Aunque en la actualidad ya no sean tan conocidos, los corrales de comedia fueron una pieza fundamental para la cultura durante el Siglo de Oro. En esa época, las representaciones teatrales no eran como las que existen hoy en día. Antes de la proliferación de los corrales de comedia, las obras se interpretaban en las calles, las plazas o en los domicilios de los más pudientes. Hasta que, a finales del siglo XVI, llegaron estos espacios en los que todas las capas sociales se reunían para disfrutar de las mismas obras.

En Madrid abundaron los corrales de comedia pero, de los varios con los que contó la capital durante el apogeo de estos espectáculos, no se conserva ninguno. Al menos, dentro de la Comunidad de Madrid, todavía se puede encontrar el Corral de comedias de Alcalá de Henares, en el que aún se representan obras.

Lejos de las fronteras de la capital también proliferaron estos lugares. Ciudades como Barcelona, Sevilla o Zamora contaron con uno o varios de estos centros. Pero es en Almagro, en Ciudad Real, donde hay un corral de comedias que funciona como auténtico ejemplo de conservación. Este teatro, que junto al de Alcalá de Henares es el único que pervive, celebra cada año el Festival de Teatro Clásico de Almagro, donde se busca reavivar la tradición teatral de los siglos XVI y XVII.

El actual Teatro español de Madrid fue en el pasado el corral de comedias de la Pacheca

El actual Teatro español de Madrid fue en el pasado el corral de comedias de la Pacheca. | Wikipedia

Madrid, capital del Siglo de Oro

Aunque en Madrid ya no se conserven los corrales de comedia sí que se tiene numerosa documentación sobre estos lugares. En concreto, fue sobre estos escenarios donde se desarrolló la dramaturgia del Siglo de Oro. Autores como los de Lope de Vega, Juan del Encina, Tirso de Molina o Calderón de la Barca pudieron enseñar al público sus obras en estos escenarios privilegiados. Así, en el último cuarto del siglo XVI la capital contaba con seis corrales abiertos, siendo los más populares el corral de comedias de la Pacheca (actual Teatro Español), el de la Cruz y el del Príncipe. Estos centros se encontraban en el antiguo barrio de las musas, conocido en el presente como Barrio de las Letras.

En sus comienzos, los corrales de comedia estaban gestionados por cofradías religiosas, que buscaban utilizar los ingresos que generaban las representaciones para cubrir los gastos de los hospitales que gestionaban. Además, también pretendían ejercer un control ideológico sobre las obras. Algo que no podían hacer cuando las representaciones se hacían en las calles. Se tiene constancia de, al menos, dos cofradías. Una de ellas era conocida como Cofradía de la Soledad y la otra como Cofradía de la Pasión, que era la que gestionaba el corral de la Pacheca. Fue a mediados del siglo XVI cuando Felipe II ordenó que las cofradías utilizasen patios de vecinos como corrales de comedia. Pero, en 1615, Felipe III decretó que, en lugar de estar intervenidas por entidades religiosa, pasasen a ser gestionados por el ayuntamiento de cada villa.

A pesar de este cambio administrativo, el tejido para conformar las artes escénicas ya había nacido. En Madrid, la gente acudía cada día a los corrales de comedia. Así, aprovechando el camino que habían allanado los monarcas precedentes, Felipe IV decidió apoyar a estas instituciones y a los espectáculos teatrales. La habilitación de nuevos escenarios para llevar a cabo representaciones, como es el caso de la Plaza Mayor de Madrid o el Coliseo del Buen Retiro, unido a la profesionalización del gremio de actores y dramaturgos, impulsó la calidad teatral de los corrales madrileños.

Corral de comedias de Almagro

En los corrales de comedia se representaron las obras del Siglo de Oro español. | Shutterstock

Historia y tradición sobre las tablas

A pesar del interés del público y del gran momento de creatividad que se vivía sobre las tablas, en más de una ocasión se barajó la posibilidad de cerrarlos debido a los incidentes que ocurrían durante las representaciones. La demanda del pueblo era tan elevada que nunca se pudo llevar a cabo el cierre de estos espectáculos. En sus orígenes, los corrales de comedias no eran más que patios interiores de casas de vecinos en los que se aprovechaba para levantar un escenario. Por tanto, carecían  de techo y solamente contaba con un pequeño toldo para cubrir el escenario del sol, ya que estas obras comenzaban a primera hora de la tarde, para aprovechar la luz.

El público se dividía en diferentes localidades, según el estatus social o el sexo. Los nobles se situaban en la parte más elevada, en los balcones o aposentos. Muchas veces contaban con una celosía para poder ver sin ser vistos. Por su parte, el público más humilde presenciaba la obra desde el patio central y veía el espectáculo de pie. En esa zona también estaban los Mosqueteros, el tipo de público más temido. En caso de que la obra no fuese de su agrado podían abuchear o lanzar huevos y fruta podrida a los actores. Las mujeres se situaban en la cazuela, lo que hoy se conoce como el gallinero. En las gradas, los asientos que están alrededor del patio, se sentaban familias de artesanos con mayor poder económico.

El Corral de comedias de Almagro es uno de los mejor conservados, junto al de Alcalá de Henares

El Corral de comedias de Almagro es uno de los mejor conservados, junto al de Alcalá de Henares. | Shutterstock

Pero, además de la obra, durante las representaciones el público podía beber y comer entre acto y acto, momento en el que se aprovechaba para tocar música. La bebida más popular del momento era la aloja, un tipo de hidromiel que se adquiría en el mismo corral. Estaba elaborada a base de agua, miel y hierbas aromáticas y, aunque estaba prohibida la venta de alcohol, se solía mezclar con vino. Para acabar la jornada, antes del anochecer y después de la obra, había un baile de máscaras interpretado por los actores denominado como mojiganga.

El corral de comedias de Alcalá, todo un clásico

Pero el paso del tiempo hizo que estos lugares fueran cayendo en desuso. Una de las principales causas de su deterioro es que las condiciones arquitectónicas nunca fueron las más adecuadas para llevar a cabo estas actuaciones. Así, en el siglo XVIII, la mayoría de los corrales de comedia estaba en muy mal estado y algunos acabaron sufriendo incendios. Para remediar esta situación, se acometieron obras de restauración y muchos se transformaron en los teatros que se conocen en la actualidad.

Corral de comedias de Alcalá

Alcalá de Henares reabrió su corral en el año 2003, después de una larga rehabilitación. | Wikipedia

Quedan pocas muestras de los antiguos corrales de comedia originales. Pero el de Alcalá de Henares, con más de 400 años de historia, es un ejemplo perfecto de cómo eran estos espacios. Aun así, no siempre tuvo la misma función. Si se fundó como corral de comedias en 1601, desde 1769 funcionó como coliseo techado. En 1831 pasó a ser un teatro romántico y, antes de su puesta a punto actual, fue una sala de proyecciones cinematográficas entre 1927 hasta 1980, año en que el Ayuntamiento recuperó la propiedad cuando estaba a punto de ser derribado.

Tras un largo trabajo de documentación e investigación, llevado a cabo por Miguel Ángel Coso Marín, Mercedes Higuera Sánchez Pardo y Juan Sanz Ballesteros, se comenzaron los trabajos de restauración. El Ayuntamiento de Alcalá de Henares convocó un concurso internacional para rehabilitar el edificio en 1989. La intención era que se respetase la historia que había tenido el edificio. El arquitecto responsable de este proyecto fue José María Pérez González, también conocido como Peridis, popular por su faceta de dibujante. Después de más de 20 años de trabajo, en junio de 2003 se reinauguró uno de los corrales de comedias más antiguos de España.