“¡Ah! Mármoles que mis manos pulieron con tanto afán, mañana os contemplarán los absortos sevillanos; y al mirar de este panteón las gigantes proporciones, tendrán las generaciones la nuestra en veneración”. Con estas palabras habla de Sevilla uno de los personajes de Zorrilla en su famosa obra Don Juan Tenorio, inspirada en la capital andaluza. Más de 170 años después de publicarse el libro, las calles y monumentos por los que transitaban los personajes de aquella obra de teatro siguen teniendo la veneración de quien se pasea hoy por ellas. 

El barrio de Santa Cruz se extiende a lo largo de cuatro kilómetros cuadrados y es el casco antiguo más grande de España y de los más grandes de Europa, junto con Venecia y Génova. Por sus avenidas discurren vestigios romanos, musulmanes, católicos y judíos, y en sus muros se instaló la segunda judería más amplia de España, después de la de Toledo. La historia campa a sus anchas entre naranjos, calles estrechas y majestuosos monumentos. 

La ciudad de Sevilla

La catedral y la giralda en la ciudad de Sevilla | Shutterstock

La historia de Santa Cruz de Sevilla

Primero fueron los romanos. Después, los visigodos. En el año 711 Sevilla pasó a formar parte del reino musulmán de Al-Ándalus, y en el Siglo XII pasó a ser gobernada por la dinastía almohade. Ya en 1.248 Fernando III de Castilla conquistó Sevilla, convirtiéndose esta en una ciudad eminentemente católica hasta nuestros días.

Todas estas civilizaciones convivieron a su vez con la comunidad judía. Aunque existen vestigios de la existencia de esta minoría en España desde la época romana, no es hasta la llegada de los musulmanes que se desarrolla el barrio judío. Los semitas ayudaron, además, a perpetrar la conquista de Sevilla. Durante estos años la judería de Sevilla se convirtió en una de las más pobladas del siglo XI —con unos 3.000 judíos—, y sus habitantes se dedicaban sobre todo a la artesanía, la medicina, la agricultura y a la recaudación y préstamo de capitales. 

Pero en el siglo XII los almohades impusieron grandes restricciones contra ellos. Muchos decidieron huir al norte de España. Hasta que, con la reconquista de Fernando III, la comunidad judía volvió a resurgir. Entre los siglos XIII y XIV los semitas incentivaron la economía de Sevilla y fueron recompensados, sobre todo por el rey Alfonso X. Se ubicaron en la que hoy es la actual judería, delimitada por muros y pegada al Alcázar, desde donde se pretendía proteger a la población de amenazas externas. El monarca también otorgó al pueblo judío tres mezquitas para que las convirtieran en sinagogas. En la actualidad, quedan solo dos, reconvertidas a su vez en iglesias: San Bartolomé y Santa María la Blanca. 

Sin embargo, la fama y el poder que esta minoría adquirió fueron fraguando el odio hacia ellos, hasta que en 1.391 un asalto al barrio judío, que se extiende más allá de las paredes de Santa Cruz, acabó con la vida de alrededor de 4.000 judíos. Cuando los Reyes Católicos llegaron al poder emitieron un decreto en 1.492 por el cual los semitas debían abandonar el país en cuatro meses o convertirse al catolicismo. Entre 150.000 y 200.000 se fueron. Los que se quedaron, en su mayoría, cambiaron tanto de ciudad como de apellido. Muchos tomaron nombres de árboles. Así, existen los apellidos de Naranjo, Perales, Manzano… 

La antigua judería en el barrio de Santa Cruz de Sevilla

La antigua judería en el barrio de Santa Cruz de Sevilla | Shutterstock

Las calles de Santa Cruz

Santa Cruz de Sevilla es un barrio que refleja el pasado de su historia en el que conviven características de la arquitectura islámica y mudéjar, entre otras. En sus calles y plazas, como parte de la cultura musulmana, los naranjos dan color al empedrado y las fuentes llenan el lugar de un leve rumor, solo atenazado por los miles de turistas que recorren sus entrañas. 

En la judería las casas se arremolinan unas sobre otras hasta cercar calles muy estrechas y laberínticas por las que perderse. Se cree que estas construcciones se debieron al poco espacio de construcción, así como a la sombra que proporcionan en una Sevilla muy calurosa.

Los monumentos del barrio: Patrimonio de la Humanidad

Además de sus calles y plazas, en Santa Cruz se encuentran varios de los edificios más relevantes de la ciudad andaluza. En primer lugar, cabe destacar la Catedral de Santa María de la Sede, la catedral gótica más grande del mundo. Este edificio fue construido sobre los restos de la Mezquita de Sevilla, de la que aún se conservan el patio de los Naranjos y el alminar, rebautizada como la Giralda. Esta última, levantada en el siglo XII, conserva en su parte inferior la construcción árabe. La parte superior, sin embargo, data del siglo XVI en época cristiana, cuando pasó a convertirse en campanario.

Catedral de Sevilla

La Catedral de Sevilla | Shutterstock

El Real Alcázar de Sevilla también es uno de los monumentos enclavados en el barrio de Santa Cruz. Se trata de un conjunto palaciego en el que conviven el estilo islámico, mudéjar y gótico con elementos renacentistas, manieristas y barrocos. Es la residencia de la familia real cuando visitan la ciudad, lo que la convierte en el palacio real en uso más antiguo de Europa

En 1987 la UNESCO declaró a estos edificios, el alcázar y la catedral, junto con el Archivo de Indias, Patrimonio de la Humanidad. Este último edificio, el Archivo de Indias, se construyó en 1785 por orden de Carlos III con la intención de aunar toda la documentación referente a la administración de los territorios ultramarinos españoles. El rey eligió la ciudad debido a su gran actividad comercial con América.

Patio en el interior de el Real Alcázar de Sevilla

Patio en el interior de el Real Alcázar de Sevilla | Shutterstock

El Hospital de los Venerables y los Jardines de Murillo

También se encuentran, entre las delimitaciones de Santa Cruz, el Hospital de los Venerables y los Jardines de Murillo. En el primer caso se trata de un edificio barroco del siglo XVII que hacía las veces de residencia para sacerdotes y que, en la actualidad, alberga al Centro Velázquez. Entre las paredes de este monumental inmueble, con bóvedas salpicadas de pinceladas y un hermoso patio en su centro, aguardan obras de artistas históricos como Velázquez, Murillo o Zurbarán junto con obras más contemporáneas, como las de la pintora Carmen Laffón. Los Jardines de Murillo, por su parte, constan de 8.500 metros cuadrados que tiznan de color verde el entramado de Santa Cruz.

Interior de el Hospital de los Venerables

Interior del Hospital de los Venerables | Shutterstock

Leyendas y artistas en Santa Cruz de Sevilla

“Lo malo no es que los sevillanos piensen que tienen la ciudad más bonita del mundo. Lo peor es que puede que tengan hasta razón”, dijo el autor Antonio Gala sobre la capital

No es Gala el único artista prendado de Sevilla. En sus calles se inspiraron pintores como Sorolla. Diego Velázquez, nacido aquí, también se sirvió del esplendor de Sevilla del siglo XVII para desarrollar sus dotes. Asimismo, el pintor Bartolomé Esteban Murillo nació en la capital. Situada en el número ocho de la calle Santa Teresa, en el barrio de Santa Cruz, se encuentra la Casa de Murillo, penúltima residencia familiar del artista.

Por las calles de este barrio, además del arte y los edificios imponentes, corren a sus anchas las leyendas. La más sonada quizás sea la de Sosana, una mujer judía que traicionó a los suyos por un hombre cristiano que, finalmente, se dice, la abandonó. Y es que en Sevilla no falta de nada.