Curiosamente el lugar donde habitó Lope de Vega en el número once de la madrileña calle que nombra otro de los escritores más emblemáticos del Siglo de Oro: Cervantes. Aunque quizá no le agradaría demasiado al literato, ya que aunque se admiraron en un inicio luego tuvieron una guerra declarada durante años. Fue en la casa-museo Lope de Vega donde el dramaturgo vivió y murió, dejando la casa legada a su hija. Posteriormente esta se la dejó a su hijo y no fue hasta 1931 que pasó a pertenecer a la Real Academia Española. En ese momento decidieron que debía rendirse homenaje tanto al lugar como al escritor.

Dormitorio de la casa-museo Lope de Vega.

Dormitorio de la casa-museo Lope de Vega. | Wikimedia

Por ello, empezaron una serie de reformas para acabar de transformarla en el lugar que se ve hoy en día. Es posible visitar la vivienda reconvertida a museo para admirar con gran detalle lo que fueron las dependencias del dramaturgo. Todo luce habilitado y decorado como lo estuviera en el siglo XVII. Una vez dentro, se pueden recorrer la planta baja, el primer piso, el piso abuhardillado y el jardín interior donde Lope de Vega cultivaba su huerto. De hecho, se dice que pasaba largas horas por la zona e incluso le dedicó varios poemas a la estancia.

25 años siendo el hogar del Fénix de los Ingenios

Construida en 1578, en el trozo de Madrid que hoy es el Barrio de las Letras, no vería la llegada del escritor hasta 32 años después, en 1610. La adquirió por 9.000 reales de la época y se instaló con la que fuera su segunda mujer, Juana de Guardo. Allí pasaron su vida. También conocería su muerte en este lugar Lope de Vega, ya que falleció en el que fue su hogar durante 25 años. Era el año 1635 y, como se señaló antes, transfirió su casa a su última hija, Feliciana. Esta nació en el momento en que su madre falleció, también en los aposentos de la vivienda.

Parte de la casa-museo Lope de Vega.

Parte de la casa-museo Lope de Vega. | Wikimedia

No fueron las únicas muertes que presenciaron esas paredes. Otro de los amores de Lope de Vega, Marta de Nevares, también perecería en el lugar, estando ya demente y habiendo perdido la vista. También sufriría en este rincón de Madrid una de sus grandes tragedias. Su hijo Carlos Félix murió con tan solo siete años y éste le dedicó un poema titulado A la muerte de Carlos Félix. Un claro ejemplo de cómo extraía poesía tanto de lo bello como de lo adverso. A pesar de todo, fue un espacio en el que el Fénix de los Ingenios creó varios de sus grandes textos.

Más tarde, después de que Feliciana hiciera su vida en aquel hogar, pasó a ser parte de su hijo. Luis Antonio Usátegui, nieto de Lope, la vendió a la comediante Mariana Romero, dando fin al legado familiar. Seguiría variando de dueño en el futuro. Mucho más tarde, los propietarios que la habitaban en 1862 autorizaron a la Real Academia Española a celebrar el tercer centenario del nacimiento del literato. En ese momento ya se tenía en mente reconvertir la morada en museo, pero aún tuvieron que esperar un largo tiempo.

Retrato anónimo de Lope de Vega. | Wikimedia

De residencia a museo

No fue hasta 62 años después que pasó a ser propiedad de la RAE. La última dueña fue Antonia García. Había convertido el lugar en una escuela de patronaje para niñas huérfanas y antes de su final decidió ceder el patrimonio con la idea de convertirlo en un museo. En ese mismo año el edificio se declaró monumento y tuvo lugar su inauguración. De este modo se convirtió en otro lugar emblemático para la memoria del escritor, junto con el teatro de los Basilios/Lope de Vega, un espacio que acogió más de 40 años las obras del autor.

La fachada de la casa-museo Lope de Vega.

La fachada de la casa-museo Lope de Vega. | Wikimedia

La casa-museo Lope de Vega ha tenido varias reformas y restauraciones a lo largo de los años. Por ejemplo, entre 1973 y 1975, bajo la batuta de Fernando Chueca Goitia. La última se realizó entre 1990 y 1992. Entre ellas se adaptaron el comedor, la cocina, el estrado, las alcobas del poeta o el estudio. Muchos de los lugares que se pueden encontrar ahora son tal cual eran en su época. Otras estancias han tenido que redecorarse según pistas que se han ido investigando. Muchas de ellas se basan en los escritos del mismo Lope de Vega, que solía hablar casi de cada habitación, sobre todo de la parte del jardín.

La Real Academia Española hizo un primer plan para su restauración. Incluía cuatros pasillos que daban acceso a los aposentos de los lados, pero luego se determinó que en la época en la que vivía allí el dramaturgo solo existían tres. Agustín González y Emilio Cotarelo fueron los encargados de la investigación y gestión. En cuanto a los planes de restauración, los llevaron a cabo Emilio Moya, Pedro Muguruza y Modesto López. Estos fueron el jefe de proyecto final, director de obra y ayudante respectivamente. Respecto al interior, las personas encargadas fueron historiadores de arte y literatura.

La actualidad de la Casa-museo Lope de Vega

Ahora es posible hacer una visita a la casa-museo Lope de Vega. Aunque cabe resaltar que siempre es a través de cita previa, a solicitar por teléfono o correo electrónico. Las visitas se realizan cada media hora y dura unos 35 minutos. También hay visitas especiales en otros idiomas como inglés, francés o italiano. Se recorre la estancia entera pudiendo disfrutar de la minuciosa fidelidad en cada decoración. Todo es fruto del excelente y exhaustivo trabajo de investigación y recreación de lo que fue la vivienda cuatro siglos atrás.

El estudio de la casa-museo Lope de Vega

El estudio de la casa-museo Lope de Vega. | Wikimedia

Dentro de lo que se contempla hay enseres que las Madres Trinitarias donaron al museo y guardaron durante mucho tiempo. También las obras y objetos pertenecían a Lope de Vega y fueron devueltos a su origen. La Biblioteca Nacional también donó un importante patrimonio bibliográfico del siglo XVII, pese a lo cual por ahora no se puede encontrar ningún original propio del escritor. Sí se encuentran, en cambio, obras cedidas por el Museo del Prado de Madrid, el Museo de Santa Cruz de Toledo, el Instituto de Valencia de Don Juan o del Museo arqueológico Nacional. Todas estas representan a la perfección el Siglo de Oro que protagonizó en buena medida el eterno Fénix de los Ingenios. Un mote que curiosamente le puso su enemistado Cervantes en la época en que ambos todavía se admiraban abiertamente.