El Castillo de Belalcázar tiene el honor de ser el castillo más alto de toda España gracias a los 47 metros de altura de su torre de homenaje. Se encuentra situado en la población del mismo nombre en la provincia de Córdoba dentro de la Comunidad Autónoma de Andalucía. Su situación, totalmente estratégica, se encuentra en medio de una arteria comunicativa entre Toledo, y Sevilla y Córdoba. Esta imponente fortificación de estilo gótico-militar es conocida también como castillo de los Sotomayor y Zúñiga, de Gafiq o de Gahete. Nombres que cuentan la historia de estos restos milenarios.

La torre del homenaje acapara la atención del castillo de Belalcázar

La torre del homenaje acapara la atención del castillo de Belalcázar. | Shutterstock

Los orígenes del castillo de Belalcázar

Construido sobre un terreno donde ya hubo una fortaleza romana y posteriormente musulmana, este castillo perteneció a la familia de Sotomayor y Zúñiga, condes de Belalcázar y señores feudales. Las primeras informaciones sitúan en el lugar la antigua población romana de Solia. Más tarde, los árabes citaron a la antigua capital de Fahs al-Ballut (Llano de las Bellotas), una de las localidades más importantes del Al-Andalus. Ese lugar fue llamado Gafiq por los cristianos, que temían la fiereza de sus habitantes. Junto con los castillos de Capilla y de Madroñiz, fue un baluarte de los musulmanes en el norte de Córdoba.

Vista de la torre del homenaje de Belalcázar desde abajo

Vista de la torre del homenaje de Belalcázar desde abajo. | Shutterstock

En el año 1236 el castillo pasó a propiedad del rey de Castilla y León Fernando III, que cambia su nombre a Gahet. La construcción actual se remonta al 1450, cuando Juan II otorgó las tierras a Gutierre de Sotomayor, Maestre de la Orden de Alcántara, en agradecimiento a sus servicios. A su muerte la fortaleza pasó a manos de su primogénito, Don Alonso de Sotomayor que casó con doña Elvira de Zúñiga, nieta del conde de Ledesma. Una vez acabada la “reconquista”, se le añadió en el s.XVI una zona palaciega de estilo renacentista ya su función  pasó a ser residencial.

Una entrada al castillo de Belalcázar

Una entrada al castillo de Belalcázar. | Shutterstock

Su declive se inició a partir de la ocupación por parte de las tropas francesas durante la Guerra de la Independencia. En 1811 una división inglesa puso sitio al castillo y produjo importantes desperfectos por fuego de artillería. Los vecinos del pueblo, temiendo males mayores, solicitaron a la condesa de Belalcázar que fueran desmanteladas las torres de la fortaleza. Buena parte de los materiales expoliados fueron utilizados para la construcción y adorno de algunas de las casas de la villa.



Una torre del homenaje única en su tipo

Situado en el interior del recinto de la primitiva alcazaba, el castillo corona la cúspide del monte y domina la planicie. De planta cuadrada y con ocho torres cuadradas, la del homenaje es la que más destaca por su altura. Tiene 17 metros de lado y 47 de altura. Gracias a ello es la más alta de toda España, dando una sensación imponente y hasta desproporcionadas.

Los dos primeros tercios son de planta cuadrada y a partir de ahí presenta aristas redondeadas. Es posible observar algún elemento similar a los de la torre de San Nicolás de la Villa en Córdoba, como las medias pirámides en las esquinas. En la parte superior se encuentran ocho garitas ornamentadas con el escudo de armas del apellido Sotomayor. Completan el diseño unas elegantes ventanas y un balcón que darían luz a los salones del interior.

Torre del homenaje del castillo de Belalcázar

Torre del homenaje del castillo de Belalcázar. | Shutterstock

Con un total de seis plantas, la cuarta y quinta conservan aun su cubierta de bóveda, restos de escudos de armas y muros de un grosor considerable. Estos dan una idea de la impresión que debió causar esta construcción entre sus coetáneos. Además, en caso de un ataque ofrecía el último refugio. Su nombre, común a todos los castillos medievales, proviene de ser el lugar donde se practicaba la ceremonia del homenaje. En esta el señor entregaba a su vasallo un feudo a cambio de auxilium et consilium. Es decir, auxilio militar y consejo político. En su vertiente renacentista, como se ha dicho, servía de residencia.

Castillo de Belalcázar

Castillo de Belalcázar. | Shutterstock

La vertiente turística del castillo de Belálcazar

Se conservan aun restos de la construcción musulmana y también la presencia de un gran foso que posiblemente rodearía toda la construcción. Un magnífico patio de armas y una gran mazmorra acreditan su pasado como fortaleza medieval. Es importante destacar la magnífica conservación de los sillares de piedra granítica del país, en los que es posible observar las marcas de los canteros. Estos “grafitis” históricos permiten dar a conocer el origen y procedencia de los obreros que lo construyeron.

El castillo tiene una única puerta que presenta un arco semicircular y sobre ella se halla una lápida de jaspe azul. El nombre de Bel Alcázar se debe a la impresionante torre del homenaje. Tanto afectó a la historia local su edificación que provocó el cambio de nombre de la villa. El estado de conservación exterior contrasta con el del interior, que es realmente deplorable. La mayor parte de artesonados no se encuentran en el lugar. Además, la mayoría fueron trasladados a finales del siglo XIX a la vivienda de don Manuel Gallego, apoderado y administrador de la marquesa de Casariego, propietaria de la fortaleza.

Torres perimetrales del castillo de Belalcázar

Torres perimetrales del castillo de Belalcázar. | Shutterstock

Entre su anecdotario, destaca la historia del primer conde de Belalcázar, Don Gutierre. Pese a haber realizado un voto de castidad tuvo innumerables amantes y, por supuesto, mucha descendencia. El incumplimiento de sus votos no impidió que el pontífice legalizara su situación. No en vano, elevó sobremanera el prestigio y la grandeza militar de la Orden de Alcántara.

Por otro lado, Cervantes dedicó El Quijote al VIII conde de Belalcázar y VII duque de Bejar, denominándolo conde de Benalcázar. Como pasa en muchos documentos de la época, cambió el prefijo “bel” por el incorrecto “ben”. Un honor más para este edificio, declarado Bien de Interés Cultural en 1985 y en propiedad de la Junta de Andalucía. Las labores de restauración en 2018 han permitido que sea un complemento muy interesante a otras moles de origen árabe, como Burgalimar en Baños de la Encina o Gormaz en Soria.