La historia de nuestro teatro no puede explicarse sin la ciudad de Madrid. Una ciudad que ha visto representada, en esos escenarios que ha acogido durante casi cinco siglos, la vida que ha latido en sus calles en cada época. Arte y ciudad forman una pareja indivisible cuya historia de amor comenzó con el nacimiento de un teatro popular, un teatro para todos, que firmó el dramaturgo más importante del Siglo de Oro español. Casi 500 años después, ese teatro para todos ha evolucionado, ha variado sus formas y ha encontrado nuevas vías de expresión. Pero los escenarios de Madrid siguen siendo protagonistas, como lo son sus habitantes y lo que cada día se respira en los rincones más personales de esta ciudad que, como el mismo teatro, no ha dejado de crecer. Esta historia empieza aquí.

Frey Lope de Vega Carpio nace en Madrid un 25 de noviembre de 1562, tan solo un año después de que Felipe II concluyera que la ciudad debía ser la sede permanente de la Corte. Salvo un breve periodo de cinco años, a comienzos del siglo siguiente, esto ya no cambiaría nunca. Madrid se convertiría en nuestra capital, y a mediados del siglo XVII en una de las ciudades más pobladas de Europa. En los años siguientes, se derribó parte de la muralla para ampliar las calles, se remodelaron las zonas más antiguas, nació la Plaza Mayor que conocemos hoy y el teatro se convirtió en el principal punto de reunión y de diversión de sus habitantes.

Placa conmemorativa en honor al Corral de la Cruz, en Madrid

Placa conmemorativa en honor al Corral de la Cruz, en Madrid | Wikimedia

El Madrid del Siglo de Oro

No existía, por entonces, una clase media en Madrid. La ciudad estaba poblada por la Corte y la nobleza, que representaba casi un 20% de la población, y por el pueblo llano, que agrupaba al resto de clases sociales. Unos y otros se encontraban en ciertos intercambios comerciales, pero su modo de vida no podía ser más desigual. Y sus horizontes no podían ser más distintos.

Resulta por ello admirable el logro más atribuido a Lope de Vega: su capacidad para reunirlos a todos. La maestría con la que consiguió, a través de más de mil obras escritas, crear un teatro para todos. Un teatro para el disfrute y la comprensión de todos. Para que disfrutara el Rey y para que disfrutara el mendigo, como tanto se ha repetido a lo largo de los siglos. No eran semejantes, pero encontraron en las creaciones de Lope un punto en común. Y Madrid disfrutó durante estos años de este regalo.

Hasta ese momento, ese pueblo llano no tenía a su disposición una diversión pública, así que el teatro se convirtió en el centro del entretenimiento madrileño. Los autores (lo que hoy entendemos como directores de compañías), los dramaturgos y los actores gozaron de gran popularidad. Así, con el paso de los años, las compañías teatrales empezaron a multiplicarse.

También se multiplicaron los corrales de comedias, donde se representaban las obras. Estos lugares tenían una estructura primitiva: un escenario con un tejadillo situado en un patio al aire libre donde los espectadores buscaban su sitio, de pie. Los hombres delante, las mujeres detrás, los más acaudalados en los balcones de los edificios que cerraban ese patio. Estos corrales reunían a todos los habitantes de Madrid. No eran espacios especialmente cómodos, pero podían albergar un número importante de espectadores. De estos espectadores dependía el éxito de lo representado, pues éstos decidían, con sus gritos o sus abucheos, la calidad de las obras que presenciaban.

Poco a poco proliferaron también las representaciones privadas para la nobleza o la realeza, pero lo que caracterizó al Madrid de la época fueron estos corrales. De estos espacios hoy solo queda el recuerdo. Y algunas huellas del pasado: el actual Teatro Español fue, un día, en 1583, el Corral del Príncipe.

Teatro Español en Madrid

Teatro Español en Madrid | El propio teatro

El dramaturgo de Madrid

Lope de Vega es la figura más representativa de esta época por muchas razones. Su fama en el Madrid del Siglo de Oro fue incuestionable. También su talento a la hora de reunir el sentir popular para llevarlo a los escenarios. Lope comprendió pronto que debía crear un teatro para el pueblo, del que se sentía parte. Del que formaba parte. Por esto mismo, y por la indudable calidad a la hora de ejecutar este sentimiento, su nombre y sus obras se popularizaron. Su impresionante capacidad de trabajo (se le atribuyen más de 1.800 obras teatrales), la belleza de sus representaciones y la emoción que siempre otorgó a cada una de éstas logró que fuera reclamado por ese pueblo llano y también por las clases altas. Lope de Vega fue el dramaturgo de Madrid.

Si supo unirlos como pueblo fue, como decimos, porque él mismo perteneció a un pueblo que, además, no tenía conciencia de clase. Tampoco conocía otro sistema de valores que el promulgado por la nobleza, a la que todos querían pertenecer aunque fuera en sus escalafones inferiores. Este público no tenía ningún interés en asistir a un pormenorizado análisis de la sociedad en la que vivían, de sus miserias y sus defectos. Querían entretenerse, verse en el escenario pero de manera superficial. Gustaban de lo pintoresco, lo característico pero inocente, casi caricaturesco.

Así, en sus obras narró historias de amor, de honor, de fe, de miedos, injusticias y deseos. Narró para el pueblo. Trabajó para el pueblo. El dinamismo con el que envolvió todas estas creaciones, una apuesta muy clara por la acción por encima de la reflexión, y una escenografía inclinada hacia el espectáculo hizo el resto. Ese pueblo de Madrid de comienzos del siglo XVII buscaba entretenerse, Lope lo sabía y tenía talento suficiente para lograrlo. Lo logró, de hecho, durante cuatro décadas.

Casa-Museo Lope de Vega en Madrid

Casa-Museo Lope de Vega en Madrid

Lope de Vega murió en Madrid, un 27 de agosto de 1635, a los 72 años. Vivió una larga vida dedicada a la escritura, al amor, a la fe y a la ciudad. Miguel de Cervantes, compañero y también algo parecido a enemigo, escribiría de Lope aquello de “monstruo de la naturaleza”, pero también nos dejó una buena definición de lo que fue esta figura de la literatura. «… llenó el mundo de comedias propias, felices y bien razonadas, y tantas que pasan de diez mil pliegos que tiene escritos, y todas (que es una de las mayores cosas que puede decirse) las ha visto representar». Madrid también las vio representadas. Madrid creció con Lope, y el teatro creció con ambos.

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