Una placa de su puerta, hoy en el Museo Arqueológico de Madrid, señala que fue en el 967, año 357 de la Hégira.

El castillo de Burgalimar con sus torres ortogonales

El castillo de Burgalimar con sus torres ortogonales. | Shutterstock

Gracias a esto o a las pocas modificaciones y daños sufridos más adelante, se considera el segundo castillo más antiguo de Europa. La UE le reconoció su carácter milenario permitiendo que luciera la bandera de la Unión. Resulta una suerte de milagro histórico que torres y lienzos permanezcan en pie, mostrando todavía el poderío califal. Aunque otras fortalezas fueran elevadas antes, no han logrado sobrevivir.

Una muestra de poder califal en Jaén

Un siglo y dos años duró el Califato Omeya de Córdoba en acción. En este tiempo le dio tiempo a arrasar Castilla, León o Navarra, saqueando incluso Santiago de Compostela. Llevó a los cristianos una sensación que parecía olvidada a finales del siglo IX, el miedo más allá del Duero. Galib y Almanzor fueron sus mayores generales y Abderramán tercero su primer líder supremo. El segundo, su hijo Al-Hakam II, fue un ilustrado califa cuyas delegaciones en los anteriormente mencionados militares llevaron a su muerte a una guerra intestina resuelta en Torrevicente, Soria.

Puerta principal del castillo de Burgalimar

Puerta principal del castillo de Burgalimar. | Shutterstock

La consolidación del poder califal de Al-Hakam II supuso la creación de varias fortalezas legendarias. A Burgalimar le acompañó por ejemplo la ampliación hasta el extremo del castillo de Gormaz. En tal punto se concentró gran parte de la atención, por permitir tener una cabeza de puente a través del Duero. Sin embargo, el dirigente aconsejado por Galib no perdió de vista el sur y elevó una serie de puntos fuertes que llegaban para proteger el eje creado por Sierra Morena, de Sevilla a Jaén.

El castillo de Burgalimar es un ejemplo perfecto de arquitectura defensiva en zona segura. Alargado y con una silueta ovalada desde en su plano cenital, se alarga 100 metros a lo largo y casi 50 a lo ancho. Torres de planta casi cuadrada vigilan todo el perímetro. En total eran 15, todas las originales que se ven hoy más otra que fue adaptada como alcázar por los cristianos más adelante. Se cree que en primera instancia eran macizas, siendo sus dueños cristianos los que les confirieron «vida interior».

Castillo de Baños de la Encina al atardecer

Castillo de Baños de la Encina al atardecer. | Shutterstock

Aunque parece de piedra de sillería, poderosa, en realidad está hecho de una especie de adobe árabe, llamado tapial. La cal era un elemento clave de tal mezcla, de tal mezcla que se generaban robustos prismas que amontonados crearon el castillo de Burgalimar. Una técnica suficiente para la misión lejana a la frontera que marcaba aquel entonces a la fortaleza. La entrada se realizaba a través de los accesos norte y sur. El más imponente es este último, con un arco califal y una intrincada estructura que hoy se presenta simplificada, pero que en el medievo suponía un infierno para cualquier asaltante. Por dentro destaca el aljibe y restos de cimientos de edificios posteriores.

Patio de armar del castillo de Burgalimar

Patio de armar del castillo de Burgalimar. | Shutterstock

El paseo del castillo de Burgalimar hasta la actualidad

En sus primeros años la fortaleza sirvió como parada ideal para ejércitos que se dirigían al norte. Su misión era atravesar el Duero por el castillo de Gormaz y ejecutar expediciones de castigo. La caída en desgracia del califato y la invasión almohade cambió esto. Pasó a tener funciones defensivas en los siglos XI, XII y XIII. Como muchos de sus compañeros, cambió varias veces de manos. Fue Fernando III el Santo, rey que unió Castilla y León, quien lo retomó definitivamente en el 1225. Entonces se fundó el pueblo al que pertenece hoy.

Durante esta época los almohades lo reforzaron y usaron extrañas triquiñuelas para hacerlo parecer más fuerte. Por ejemplo, pintarlo para que pareciera de piedra. Con los cristianos llegó cierta tranquilidad. A las órdenes de la Orden de Santiago y varios nobles pasaron los siglos. A mediados del siglo XV el extremo norte mutaría al elevarse una poderosa torre del homenaje que rompe la homogeneidad del conjunto. Se sumaba al punto fuerte interno al recinto elevado en el siglo XIV para generar un alcazarejo cristiano.

Panorama del lateral del castillo de Baños de la Encina que no da a la localidad

Panorama del lateral del castillo de Baños de la Encina que no da a la localidad. | Shutterstock

Aunque se vio inmerso en la Guerra de la Independencia, la suerte quiso que como en conflictos anteriores no sufriera daños. Más adelante, en 1931, recibió protección del estado al ser nombrado Monumento Nacional. Dicha figura ha ayudado desde entonces a poner su extensa historia de relieve. Por ejemplo, con el reconocimiento europeo nombrado al comienzo del artículo.

Actualmente supone un hito de gran interés turístico en una zona ya de por sí muy poblada de lugares históricos. Las visitas se reparten en distintos horarios, por lo que esto no es un problema, y cuentan con alternativa guiada. Cerca quedan Bailén, Montoro, Linares, Baeza, Úbeda o Andújar. Precisamente la sierra que comparte nombre con la última localidad o Despeñaperros son parques naturales cercanos notables.