Libertad y sentimiento en el Madrid de José Zorrilla

Teatro Español

Fueron muchos los autores que se rebelaron frente al neoclasicismo de Moratín, frente a su habitación en Madrid y sus normas sobre los escenarios. El movimiento romántico surgió en las primeras décadas del siglo XIX, y vivió al margen del deseo moralizador, instructivo y educativo del teatro visto hasta el momento. Rompió las reglas establecidas sobre cómo desarrollar una u otra obra, apostó por los sentimientos como hilo conductor y llevó siempre la libertad por bandera. Fueron tiempos de creaciones individualistas en las que no importaba tanto el sentir de la sociedad como el yo, el uno mismo.

Alemania fue el país europeo en el que surgió esta corriente literaria que encontraría formas de expresión en todas las artes. Hacia 1820, el romanticismo estaba presente en todo el continente. Narrando sobre las tablas historias de amores apasionados que chocaban con las sociedades en las que tenían que vivir esas historias. Por eso, generalmente, acababan en tragedia. No fue hasta años más tarde cuando se hizo un hueco en nuestros propios teatros, y costó que fuera así. Tuvo que llegar un dramaturgo que, estableciendo diferencias significativas y salvando las distancias, logró algo similar a lo que Lope de Vega logró en su día: poner de acuerdo al público.

 

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