Al sur de la península se encuentra una ciudad cuya historia habla a través de sus cuantiosas construcciones civiles y religiosas de decoración recargada y grandes ornamentaciones. Se trata de la urbe sevillana de Ecija, considerada como la ciudad más barroca de Andalucía. El esplendor económico y artístico que gozó durante el siglo XVIII le concedió a este periodo el título de «siglo de Oro ecijano«.

La llegada de la nueva dinastía de los Borbones a España supuso un auge patrimonial para todo el país. La concentración de la propiedad entre el poder eclesiástico y aristocrático derivó en la concesión de numerosos títulos nobiliarios y, por ende, la construcción de numerosos palacios, casas nobiliarias, iglesias y conventos. Ecija fue una de las grandes beneficiadas, por lo que su casco histórico guarda algunos de los tesoros barrocos más notorios de España. Conocerlos conforma un exquisito recorrido.

Torre de Ecija

Una de las torres que vigila la ciudad sevillana de Ecija. | Shutterstock

Entre las joyas más preciadas de Ecija se encuentran sus once torres barrocas, que son las que le dieronla fama. Estas fueron dañadas en 1775 por los efectos del terremoto de Lisboa. No obstante, merece especial mención todo el conjunto de casas-palacios que presenta, pues son verdaderos monumentos artísticos que conforman una gran galería de arte barroca, la mejor de toda Andalucía. El Palacio de Peñaflor, el de Benamejí y el de Santaella requieren especial atención tanto por su estilo arquitectónico como por la similitud histórico-estilística que guardan.

Palacio de Peñaflor

Palacio de Ecija

La arquitectura ficticia que decora el Palacio de Peñaflor. | Shutterstock

Construido alrededor del año 1770, el Palacio de Peñaflor se presenta como emisario directo de la época dorada en Ecija. Fue residencia hasta 1950 de la Casa de Peñaflor, una de las grandes fortunas de España y que recibió uno de los más de 30 títulos nobiliarios que se afincaron en el municipio. Desde entonces, el palacio ha sido rehabilitado y se abre para el público en ocasiones especiales. En 1962 fue declarado Monumento Histórico-Artístico y está protegido como Bien de Interés Cultural.

Palacio de Peñaflor

Portada del Palacio de Peñaflor. | Wikimedia

El edificio se sitúa en una de las calles más céntricas, muy cercana a la plaza mayor. Destaca por sus formas curvas y por la profundidad de su fachada. Esta presenta una amplia arquitectura horizontal que rompe con los volúmenes en altura de la portada, que aparece adintelada con columnas sobre basamento que sostiene un frontón. Por lo que adquiere así una gran monumentalidad. En la parte más alta se aprecia el escudo de sus fundadores.

Pero no hay nada tan llamativo como la decoración pictórica que presenta todo el edificio, haciendo uso de una exquisita arquitectura ficticia. El carácter barroco del mismo se acentúa gracias a la gran balconada de 60 metros de longitud. Esta queda flanqueada por columnas salomónicas sobre cabezas de leones.

Palacio de Peñaflor cúpula interna

La cúpula que preside el interior del edificio. | Palacio de Peñaflor

Por otro lado, no menos importante, está la decoración interna del Palacio de Peñaflor. Sus estancias guardan un programa decorativo sugerente, sobre todo el que acoge la escalera de acceso a la planta alta. No obstante, es su cúpula la que domina toda la atención de este espacio. Realizada por Cristóbal Portillo a finales del s. XVIII, está dividida por ocho costillas unidas al centro por una flor y decoradas con yeserías. Es muy similar a la que hay en el Palacio de Santaella.

Palacio de Benamejí

Palacio de Benamejí

Palacio de Benamejí. | Wikimedia

Es uno de los mejores ejemplos de arquitectura civil barroca española y una de las grandes joyas del siglo dorado de Ecija. Fue propiedad de los marqueses de Benamejí y más tarde pasó a manos de los Condes de Valverde. Se trata de un palacio de grandes dimensiones y de planta irregular fechado en el siglo XVIII, que en 1994 fue reconocido como Bien de Interés Cultural y Monumento Nacional.

Presenta una fachada marcadamente horizontal de ladrillo y zócalo de piedra. No obstante, las dos grandes torres de los extremos rompen con esa monotonía y acentúan la verticalidad del conjunto. El centro lo preside una gran portada, la más escenográfica y monumental de Écija. Cuenta con dos alturas y está flanqueada por columnas corintias que dan lugar al balcón. Por encima, destaca un paramento curvo acusado que se eleva sobre el resto de la fachada y centra un vano ricamente decorado en el que se aloja el escudo de armas de los marqueses de Benamejí.

Palacio de Benamejí

Entrada al Palacio de Benamejí. | Wikimedia

Al traspasar la portada, un inmenso arco da paso al apeadero y a la escalera principal formada por tres arcos sobre columnas dóricas. El Palacio de Benamejí hoy alberga el Museo Histórico Municipal, aunque con anterioridad también acogió la Remonta Militar. Hay nueve salas de arqueología, entre las que destaca el Salón de los Mosaicos. Se trata de la exposición de mosaicos más importante de todo el Occidente romano, tanto por su variedad y dimensiones como por las cualidades casi pictóricas que presentan sus piezas.

Palacio de Santaella

El Palacio de Santaella es otra de las grandes mansiones ecijanas de gran suntuosidad. Construida en el primer tercio del siglo XVIII,  fue propiedad del Marqués de Santaella y posteriormente de los Condes de Puerto Hermoso. Es de sumo interés la gran portada labrada en piedra de la fachada. Contiene elementos ornamentales singulares en figuras antepuestas a las pilastras a modo de cariátides, que enaltecen el escudo heráldico de la familia. En uno de sus laterales se ubica un retablo callejero decorado con pinturas murales con la advocación de la Virgen de Valvanera que posee todo el encanto de la época.

Cúpula del Palacio de Santaella

Cúpula del Palacio de Santaella. | Wikimedia

Guarda una estrecha relación con el Palacio de Peñaflor en cuanto a la arquitectura de su interior, especialmente en la escalera de acceso a la planta superior. Pero nada más llamativo como la cúpula de tambor, adornada con yeserías policromadas que poseen una ornamentación floral y paisajística. Es también de admirar la carpintería de sus puertas talladas, que le confieren una de la señas de identidad de este edificio palaciego.