De entre los innumerables templos que se despliegan a lo largo del país, algunos sobresalen por sus peculiares características. Entre los más curiosos se encuentra una pequeña iglesia en Madrid. No por su espectacularidad, como es el caso de San Nicolás de Bari en Valencia o la ermita de la Virgen del Ara en Badajoz, sino por su ubicación. Se trata de la capilla de Santo Domingo de la Calzada, un lugar de culto singular y entrañable ubicado bajo un túnel de la M-30.

También llamada capilla del puente, el edificio está situado junto al paso subterráneo de la calle Arroyofresno. Concretamente, en su cruce con la avenida de Fuentelarreyna. Un raro espacio en la madrileña zona de Puerta de Hierro.

Capilla de Santo Domingo de la Calzada, bajo la M-30

Capilla de Santo Domingo de la Calzada, bajo la M-30. | Wikimedia

El origen de Santo Domingo de la Calzada

Inicialmente la capilla de Santo Domingo de la Calzada fue concebida como una construcción temporal. Un apaño mientras se esperaba encontrar un enclave definitivo para la parroquia del Bautismo del Señor. Fue erigida en 1978 en un túnel bajo la M-30, aprovechando el espacio de 35 metros de longitud y la bóveda de medio cañón del paso. Así se respondía a la necesidad de dotar de una iglesia de culto en esa zona.

Posteriormente, cuando la parroquia se trasladó a otra sede, se mantuvo su existencia a petición de los feligreses, que habían cogido cariño al lugar. Cuando se pudo disponer de fondos y terreno para un edificio de nueva planta, la pequeña construcción bajo el puente paso a ser conocida como la capilla de Santo Domingo de la Calzada.

Estado actual de la capilla de Santo Domingo de la Calzada de la M-30

Estado actual de la capilla de Santo Domingo de la Calzada de la M-30. | arquitecturaycristianismo.com

Una capilla adaptada a la M-30

En su origen solo fue necesaria la construcción de una solera de hormigón y unos tabiques de ladrillo. En su interior, el hormigón quedó visto en su textura original y posteriormente fue pintado de blanco. Los cierres laterales fueron efectuados con muros de ladrillo enfoscado decorados con vidrieras que sirvieron para iluminar la capilla. El pavimento se presentó con terrazo de color blanco. Toda la decoración en general armonizaba con una idea global de sencillez con sus elementos de forja patinada.

Los principales problemas de la capilla se centraban en dos cuestiones. Las goteras y humedades por un lado y la situación del presbiterio por otro. Los primeros se solucionaron con la creación de una doble estructura interior que se encargaban de verter el agua de las filtraciones de la lluvia en dos canales perimetrales. En lo que respecta al presbiterio, se optó por no trasladarlo y colocar un altar alineado con el eje de la bóveda. Así se conservaba la gran losa de granito. De esta manera se pretendía dotar de protagonismo tanto al altar como al sagrario. El tabernáculo se simplificó al máximo y se combinaron elementos simbólicos alrededor de un óculo que daba al sol naciente.

Óculo de la capilla del Puente

Óculo de la capilla del Puente. | Cortesía de arquitecturaycristianismo.com

Un espacio de lo más curioso

En sus inicios era posible acceder a la capilla por las puertas que se situaron en cada uno de los lados del puente. Eso creó una cierta distracción para los fieles, que veían aparecer por detrás del presbiterio, atravesando una cortina de terciopelo, a las personas que accedían por la parte trasera. El altar se situó, por ese motivo, en un punto interior en lugar de estar adosado. A pesar de ello, al ser una capilla singular siempre gozó del afecto de los feligreses, justamente por ser “diferente” a las demás. Daba un aspecto parecido al de una cripta o catacumba, silencioso y recogido.

Cuando se terminó la construcción de la M-30, la cubierta de la capilla pasó a ser de asfalto y empezaron los problemas de filtraciones de agua de lluvia. A pesar de ello los servicios litúrgicos se siguieron llevando a cabo, aunque muchos días era necesario poner cubos para recoger el agua que caía continuamente. Estas fugas dejaron muchas manchas en las bóvedas.

Interior de la capilla del puente antes de los arreglos

Interior de la capilla del puente antes de los arreglos. | Cortesía de arquitecturaycristianismo.com

De ruta por la M-30

La M-30, una de las autovías más transitadas, sirve de guía para conocer algunas de las emblemáticas obras arquitectónicas de Madrid, sin ni siquiera bajarse del coche. El edificio de Torrespaña, por ejemplo, alcanza 220 metros. Está en la calle O’Donnell 77 y es conocido como El Pirulí. Una figura muy reconocible en el skyline de la capital, muy característica de la capital.

En la salida 11, en el parque Tierno Galván, se encuentra el Planetario, desde donde se puede disfrutar de una maravillosa panorámica de Madrid. Los cubos de Realia, un bloque de oficinas es otro de los edificios más destacados que se ven en la M-30. También notable es la de la sede central de IBM en España, con su silueta que recuerda a un gran trasatlántico y con unos 70.000 metros cuadrados. Los amantes del arte neomudéjar tienen un gran acicate el coso de Las Ventas, la plaza de toros más importante del planeta.

Pirulí y Madrid

El Pirulí y Madrid. | Shutterstock

La Capilla de Santo Domingo de la Calzada, curiosamente, no es el único templo de culto, que se encuentra al paso de esta autovía.  La Mezquita de la M-30, la más grande de Europa, es un edificio de mármol blanco y tejado rojo. Posee un gran minarete. Igualmente, imperdible es la ermita de la Virgen del Puerto, situada junto al río Manzanares, en el centro de la ciudad de Madrid. Fue elevada en el siglo XVIII, destruida durante la Guerra Civil y reconstruida en 1945.

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