El Cantón de Cartagena, del caos al absurdo

La asombrosa historia de el cantón de Cartagena solo resulta explicable desde el entendimiento de un año insólito: 1873. Hubo entonces una crisis económica que motivó huelgas, ocupaciones de tierras y manifestaciones, así como dos guerras simultáneas con los separatistas cubanos y con los rebeldes carlistas del norte de España. La inoperancia del Ejército llegó al extremo de disolverse el Cuerpo de Artillería.

Rey Amadeo I

Carente de apoyos, el 11 de febrero de 1873 el rey Amadeo I renunció al trono de España y se volvió a su Saboya natal. Las Cortes generales proclaman la Primera República y se nombra Jefe del Estado a Estanislao Figueras, mientras que los federalistas de numerosas poblaciones se constituyen en Juntas revolucionarias y se auto-gestionan, ignorando al Gobierno de Madrid por considerarlo tibio.

Presidente Estanislao Figueras

El proyecto de nueva Constitución era debatido entre los federalistas “benevolentes” (que pretendían una división territorial basada en los antiguos reinos históricos), y los federalistas “intransigentes” (partidarios de organizarse al estilo de Suiza, cantones de implantación provincial que libremente se integrasen en la República).

Alegoría de la I República

El 8 de junio se proclama la República federal. El enfrentamiento entre los republicanos intransigentes, moderados y centristas llegó al extremo de que, en una de las reuniones, el presidente Figueras dijera (en lengua catalana): “Señores, ya no aguanto más. Voy a serles franco: ¡estoy hasta los cojones de todos nosotros!”. El día 10 de junio, temeroso de que lo matasen durante un golpe de Estado, Figueras dejó una carta de dimisión en su mesa, dijo que se iba a dar un paseo por el Parque del Retiro, se acercó a la vecina estación de Atocha y cogió un tren a París, donde se exilió.

Bandera de la I República

El 30 de junio el Ayuntamiento de Sevilla se constituyó en “república social”. Al día siguiente los federalistas “intransigentes” abandonaron el Gobierno que acababa de formar el nuevo Presidente Francisco Pi y Margall, un político federalista centrista —también de orígen catalán— . Además, los federalistas intransigentes se dedicaron a recomendar a sus seguidores que formasen cantones locales y se enfrentaran al Gobierno de la Primera República.

Pi y Margall, 2º Presidente

El 9 de julio Alcoy se declaró independiente. Tres días después se proclama en Cartagena el Cantón Murciano dentro de la República Federal de España. Quitan la bandera de la República de la Fortaleza de las Galeras e izan una bandera roja como emblema de el cantón de Cartagena pero como no tenían una lo suficientemente grande, acabaron poniendo una bandera turca a la que le tiñeron la luna y la estrella con la sangre de uno de los revolucionarios. El diputado “Antonete” Galvez convenció a la marinería de la moderna flota de fragatas acorazadas atracadas en Cartagena para que se uniera a la rebelión, dejando marchar a los oficiales. Galvez es nombrado por los cantonalistas comandante general de las tropas del Ejército, Milicia y Armada de el cantón de Cartagena.

“Antoñete” Gálvez.

Muy escaso de dinero y de víveres, Antoñete promueve expediciones para abastecerse y establecer nuevos cantones aliados. El 19 de julio, la flota cantonalista comandada por Antoñete fondea en Torrevieja (Alicante), donde se establece una Junta Revolucionaria liderada por la feminista Concha Boracino. El recién nacido cantón de Torrevieja decide apoyar al cantón Murciano entregando como contribución para la guerra los 70.000 reales que había en la caja de las salinas de Torrevieja. Al día siguiente la flota fondea en Alicante, donde Antonete desembarca vestido de uniforme, impone el establecimiento de un cantón y exige la entrega de quince o veinte mil duros. Los cantonalistas de Alicante se negaron, y los cartageneros se volvieron hacia su ciudad con un barco que decomisaron. Ese mismo día el Gobierno de Salmerón declara la escuadra cantonalista «pirata y buena presa» para cualquier barco que se la encontrara en el mar y pudiera capturar alguno de sus navíos.

En la singladura de regreso la flota cantonalista se encontró con unas fragatas alemanas que les consideraron navíos piratas por no estar respaldados por un gobierno reconocido internacionalmente. Después de una negociación, los cantonalistas sustituyeron su bandera roja por la de la República y fueron autorizados a seguir, pero debieron de entregar a los alemanes el barco que habían requisado.

Fragata “cantonalista” Tetuán.
Salmerón 3º Presidente

Entonces Antoñete dirige su atención hacia las autoridades murcianas que se habían refugiado en Lorca. Allí se dirigió con las tropas cantonalistas el día 25 de julio, se llevaron el dinero y dejaron una junta cantonal; aunque esta fue disuelta cuando regresaron las autoridades centralistas al día siguiente. En paralelo, la flota comandada por el general Contreras consigue que se unan Mazarrón y Aguilas al cantón murciano. Entre las provincias ocupadas por los carlistas en el norte y los cantonalistas en el sudeste, a finales del mes de julio 32 provincias estaban fuera del control gubernamental. Esto motivó que el nuevo Gobierno de Salmerón pusiera al mando del Ejército a generales duros de ideología monárquica y reinstaurase las Ordenanzas Militares para reforzar la disciplina de las tropas; medidas que iban contra los principios republicanos.

El 30 de julio llegó a Almería la flota cantonalista del general Contreras. Exigió a su autoridades que pusieran a votación popular el establecimiento de un cantón y que entregaran una ayuda de 100.000 duros. Se negaron los de Almería, produciéndose un intercambio artillero. La flota de el cantón de Cartagena siguió rumbo a Motril (Granada) donde Contreras desembarca y se le rinden honores; curiosamente, a falta de himno adecuado, los músicos interpretaron La Marcha Real. Tras constituirse un cantón aliado, los de Motril convencieron a Contreras para que aceptara unos pagares de 160.000 reales pagaderos en Málaga (donde se había proclamado también un cantón días antes). El 1 de agosto, cuando se dirigían a Málaga para cobrarlo, los barcos cantonalistas fueron apresados por una flota anglo-alemana (conocedora de la declaración de “piratería” del Gobierno de Madrid). Los tripulantes cantonalistas fueron desembarcados, y los buques fueron entregados a la República.

El Gobierno republicano tenía tropas atacando al cantón de Valencia. En auxilio de éste acudió Antoñete y sus cantonalistas. El 10 de agosto fue derrotado en Chinchilla (Albacete) por el general Martínez Campos, que le causó 500 muertos. Dos días después los cantonalistas deben evacuar Murcia, refugiándose tras las imponentes fortificaciones de Cartagena. El 30 de agosto, las tropas de Antoñete hacen una salida hacia Orihuela (Alicante) donde derrotan a los guardias civiles y carabineros, constituyeron un cantón y se volvieron a Cartagena con el dinero del ayuntamiento. Para financiarse las autoridades de el cantón de Cartagena deciden acuñar monedas de plata: el “duro” cantonal.

La moneda llamada “duro” cantonal.

Asediados por tierra por el Ejército, la flota cantonalista hace salidas en busca de víveres y dinero; ahora porta siempre la bandera de la República para evitar sea tomada por pirata por los barcos de guerra extranjeros. Consiguieron sus propósitos en Torrevieja y en Aguilas, y fracasaron en Alicante. El Gobierno envió a los barcos que había recuperado en agosto para evitar que los cantonalistas hicieran más salidas; el 11 de octubre combatieron ambas flotas frente a la bahía de Portman. Los barcos cantonalistas eran más potentes pero estaban mandados por capitanes de la marina mercante, debiendo refugiarse en Cartagena para no ser hundidos. La flota de el cantón de Cartagena hizo una nueva salida cinco días después para restablecer el cantón de Valencia, sofocado en agosto; al salir hicieron huir a los barcos gubernamentales que trataron de bloquearles. De noche, cuando estaban a la altura de Alicante, chocaron accidentalmente dos de sus barcos, hundiéndose uno y muriendo varios tripulantes. En Valencia se apoderaron de los barcos fondeados, pero no consiguen que se sublevase la ciudad.

Explosión del Parque de artillería.

Mientras tanto, el Ejercito de la República —dirigido sin contemplaciones por los militares monárquicos fogueados en la guerra contra los carlistas— iba estrechando el cerco y bombardeaba cada vez más la ciudad. El 29 de diciembre se incendió y hundió la fragata cantonal Tetuán. pero todavía les esperaba una catástrofe aún mayor a los rebeldes: el 6 de enero explotó el parque de artillería de Cartagena, muriendo más de 300 mujeres y niños que allí estaban refugiados. Fue la mayor tragedia de esta clase ocurrida en España hasta entonces.

Desesperadas —y dispuestas a probar cualquier solución, por muy descabellada que esta fuera— las autoridades del cantón de Cartagena tuvieron la ocurrencia de enviar un mensaje al Gobierno de EEUU solicitando incorporarse a su Estado. Antes de que el Congreso norteamericano pudiera siguiera considerar la propuesta, el 12 de enero se embarcaron en la poderosa fragata Numancia un grupo formado por el cabecilla Antoñete y unos mil de sus seguidores; a pesar de ser perseguidos por la flota de la República consiguieron llegar hasta el puerto argelino de Orán. Atrás quedó Cartagena, con el 70% de los edificios destruidos y dañados.

Fragata Numancia
General Pavía

Además de una situación militar inviable, los rebeldes tenían un Gobierno mucho más temible del que no podían esperar la más mínima compasión. Desde tres días antes, el golpe de Estado del General Pavía había transformado la República federal y parlamentaria en una República unitaria gobernada —sin control alguno— por el general Serrano, dictador de facto de España.

General Serrano

Texto de Ignacio Suarez-Zuloaga e imágenes de Ximena Maier.

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