Castillos como el de Burgalimar, Gormaz o Vélez-Blanco responden a lo que la mayoría se imagina del medievo. Una imagen dura, regia, casi brusca en ocasiones. No en vano, eran el centro de poder del feudalismo. Entornos defensivos dedicados a dejar claro quien mandaba sobre quien. Con todo, en ocasiones surgían ejemplos de lo más raros. El Castell de Bellver es uno de los más destacados de España. Se trata de una fortaleza del siglo XIV con un aspecto único. De planta circular, con gran simetría y de un blanco casi refulgente, se despliega sobre Palma de Mallorca.

El castell de Bellver y su torre del Homenaje

Torre del homenaje del castell de Bellver. | Shutterstock

Un castillo de posible inspiración romana

La tradición de fortalezas medievales circulares no estuvo muy extendida en la España del siglo XIV. Por eso la elección de Bellver, que significa «buena vista» en balear, ha sido una cuestión que ha llamado la atención. Su arquitecto fue uno de los más famosos que han actuado en las islas, Pere Salvá. Su talento quedó también demostrado en otro hito de Palma, el palacio de la Almudaina.



La planta y la disposición de sus torres ha llevado a pensar que se inspiró en un complejo muy antiguo. Este sería el famoso Herodión, un palacio-fortaleza edificado poco antes del cambio de era por Herodes el Grande. Este tirano hebreo, famoso por el pasaje bíblico de la Matanza de los Inocentes, dejó un legado infausto. En Belén fue donde la erigió, sobre un monte. Duró poco, hasta el 71 a.C. Entonces los romanos la destruyeron en el contexto de las revueltas protagonizadas por judíos en la zona.

Vista del castillo de Bellver desde el exterior

Vista del castillo de Bellver desde el exterior. | Shutterstock

Al tener planta circular con una torre destacada, dispuestas de forma simétrica en los puntos cardinales, se cree que Pere Salvá se fijó en ella para elevar su obra gótica. Asimismo, ambas se sitúan en lo alto de un monte, algo que por otro lado responde a un elemental factor estratégico. Sea como fuere, las similitudes que no parecen en absoluto coincidencias. Por suerte, el castillo de Bellver logró superar las trabas del tiempo y la guerra con bastante más soltura que su predecesora al otro lado del Mediterráneo.

La galería superior del castillo de Bellver desde dentro

La galería superior desde dentro. | Shutterstock

La fortaleza palaciega de Jaume II

Más allá de en dónde se inspiró, lo que es seguro es que fue a principios del siglo XIV cuando se elevó el castillo de Bellver. La iniciativa partió del monarca insular y señor del Rosellón, Cerdaña y Montpellier. Su reinado se centró en consolidar sus territorios en un intento de garantizar su supervivencia. Accedió a ellos al ser vástago de Jaime I el Conquistador de Aragón, aunque su hermano Pedro se quedó con la mayor parte del pastel. Para dar un lugar desde donde administrar sus asuntos a su estirpe es para lo que decidió erigir la fortaleza palaciega.

El material principal que se utilizó fue la piedra marés, una arenisca balear comúnmente usada en las islas. Extraída de canteras cercanas, es la que aporta la coloración al conjunto. Posee unas primeras zonas defensivas en forma de muros. Estos siguen en esencia la planta del castillo de Bellver, incluidas las torres. Una amplia zona de paso, adaptada a la guerra moderna, da paso a un foso interior que aísla al edificio principal.

La torre del homenaje del castillo de Bellver está exenta

La torre del homenaje del castillo de Bellver está exenta. | Shutterstock

Los torreones corresponden con los puntos cardinales como en el Herodión. Tres menores se despliegan en el este, oeste y sur. El del norte, en cambio, aparece exento. Se trata de la torre del homenaje o Major. Se conecta al cuerpo central a través de un paso pétreo y era el punto más prestigioso del lugar. Sin llegar al tamaño de su homónima en Belalcázar, resulta poderosa.  No obstante, no hace perder un ápice de elegancia al conjunto.

Mientras tanto, el edificio principal destaca especialmente por su patio. Como la planta, es circular y en torno a él se despliega una doble galería porticada distribuida en dos plantas. Un espacio que todavía hace más peculiar al castillo. Aquí se deja claro el carácter palaciego del mismo. Está en un buen estado de conservación, a diferencia de muchos otros monumentos del país, gracias a que ha sufrido pocos asaltos. El principal fue durante los conflictos de las Germanías. A partir de la entrada de la artillería como elemento bélico común, todo el conjunto se adaptó, aunque sin afectar en exceso a su aspecto original.

Patio del castillo de Bellver desde arriba

Patio del castillo de Bellver desde arriba. | Shutterstock

El paso al presente del castillo de Bellver

Aunque sirvió como residencia señorial un tiempo, la evolución del reino de Mallorca marcó su futuro. No perdió su carácter bélico, pero el desplazamiento a la península del poder conllevó que se usara más como una cárcel. Por él fueron pasando personajes de alta alcurnia e importancia histórica, sin ir más lejos descendientes directos de Jaume II. Uno de sus presos más conocidos fue Gaspar Melchor de Jovellanos. Su carácter hizo que se interesara tanto por el castillo como por el entorno del mismo.

Un bosque lo rodea, compuesto esencialmente de pinos. De esta forma, ayudó a concienciar a las autoridades para intervenir en su conservación. Más triste fue su papel como recinto de reclusión franquista, como San Simón en Galicia.

Castillo de Bellver y Palma

Castillo de Bellver y Palma. | Shutterstock

Una vez superado esta última fase carcelaria, volvió a concebirse como un espacio museístico. Este había sido su destino tras ser cedido al consistorio local durante la Segunda República. Algo que tardó pero acabó llegando en el último tercio del siglo XX. Reformado, permite repasar los distintos periodos de la ciudad desde la época talayótica hasta las más recientes. Bien acondicionado y conectado, dispone de cafetería así como otros servicios. Junto al pinar donde se encuentra, ofrece una mañana o tarde de visita muy agradable.

Cabe destacar las vistas que se pueden disfrutar desde las alturas del castillo. Desde este se puede contemplar buena parte de la Palma, incluyendo su puerto y catedral. Asimismo, si gusta el andar el bosque en que se enmarca la fortaleza palaciega ofrece entretenidas rutas. Al estar en la misma capital insular, es fácil realizar escapadas cercanas o combinar estas con la visita a Bellver. Inca es una gran alternativa de interior, mientras que oeste destaca Andratx. Asimismo, el Torrent de Pareis, Gorg Blau y Lluc componen una terna espectacular en plena Serra de Tramuntana.