fbpx

Pueblos de la Sierra de Espadán: el secreto de Castellón

pueblos sierra espadán

Los paisajes naturales, así como los pueblos de la Sierra de Espadán conforman un paréntesis natural. Un lugar mágico sometido tan solo al poderoso encantamiento de la naturaleza. Acceder a esta orografía montañosa, casi oculta, se parece a traspasar una suerte de puerta secreta. Una entrada custodiada por frondosas agrupaciones de alcornoques, avellanos y castaños. Los anillos de sus troncos guardan una historia antigua y propia, que se pierde en las altitudes de la provincia de Castellón. Tras sus muros de ramas y altas copas se guardan lances de batallas contra los moriscos, fortalezas, iglesias, ermitas…

En este paraje inmerso en la Comunidad Valenciana los pinzones acostumbran a cantar al amanecer. Las fuentes hacen el coro y se agitan arbustos de brezo y enebro al paso de escurridizos zorros. La arquitectura de la montaña se nutre de materiales jurásicos y paleozoicos que afloran entre los pliegues de las rocas. No hace falta adentrarse mucho en la zona para comprender que se trata de un lugar especial con enormes contrastes de altitud.

Desde el nivel del mar hasta los más de mil metros de los picos del Pinar o de la Rápita. El parque natural, se halla oculto entre las cuencas del Palancia y el Mijares. Asomándose un poco se intuye un universo único de flora y fauna. Allí la vida transcurre a un ritmo propio, alejado del ruido de la capital. Un ritmo en el que perderse para desconectar unos días, ya sea en plena naturaleza o conociendo alguno de sus encantadores pueblos. El secreto aguarda a ser descubierto. Solo hay que traspasar la puerta.

Ruta por los pueblos de la Sierra de Espadán

Artana

Espacio natural en Artana
Espacio natural en Artana, dentro del Parque Natural de la Sierra de Espadán. | Shutterstock

La puerta a la Sierra de Espadán desde el mar se encuentra en Artana, uno de los pueblos imprescindibles de la Sierra de Espadán. Una localidad asentada en un valle al sur de la provincia de Castellón, en la comarca de la Planta Baixa. Su territorio montañoso sembrado de olivos forma parte de este parque natural. Al nordeste, las montañas se hallan tapizadas de pinos blancos. Mientras hacia el oeste, alcornoques y pinos rodenos toman el relevo.

Vestigios neolíticos, íberos o romanos son solo el preludio de un esplendor que llegaría con la época medieval y la baronía de Artana. Los moriscos, expulsados definitivamente en el siglo XVII, dejaron su firma en una cultura de respeto y aprovechamiento del agua. Una cultura que ha llegado al presente a través de distintas construcciones. Se trata de pozos, aljibes o molinos o fuentes, como la de Baldriana, que pueblan todo el territorio.

A lo largo de toda su geografía se extienden rutas que ascienden hasta los restos del castillo medieval. Pero también es posible disfrutar de impresionantes formaciones geológicas, como la de Penyes Altes, o miradores como el de Rápita d´Artana. En sentido inverso, descendiendo hasta 67 metros en las profundidades de la montaña, espera una sorpresa. La Cova del Tronc es un secreto geológico repleto de murciélagos de distintas especies.

Al final, una última parada en el Conjunto Minero Virgen del Amparo. Sus más de 5 kilómetros de galerías junto al Museo Minero, permitirá conocer otra parte importante de la historia del lugar, además de parajes impresionantes.

Sueras

Gran cantidad de fuentes ponen música a Sueras. De entre todas, destaca la fuente del Castro, de gran tamaño y enmarcada por un hermoso paraje boscoso. A través de las acequias que dibujan el terreno el agua alcanza las extensiones de cultivo de regadío, comunes en el pueblo y sus alrededores.

También te puede interesar  El pueblo navarro que está en Aragón y vio nacer a un nobel

A las afueras, Sueras Alta y Pedralba son testigos del pasado medieval de la zona. Del mismo modo, los restos del castillo de Maüz, ubicados en un alto promontorio, relatan también pretéritas historias. Seguro, sus piedras relatarán instantes de la reconquista cristiana, así como momentos del señorío de Pedro I de Ayerbe. Puede que incluso momentos de la vida cotidiana de las gentes del lugar.

Iglesia de la Asunción, Sueras
Iglesia de la Asunción, Sueras. | Shutterstock

El promontorio semeja, en sí mismo, una fortaleza. Desde allí, las vistas sobre las copas de los alcornoques no dejan indiferente. Bajando se cruza en el camino la Ermita del Santísimo Cristo de la Clemencia, conocida por la zona como Ermita del Calvario, del siglo XVIII, declarada bien de relevancia local.

El viento resonando en el campanario anuncia la hora de volver a Sueras Alta. Aquí es obligatoria una visita a la iglesia parroquial, alzada en honor a la patrona de la localidad, la Virgen de la Asunción. Siempre es recomendable dedicar un tiempo a disfrutar de las casas encaladas y las calles estrechas del pueblo. Quizás también acercarse a presentar respetos ante el olivo de Algepsar, de más de 500 años. Para terminar, un descanso ante un plato de la típica olla del pueblo y un final de jornada endulzado por unos deliciosos buñuelos.

Eslida

Eslida
Eslida entre las montañas | Shutterstock

El manantial de la Font de Fosques es emblema de esta localidad castellonense y una de las fuentes más famosas de toda la Comunidad Valenciana y, por supuesto, de entre los pueblos de la Sierra de Espadán. Las beneficiosas características del agua que mana de sus seis caños hacen que miles de personas acudan a visitarla cada año. Pero la fama de Eslida va más allá de su conocida fuente.

Tanto su origen árabe como su marcada esencia medieval dotan al pueblo de un encanto especial. Un aire de nostalgia de otros tiempos materializado en las murallas, de las que todavía se conservan cuatro puertas o el castillo, a casi 450 metros de altura. Además de la barroca Iglesia de San Salvador del siglo XVII, o la céntrica Ermita del Calvario, un siglo posterior.

Todos estos puntos de interés no consiguen distraer la atención del agua, un bien que ha sido y es actor principal en la vida de Eslida. Para empezar, el acueducto romano sobre el río Anna da fe su importancia. Pero también están el lavadero (del siglo XIX), dos antiguos molinos dedicados a la agricultura y, por supuesto, las diferentes fuentes. La de Maltilde y la del Rei son solo una muestra, pero el agua se canaliza a través de otras muchas con nombre propio.

Els Corrals de la Rambla, un pequeño conjunto de corrales ahora en ruinas, será un maravilloso broche a la visita. Se trata de un conjunto de antiguas viviendas moriscas reconvertidas, tras la expulsión, en corrales para el ganado que transitaba la antigua Red de Trashumancia. Un cóctel de naturaleza e historia inolvidable.

Higueras

A casi 700 metros de altitud, en la localidad de Alto Palancia está Higueras. Una de las localidades más pequeñas de la Sierra de Espadán pero con un enorme atractivo. Sus calles tranquilas, flanqueadas por casas decoradas de blanco y piedra, guardan numerosas sorpresas. Asombra la conservación de un antiguo horno múdejar, del siglo XIII, reconvertido en la actualidad en Museo del Pan.  Otro museo, el etnológico, es un buen principio para revisar la historia de la zona a través de útiles y enseres de distintas épocas.

También te puede interesar  El increíble pueblo medieval que irradia belleza pirenaica

 

Higueras, sierra Espadán
Vista aérea de Higueras. | Wikimedia

Igual que sucede con otros pueblos hermanos de esta sierra valenciana, en Higueras la melodía del agua se alza sobre el silencio en enclaves de particular belleza. Un hermoso ejemplo es el restaurado lavadero, del siglo XIII. El agua también habla de historia en la Fuente de la Maricalva, la más antigua de la localidad. Un camino, con su mismo nombre, conduce hacia los orígenes del manantial que la nutre. Cerca del pueblo, cruzando una pista forestal, se llega al Mirador de la Peña del Mediodía, próximo al nacimiento del río Tuéjar, a casi 800 metros sobre el mar. La panorámica es inolvidable… Los cortados de Lácaba, el Puente de la Tudela… Aquí casi es posible imaginarse pájaro.

Matet

Torre El Pilón en Matet
Torre El Pilón en Matet. | Shutterstock

Las estrechas calles de Matet se entrecruzan y se vuelven a entrecruzar formando pequeños laberintos a casi 600 metros sobre el nivel del mar. Sobre la rocosa colina que corona el pueblo se alza la Torre El Pilón, una construcción árabe de carácter defensivo del siglo IX. Sus escaleras conducen a unas vistas extraordinarias sobre el Parque Natural de la Sierra de Espadán.

En el pueblo, su trazado delata un pasado musulmán que concluyó con la reconquista a manos de Jaime I. A partir de ahí su suerte pasó de unas manos a otras hasta acabar en las de los Condes de Aranda. El centro del pueblo lo protagoniza la plaza de la Fuente, con su característico ayuntamiento modernista y la iglesia de San Juan Bautista. Unos ángeles de rocalla del siglo XVIII vigilan el pueblo desde la cornisa. En el arco triunfal, destaca un escudo del cordero pascual.

Lejos, desde el pueblo, se divisa la ermita de Santa Bárbara sobre el monte Calvario. Junto al pequeño edificio, un mirador con barandilla de madera se pierde en el azul. Un azul que contrasta con el verde de los alrededores del pueblo, cubiertos de vegetación. Entre arbustos y alcornoques surgen las fuentes. Una de ellas, la Fuente que Nace, se sitúa en un área recreativa con mesas y bancos. Un lugar perfecto para refrescar los estíos mediterráneos, o disfrutar de la coloración otoñal del bosque.

Desde el cielo, las águilas sobrevuelan la Fuente del Carro y la de los Burros. A veces, descienden casi acariciando las ramas altas de los olivos, padres del delicioso aceite de oliva virgen de la zona. El aroma dulce de los congrets de anís acompaña el camino hasta la siguiente parada.

Alcudia de Veo

Cerca de Manet, junto al río Veo, en el corazón del Parque Natural de la Sierra de Espadán, está Alcudia de Veo. Su nacimiento parece encontrarse en una pequeña alquería de origen islámico, al igual que los restos de la fortaleza ubicada al norte del pueblo. Se trata de un castillo, declarado bien de interés cultural y patrimonio histórico nacional. Entre las ruinas todavía perviven las murallas y la torre del homenaje. Desde sus 600 metros de altura las vistas sobre la sierra son impresionantes.

Los alrededores son perfectos para la práctica de actividades al aire libre. Desde senderismo, hasta barranquismo o espeleología. Entre manantiales y bosques de alcornoques, encinas y pinos se accede a la Cueva del Toro. Una profundo hueco en la roca de la montaña atravesado por un caudal de agua que muere en varias pozas sobre el lecho del barranco.

También te puede interesar  La playa más pequeña del mundo
l'Alcudia de Veo
Castillo de l’Alcudia de Veo. | Wikimedia

El municipio se divide en cuatro zonas, tres de ellas habitadas. Se trata de Alcudia de Veo, Veo y Benitandús. La última, Jinquer, se encuentra deshabitada desde la época de la Guerra Civil. Junto al barranco, alfombrado de longevos bosques de castaños, se halla un antiguo poblado morisco, el Caserío de Jinquer. Un lugar, hoy en ruinas, pero con un encanto especial.

En la parte más alta del poblado se alza una antigua iglesia neoclásica, construida en honor a la Purísima Concepción. El viento construye melodías en los Órganos de Benitandús, una geología musical nacida de la erosión de las aguas. De nuevo en el interior de la montaña, la Cueva de la Iguala resguarda interesantes restos arqueológicos de la Edad de Bronce. Fuera, cantan las fuentes… La de la Canaleta, el Zurrón, Rodenal… La de la Chelva, junto a su cueva de agua…

Torralba del Pinar

En la comarca del Alto Mijares, cerca ya de la provincia de Teruel, despierta Torralba del Pinar entre espesos bosques de alcornoques, otro de los pueblos esenciales de la Sierra de Espadán. El castillo de Villhaleva o Vialeva, de origen árabe, domina la zona. Desde su posición estratégica entre Torralba y Ayódar se controlaba el paso por los caminos y se vigilaba el horizonte. Hoy en días solo quedan algunos restos de la muralla, pero el ascenso merece la pena. El entorno y la panorámica son impresionantes.

Igualmente, impresiona adentrarse en la Microreserva del Bosque del Tajar. Un espacio natural muy especial donde respiran especies de flora y fauna propios de la Sierra de Espadán. Acebo, escobón negro, tejo europeo, pinares de rodeno… Desde allí puede realizarse una ruta que llega hasta El Pinar.

Vista de Torralba del Pinar
Vista de Torralba del Pinar. | Shutterstock

Todavía en las afueras del pueblo, una montaña de piedras a diferentes niveles esculpe sus formas sobre el cielo. Los Morrones del Gil, cubiertos de pinares y escenario de un pasado minero, es ahora perfecto escenario para disfrutar de una caminata montañosa. Sin abandonar las alturas, es indispensable acercarse hasta el mirador del Romeral. Puede llegarse siguiendo una ruta, a través de la carretera de la Fuente Vieja. Una de las muchas que pueblan la zona junto a la de las Olmas, la Barraca o la Montalbana.

Muy cerca del pueblo se alza la ermita de Santa Bárbara, probablemente sobre una antigua mezquita árabe. Mientras, en el casco urbano prima un medievo, del que se pueden ver algunos restos, tanto en las murallas como en algunas casas. Cuando empieza a refrescar, la gastronomía de Torralba reconforta a los viajeros. Un guiso de jabalí caliente es la receta perfecta para recuperar fuerzas tras un día agotador.

Los pueblos de la Sierra de Espadán son un paréntesis natural. Mucho más que una enumeración de municipios que se van desgranando entre bosques y montañas. Deben colocarse aquí puntos suspensivos… Todavía restan pueblos por conocer. Increíbles lugares como Pavías, Almedíjar o Alfondeguilla. Espacios donde historia y naturaleza se respiran y se sienten. Por eso, el paréntesis de Espadán no debe cerrarse.