En el Teatro Romano de Cartagena hace mucho tiempo que no se representan dramas ni tragedias en su scaena, ni hay público en su graderío. Han pasado siglos desde que entre sus piedras resonaron los últimos aplausos, las postreras palabras de autores latinos, que declinaban estilos y construían historias estructuradas en mármol y arenisca.

Finalizaba el siglo I a. C cuando esta localidad murciana, convertida en colonia romana, recibió el nombre de Cartago Nova, por orden del emperador Augusto. Desde entonces han transcurrido calendas e idus. Muchas aves han volado sobre el pasado, portando un antiguo mensaje hacia un futuro de museos e historia.

El destino ha recogido el testigo de aquel augurio y lo ha traído hasta un presente donde el Teatro Romano de Cartagena vuelve a brillar. Después de muchos siglos el teatro ha vuelto a escena entre murallas púnicas, restos de mercados y hasta una catedral, la de Santa María la Vieja.

Símbolo de la romanización de Augusto

Con Cartagena convertida en colonia romana en el año 44 a. C, el emperador Augusto decidió transformar la ciudad en un símbolo del poder romano sobre la Península Ibérica. No quiso escatimar en culto a egos y regalos y dedicó a sus nietos, Lucio y Cayo César, la construcción de un teatro con capacidad para 6000 espectadores. Todavía hoy se adivinan sus nombres principescos, grabados sobre dinteles de mármol gris, en las puertas de entrada este y oeste.

Detalle del graderío del Teatro Romano de Cartagena

Detalle del graderío del Teatro Romano de Cartagena | Shutterstock

Este tributo a la juventud parece, hoy en día, una ironía que la erosión del tiempo no ha conseguido borrar, ni ignorar siquiera. Pero, en realidad, quizás solo es la manera que ha encontrado la historia de decir que el pasado importa, y todavía tiene mucho por mostrar. Así lo hizo, reclamando su lugar, alto y claro, paralizando la construcción del Centro Regional de Artesanía.

Surgió, delicado y cubierto de polvo de polen, como el interior escondido de una flor, entre suaves pétalos medievales y bizantinos. Deshojando uno a uno cada vestigio, cada resto, allí estaba. Esperando la llegada de un poeta, un actor, un descubridor de lo que un día fue.

Lo que en principio comenzó como la sustitución de un anfiteatro de la época republicana, por una imaginación imperial de materiales nobles y grandes dimensiones, finalmente fue mucho más. El segundo teatro más grande por detrás del de Sagunto, e igualado en fama y majestuosidad al de muchos otros que ocupan la geografía de la Hispania Romana. Algunos todavía siguen ocultos, como el de Lugo, en las profundidades subterráneas de la Plaza Mayor, al igual que lo estuvo el de Cartagena durante siglos.

Pero el silencio de las piedras llegó a su fin en 1998, dejando entrever la grandiosidad del mármol blanco, cuyo grabado se encargó, posiblemente, directamente en Roma. Al emperador Augusto le encantaría saber que su obra no quedó en nada, que la huella artística de su imperio,bella y profunda, sigue siendo reconocida. Para la posteridad queda el Premio Europa Nostra de la Unión Europea, otorgado en el 2010, a la conservación del Teatro Romano de Cartagena.

Viaje en el tiempo hasta el siglo I a. C

Cae la tarde, templada, sobre una Cartago Nova primaveral y más imperial que nunca, gracias al gran teatro, excavado en el Cerro de la Concepción. Una cávea enorme, de casi 88 metros de diámetro, esperaba a un aforo ansioso por asistir a la representación de una comedia de Plauto.

Siguiendo el modelo de Vitrubio, el teatro se dividía en distintas zonas, muchas de las que todavía pueden intuirse, e incluso contemplarse hoy en día, preservadas en una cápsula del tiempo natural. Una doble columnata profusamente decorada sostenía el frente escénico. Delante y detrás, orchestra, proscenio y pórtico, mostraban un colorido que delataba la identidad de sus materiales. Calizas y mármoles de Torre Pachecho, travertino rojo para las columnas, y arenisca de las canteras locales cercanas a la ciudad.

Influencias griegas acariciaban las superficies de las esculturas talladas en mármol pentélico blanco, pero ahí comenzaba y terminaba la influencia helénica sobre este lugar. Pues, en el teatro romano, a diferencia de lo que ocurre en la escena griega, la comedia siempre sale vencedora sobre la tragedia.

Detalles de las columnas del Teatro Romano de Cartagena

Detalles de las columnas del Teatro Romano de Cartagena | Shutterstock

Las excavaciones sacaron a la luz muchas de estas esculturas, gracias a su reutilización en diversos momentos posteriores al teatro. Durante el período en que el Cartagena fue la provincia romana Carthaginense, sobre el teatro se construyó un mercado, aprovechando ubicación y materiales, convirtiendo la orchestra en plaza principal.

Pero, a pesar del devenir de los tiempos, siglos después Apolo todavía toca la cítara, petrificado en mármol. Mientras su cortejo, las Gracias, las Musas y las Horas, permanece a la expectativa de nuevos visitantes. Desde un altar, como un Olimpo de piedra , Júpiter, Juno y Minerva ocupan su divino tiempo en contemplar los cambios de la vida. Un relieve esculpido en honor a Ilia o Rea Silvia, legendaria madre de Rómulo y Remo, completa, junto a hermosos capiteles corintios, el conjunto monumental.

Imaginar al público traspasando las puertas de Lucio y Cayo César, llenando los pasillos de acceso, esperando el comienzo de la función, impresiona a cualquiera. El sol se pone en el horizonte de la Bahía de Cartagena, sobre las murallas marítimas que continúan protegiendo uno de los puertos naturales más impresionantes del Mediterráneo. Bajo las aguas también habla Roma, tomando la forma de barcos hundidos y pensamientos de marineros naufragados entre el espesor de la posidonia. Los susurros se mezclan con las corrientes marinas y, los días de más oleaje, se confunden entre la espuma, pero es fácil entender que su deseo es ser escuchados.

La Cartago Nova del teatro

El Teatro Romano destaca entre los descubrimientos arqueológicos de una ciudad donde se hilvanan muchas historias y se han tejido los destinos de muchos. Pero hay más pistas que seguir para adivinar la Cartago Nova escondida bajo el callejero de la Cartagena actual, empezando por la Casa de la Fortuna.

Una domus romana, datada en el siglo I a. C, abre sus puertas a quien quiera conocer cómo se vivía en la época de esplendor del gran teatro. Es fácil imaginar a sus habitantes, saliendo una noche veraniega, dispuestos a aplaudir una nueva representación, desde un lugar de privilegio en la cávea.

Es posible pasear sus estancias y visualizar banquetes mientras se retrocede en el tiempo, contemplando las paredes adornadas con murales y mosaicos repletos de cisnes y granadas. En los dormitorios, la sala de representación o el comedor se mantienen algunos objetos personales, que humanizan la domus y acercan costumbres de la época.

Para proseguir el viaje atrás en el tiempo en pos de la Cartagena romana, el visitante debe seguir caminando, siguiendo un Decumano, bajo la Plaza de los Tres Reyes. Desde este calle principal podía llegarse al puerto o continuar hasta las termas del Cerro del Molinete, que hoy es la calle de las Hondas. Muy cerca está la conocida Casa del Atrio, con sus dos plantas decoradas con ricas pinturas.

Antiguas ánforas en el Barrio del Foro Romano

Antiguas ánforas en el Barrio del Foro Romano | Shutterstock

Pasear las calles de Cartagena a veces puede convertirse en un ejercicio espiritual, casi cósmico, en el que, por momentos, pueden llegar a confundirse imaginación y realidad. El síndrome de Stendhal es un riesgo que hay que afrontar si se recorren estas calles, diseñadas para la admiración y el asombro.
En la región de Murcia se cartografían espacios naturales, riqueza gastronómica, pasos de civilizaciones con nombres propios. Y en medio de este mandala de tiempo y color, Cartagena aparece como una geometría única y brillante. Habitada desde tiempos remotos, crisol de culturas, puerta abierta a una costa salpicada de playas y fondos coralinos. La historia de Cartagena revela huellas de fenicios y tartesos, generales partiendo en expedición sobre majestuosos elefantes, conquistas que la igualaron a Tarraco y Corduba, en el curso de una poderosa romanización.

Vista del Teatro Romano de Cartagena

Vista del Teatro Romano de Cartagena | Shutterstock

Hay mucha historia en Cartagena, muchas historias, algunas parecen escenas hurtadas a una obra, de un Teatro Romano, en una ciudad llamada Cartago Nova.