Las curiosidades que definieron a Malasaña, la gran mezcla de lo castizo y lo alternativo en Madrid

Malasaña es uno de los barrios más modernos de Madrid, pero también de los más antiguos. Se encuentra al norte de la Gran Vía y está delimitado entre la calle de San Bernardo y de Fuencarral, también muy próximo a la célebre zona de Chueca. Sin embargo, Malasaña no existe oficialmente, al menos como zona administrativa de la ciudad. En realidad, forma parte del distrito Centro y el barrio Universidad.

Malasaña Barrio

Barrio de Malasaña. | Shutterstock

La zona concentra una amplia oferta de ocio con bares, mercadillos, librerías y comercios de lo más alternativo. A estos se suman las obras de arte en forma de graffiti que decoran sus edificios y que terminan por ser el fondo de un selfie. Esta mezcla entre cultura, diversión y arte urbano en un mismo espacio reúne cada tarde, sobre todo fines de semana, a jóvenes y no tan jóvenes para disfrutar de una de las zonas culturalmente más vibrantes de la ciudad. Sin embargo, a veces pasa desapercibida la razón de ser de Malasaña, su origen. Al fin y al cabo, la historia de un barrio que surgió mucho antes de que llegaran los hipsters o la Movida.

Del barrio de Maravillas al de Malasaña

Calles de Malasaña

Una de las calles de Malasaña. | Shutterstock

En sus orígenes, esta zona llevaba el nombre de barrio Maravillas. Estaba asociado al convento de monjas Carmelitas y su imagen Nuestra Señora de las Maravillas. Quedaba, hasta finales del siglo XIX, en el corazón de sus calles, en la actual y frecuentada plaza del Dos de Mayo. Aunque el apelativo Malasaña se haya superpuesto, el Teatro Maravillas sigue rindiendo homenaje al que fue el nombre de su barrio. En 1845 cambió al nombre de Universidad, que es el actual y verdadero distrito de esta céntrica zona, aunque nadie lo conozca como tal.

Fue a partir de 1961 cuando se le comenzó a dar el nombre de Malasaña, a raíz de la calle dedicada a la joven costurera Manuela Malasaña. Esta es la historia, más bien leyenda, de un personaje muy apreciado por los madrileños, que participó en el levantamiento contra los invasores franceses en 1808. Ya en la década de los ochenta, la Movida madrileña se encargó de propagar y reivindicar el uso de aquel nombre. Uno que hoy todo el mundo pronuncia, pero muchas veces sin saber su porqué.

El personaje que da nombre al barrio más alternativo de la capital

Plaza del 2 de mayo

Plaza del 2 de Mayo. | Shutterstock

La historia de Manuela Malasaña tiene lugar en el contexto de los levantamientos del 2 de Mayo, cuando Madrid fue invadido por las tropas francesas de Napoleón Bonaparte. Cuenta la leyenda que, en aquella jornada, la joven de 17 años murió defendiendo el cuartel de Monteleón, ubicado en la actual Plaza del 2 de Mayo. Manuela era hija de un panadero de origen galo, Jean Malasagne. Este y su familia se habían ganado la estima de los vecinos del barrio Maravillas, quienes castellanizaban el nombre como Juan Malasaña. La muerte de su hija causó tal impacto entre el vecindario, que la gente quiso honorarla poniendo su nombre a una de las calles.

Daoiz y Velarde en la plaza del 2 de mayo

Daoiz y Velarde fueron oficiales de artillería del cuartel de Monteleón durante el levantamiento del 2 de Mayo. | Shutterstock

Los levantamientos del 2 de Mayo tuvieron un impacto emocional tan grande entre los madrileños que el pueblo entero se empeñó en mantener vivo el recuerdo de todos los que hicieron frente al invasor. En la plaza que da nombre a este acontecimiento histórico se encuentra la escultura de los capitanes Daoiz y Velarde, los oficiales de artillería del cuartel de Monteleón que lucharon contra las tropas francesas. Al igual que estos, Manuela Malasaña también pasó a la historia por ser una de las heroínas de la villa de Madrid. Sin embargo, sus acciones se convirtieron en leyendas urbanas. Así, como suele ocurrir, las murmuraciones se ligaron entre ellas y dieron a luz dos vertientes totalmente distintas de su figura.

Dos versiones alrededor de Manuela Malasaña

En la primera de ellas, Manuela murió por ayudar a su padre mientras le proporcionaba munición para combatir a los franceses refugiados en el cuartel de Monteleón. Mientras disparaba contra los asaltantes, una bala habría alcanzado a su hija acabando así con su vida. Momentos después su padre también perecería. Sin embargo, en la segunda versión Manuela no aparece batallando contra el enemigo. De hecho, esperó en el taller de costura donde trabajaba hasta que dejaron de oírse disparos. Al retornar a su casa, fue interceptada por unos soldados franceses. A partir de este punto de la historia, brotan algunas disconformidades en cuanto a esta segunda teoría.

Manuela Malasaña combatiendo contra los franceses

Juan Malasaña y su hija combatiendo contra los franceses. | Álvarez Domont

Algunos aseguran que la joven trató de defenderse con unas tijeras de costura. Debido a su valentía, se acabó convirtiendo en un icono de la resistencia madrileña. Pero, según la otra interpretación, Manuela fue asesinada en plena calle inmediatamente los franceses descubrieron dichas tijeras en uno de sus bolsillos y aplicaron la ley de Murat. Según esta ordenanza, toda persona que llevase armas sin autorización debía ser fusilada. De aquí que la joven muriera sin poder defenderse ante el enemigo.

El barrio de la Movida madrileña

Tribunal_metro

En los barrios de Tribunal y San Bernardo se movía gran parte de la noche madrileña de los 80. | Wikimedia

Sea o no cierto lo que cuentan sobre Manuela Malasaña, la realidad fue que finalmente su nombre quedó para siempre impreso en el barrio. En la segunda mitad del siglo XX empezó a ser cada vez más sonado gracias a las reivindicaciones de los jóvenes que protagonizaron la Movida Madrileña. Este movimiento contracultural español de los 70 y 80 se convirtió en otro de los iconos de este barrio de la capital.

En Malasaña se creó un ambiente único, impregnado por la libertad del cambio de ideología vanguardista que se estaba produciendo en la mentalidad de los ciudadanos como respuesta frente a los últimos años de dictadura. El  barrio se convirtió en el punto de encuentro de todo el movimiento independiente, basado en el arte y en el pensamiento. En los bajos de locales como Pena o Vía Láctea, hoy activos aún, surgieron nuevos grupos musicales y artísticos que marcaron a toda una generación. Entre ellos artistas como Mecano, Alaska o Almodóvar. Desde aquel entonces, Malasaña pasó de ser un barrio castizo a un barrio de lo más moderno y actual.

Aquellos años no solo destacaron por la innovación y reivindicación de los pensamientos. Las juergas y la diversión formaron parte de la creatividad de músicos y artistas, quienes aseguraban conseguir la inspiración a través del consumo de alcohol y drogas. Los excesos pronto devinieron en la muerte de cientos de jóvenes. El cantante de los Secretos Enrique Urquijo, Antonio Flores, Tino Casal y Eduardo Benavente, fueron muchos de los rostros conocidos que perdieron la vida. Entre la década de los 80 y los 90 la mortalidad relacionada con las drogas llegó a ser la primera causa entre los más jóvenes.

Modernidad y tradiciones en sus calles

Comercio de Malasaña

Uno de los comercios de Malasaña. | Shutterstock

Aunque la Movida madrileña terminó con la consolidación de la democracia en España, Malasaña sigue siendo a día de hoy un espacio de innovación y cambio. Ha pasado a la historia como un referente del ocio y de la cultura madrileña. Es el barrio con los vecinos más bohemios y modernos de la ciudad, todo un referente de la moda retro y la cultura cosmopolita. Así lo dictan sus espacios creativos, instituciones culturales y escaparates artísticos. De hecho, en los últimos años el barrio ha sido calificado como una zona hispter, el nuevo movimiento de vanguardia y de carácter innovador.

Malasaña se caracteriza actualmente por su carácter metropolitano. Así, acoge tanto a locales como forasteros de todas las edades. La amplia oferta de ocio que abunda en sus calles, alimentada por esa riqueza cultural y urbana que la caracterizan, hacen del barrio uno de los mayores atractivos turísticos de toda la capital. Por otro lado, todo ello ha llevado a que el postureo, el aparentar y la imposta, también se instale en sus calles.



Julia, la otra gran protagonista desconocida de Malasaña

Tras Julia, escultura de Malasaña

«Tras Julia», la escultura de la Calle del Pez. | Wikimedia

Al final de la Calle del Pez y reclinada sobre el Palacio Bauer se encuentra «Tras Julia». Una escultura de bronce y a tamaño natural que rinde homenaje a la protagonista de la historia asociada a la antigua Universidad Central. Es obra del artista madrileño Antonio Sanitin, quien en el año 2003 se empeñó en rescatar otro de los iconos del barrio de Malasaña. Desde entonces, Julia se ha ganado el cariño de todos sus vecinos.

El relato de esta estatua tiene lugar a mediados del siglo XIX, cuando las mujeres tenían prohibido formarse en la universidad. Durante mucho tiempo se rumoreó que había una joven estudiante que acudía a clases de Derecho en la Universidad de la Calle de San Bernardo disfrazada de hombre. Nadie supo nunca quién era ni cómo se llamaba aquella mucha, pero la leyenda la bautizó como Julia. Aunque hay quien dice que pudo ser la escritora,  jurista y activista Concepción Arenal.