El río Bidasoa, abrazado por dos orillas en las pinceladas de Martín Rico y Ortega | Cuadros con vida 6

Lo primero a lo que hace caso y llama su atención son las inmensas nubes que dibujan el cielo. Siente frío en los pies, baja la mirada y ve el agua que sube del mar y moja la arena. La viajera del arte se aparta para buscar una parte en la que el agua no bañe la superficie. Lo encuentra, sobre una pequeña roca observa el paisaje y lo siente.

La cantidad de embarcaciones que se posan sobre el lugar le puede dar una pista del enclave en el que se encuentra. Tiene que ser un municipio costero en el que la pesca sea un gran sustento económico para sus habitantes. Juega, como ya ha hecho en otra ocasión, a intentar averiguar información sin ayuda de la audioguía y hacer sus propias apuestas. 

El juego de las sensaciones de Martín Rico y Ortega

Para ello, se fija en la ropa. Cree que ha viajado dos siglos atrás. Su fiel compañera de voz rompe el pacto y comienza a confirmar o desmentir sus suposiciones. Corrobora que se encuentran en el siglo XIX, en concreto se han transportado al 1872. Tras el acierto continua con el juego, ahora para averiguar el lugar concreto en el que está. Para ello analiza el paisaje y un dato importante: el acento de toda la marabunta de gente que forma parte de la escena. Tanto por el clima como por la forma de hablar de todos ellos, su apuesta es que están en el norte de España. Concreta y afirma que en el País Vasco, en concreto en Fuenterrabía.

La desembocadura del Bidasoa

La desembocadura del Bidasoa y las ciudades que la formaron: Irún, Hendaya y Hondarribia | Shutterstock

Sigue especulando y le comienzan a llegar recuerdos. La escena le resulta familiar, ya ha visto antes este paisaje. Lo ha visto antes en una de sus muchas visitas al Museo del Prado, allí expuesto, en frente de una joven amante del arte que ahora está viajando por esas mismas obras. La voz entra en juego y le confiesa que está en lo cierto. Se trata de la obra Desembocadura del Bidasoa, de Martín Rico y Ortega. Artista que está allí también presente en la escena inmortalizando cada detalle sobre el lienzo. Lo hace, igual que la viajera, resguardado del agua que sube del mar y baña la arena como así ha comprobado la joven al bajar la mirada. Cuando la sube se encuentra con una mirada cómplice del artista y le devuelve el gesto. 

Piensa que el nombre describe justo lo que la amante del arte está observando con sus propios ojos. La playa de Fuenterrabía está repleta de marineros y pescadores que se amontonan en la orilla, o próximos a ella, con sus embarcaciones desembarcando. También la escena se compone de muchos niños jugando con la arena mojada. Se siente en el ambiente y se oye como disfrutan y se ríen los pequeños. La ternura invade a la viajera cuando observa como felices llenan de sonidos el ambiente.

El río abrazado por dos países

Se queda hipnotizada con el agua del mar. El Bidasoa, nombre que forma parte del título de la obra, está muy presente también en el enclave. Es justo en este lugar en donde desemboca el río abriéndose paso hasta el mar Cantábrico. Una curiosidad de este río es que se abre paso y desemboca abrazado por dos países. A una orilla se encuentra España y al otro Francia

Sobre el sitio en el que se encuentra nunca habría acertado, porque hay una pequeña trampa. La voz comienza a revelarle datos a la viajera sobre el lugar. Se llama Fuenterrabía, que significa ‘vado de arena’, aunque no es del todo correcto este dato. La anécdota recae en que en el momento en el que se encuentra la viajera del arte la localidad se llama de ese modo, pero en la actualidad del siglo XXI, ese dato cambia. Es debido a que en la década de los 80, se decide por parte del Ayuntamiento y los vecinos denominar a la localidad con el nombre de Hondarribia. Aunque la viajera ahora no pueda verlo, porque aún no se ha producido el cambio en su siglo, todos los carteles anuncian la localidad en la actualidad con el nuevo nombre.

Casas en Hondarribia

Casas en Hondarribia, País Vasco | Shutterstock

El vado de arena

La localización en la que se desarrolla la escena es un lugar que está muy próximo a la frontera con Francia. De hecho, lo que se ve a la derecha de la obra y la viajera del arte aprecia con sus propio ojos es la punta de Santa Ana de Hendaya, localidad que pertenece ya al país galo. También se ven las dos peñas a los pies del saliente de Santa Ana conocidas como las gemelas. Incluso se divisa la localidad francesa de Biarritz, que Martín Rico y Ortega plasma en la obra con sutiles pinceladas al fondo.

Se fija en cada pincelada que cubre de pintura el lienzo. Le invade la nostalgia, recuerda perfectamente la primera vez que vio la obra terminada siglos después en el Museo del Prado. Aunque no siempre estuvo expuesta ahí. Rico y Ortega cuenta con una gran fama y recorrido en el momento en el que desarrolla esta obra. Se expuso años antes, en el 1878, en la Exposición Universal de París, siendo uno de los artistas más destacados. 

Martín Rico y Ortega, artista pionero de España

Martín y Rico y Ortega, nacido en Madrid, es considerado como uno de los pioneros del paisajismo moderno Español. Viajó a distintos puntos del planeta como Italia o Gran Bretaña conociendo artistas y alimentando su inspiración. Entre sus amigos se encuentra Fortuny, el protagonista con el que acaba de estar la amante del arte. De hecho, recuerda que las cartas que escribió el catalán sobre Granada iban dirigidas al propio Martín Rico que está ahora allí presente con ella. Recuerda todo lo vivido y suelta un suspiro.

Desembocadura del Bidasoa

Desembocadura del Bidasoa | Shutterstock

Conecta de nuevo con su compañera, que sigue dándole información. El madrileño fue precursor de movimientos artísticos en España y esto se ve reflejado con esta obra. El artista es de los primeros en pintar este paisaje tan peculiar, que más tarde será inspiración para otros muchos como Darío de Regoyos. Incluso antes, en el siglo XVII, fue inspiración para el propio Diego de Velázquez. 

Mientras siente el mar dentro de ella con el olor a sal, reflexiona sobre lo que le transmite su compañera, la audioguía. Se encuentran en un enclave con mucha historia. Fuenterrabía marcó una parte muy importante en la vida del ya mencionado Velázquez. El territorio se ubica en una zona muy estratégica, por lo tanto el Rey Sol, Luis XIV, se vio envuelto en muchas batallas en el territorio. Velázquez como aposentador real, tuvo que estar acompañando a los reyes en 1660 en dicho lugar. Sufrió mucho agotamiento en este viaje y enfermó. Pocos días después de su vuelta a Madrid terminó muriendo.

Una barca se ha quedado encallada y está teniendo problemas para llegar a la orilla y desembarcar. Algunos de los marineros van hasta la embarcación para ayudar y la algarabía transporta de nuevo a la joven a la escena. Ve que uno de los grupos de pequeños ya no está sentado en la arena y ahora están corriendo. Se acercan cada vez más a la amante del arte y juegan con ella como si fuera una columna sobre la que poder esconderse para que sus amigos no los encuentren. En mitad de todo este lío en el que la viajera comienza a girar con los pequeños, cuando para, ya no hay mar.