Fames calagurritana, antes el canibalismo que la rendición

Calahorra, donde aconteció la fames calagurritana

A la bella y pequeña localidad de Calahorra, ubicada en La Rioja, le sobrevive un episodio bélico que ya es leyenda. Un episodio que data de la época de los romanos, concretamente entre los años que van del 75 al 72 a. C. Hablamos de la célebre fames calagurritana. En aquel entonces Calahorra estaba involucrada en la guerra civil de la República Romana, a la que también se conoce como guerras sertorianas. Esta contienda asoló toda Hispania y se extendió a lo largo de una década, entre el 82 y el 72 a. C.

Asimismo, en esta guerra civil se enfrentaban dos bandos. El de Quinto Sertorio, de carácter popular, contra el de Quinto Cecilio y Pompeyo Magno, que representaban a la aristocracia romana. Estos últimos también son conocidos como optimates. Sin embargo, el pueblo de Calahorra siempre defendió la causa de Quinto Sertorio. Pero ¿quién era este hombre y por qué lo defendieron?

Las bondades de Quinto Sertorio

Lápida en memoria de Quinto Sertorio en Évora, Portugal
Lápida en memoria de Quinto Sertorio en Évora, Portugal. | Wikimedia

Quinto Sertorio fue un estadista, comandante y militar romano que promovió el movimiento antisilano y que acabó convirtiéndose en gobernante independiente durante casi ocho años. Pero ¿qué tenía de especial Sertorio para conseguir que otros pueblos le defendieran a capa y espada? Es muy simple, Sertorio respetaba, en gran medida, aquellas aldeas que había conquistado Roma, sus tradiciones, su patrimonio y sus formas de entender la vida. Tampoco les exigía tributos descabellados como sí hacía el dictador Sila, el cual arrasaba allá donde iban sus tropas.

En Calahorra valoraban mucho, además, que Sertorio les ofreciera cierta autonomía en su gobierno. También les pedía impuestos más razonables que los optimates. Con este tipo de política, en Hispania, Sertorio encontró numerosos aliados. Así fue como pudo resistir a su enemigo, que no era otro que el Senado romano, formado mayormente por aristócratas y nobles.

Uno de los casos más macabros de antropofagia en España

Casas en la ciudad de Calahorra
Casas en la ciudad de Calahorra. | Shutterstock

Corría el año 74 a.C. Hispania estaba en llamas y en plena guerra cuando el pueblo de Calahorra fue objeto del primer gran asedio por parte del ejército de guerreros de Pompeyo y Metelo, dos militares romanos que formaban parte de la facción de los optimates, alineadas siempre con Roma y, por tanto, con Lucio Cornelio Sila. La causa de Sertorio se iba debilitando poco a poco conforme iban atacándoles ejércitos llegados desde Roma. No había piedad, solo sangre, lucha y supervivencia.

Un año después, en el 73 a.C., Calahorra y sus habitantes continuaban defendiendo con uñas y dientes  la causa de Sertorio, que había convertido el poblado en un sitio de referencia para sus tropas. Era un lugar en donde se podía encontrar avituallamiento, armas y demás provisiones. Un lugar poderoso.

Mientras tanto, en otras ciudades mermadas por el fuerte acoso romano, las capitulaciones se sucedían una tras otra. Pero Calahorra se negaba tajantemente a rendirse. La lucha fue cruenta, prolongada y atroz. Casa por casa, muro por muro, batallón por batallón. Los textos antiguos estiman que el ejército romano perdió en aquel año hasta 3.000 hombres. Según la leyenda, la unión de la que hizo gala el pueblo de Calagurris fue ejemplar, tozuda y heróica. Incluso después de la muerte de Sertorio, que fue asesinado en una cena junto a sus hombres de confianza.

Calahorra, la ciudad donde aconteció la fames calagurritana
Calahorra, La Rioja. | Shutterstock

Y aquí es cuando llega el episodio conocido como fames calagurritana. Tras meses de aislamiento, cerco y ante la falta de víveres, el Consejo calagurritano llegó a dar el visto bueno a la antropofagia antes que a la rendición. En otras palabras: prefirieron comerse los cadáveres de los aldeanos que sacrificaban (los más débiles: mujeres, niños y ancianos) a capitular ante el enemigo. Este brutal episodio fue conocido por todos los rincones de Hispania y recibió el sobrenombre de “la fames calagurritana” o, lo que es lo mismo, el hambre de Calahorra. Este suceso ha pasado a la historia como uno de los casos más macabros de antropofagia de toda la historia de España.

El final de la contienda

El asedio y el aislamiento al que las tropas de Pompeyo y Metelo sometieron a Calahorra, el cual duró muchos meses, acabó con las reservas de sal y agua. Mientras, esclavos, mujeres y niños eran sacrificados sin piedad. Al final, los guerreros de Calahorra, y por ende, todo el poblado, no tuvieron más remedio que rendirse sin condiciones tras una resistencia brutal que dejó impresionada a la misma Roma. Tras esta contienda, las tropas romanas tendrían aún un desafío mucho mayor: Espartaco. Pero esa es una historia para otro momento.

La leyenda de la matrona de Calahorra

La leyenda también cuenta que, antes de que Calahorra se rindiera, en aquellos terroríficos días de asedio, hubo una mujer cuyo mito la precede. Se dice que, cuando apenas quedaban supervivientes, ella encendía la lumbre de todas las casas y cocinas de Calahorra para hacer creer al enemigo que el pueblo llano resistía atrincherado en sus hogares y que aún había gente con vida.

Estatua de la matrona de Calahorra, heroína de la fames calagurritana
Estatua de la matrona de Calahorra, heroína de la fames calagurritana. | Wikimedia

Sin embargo, cuando finalmente el pueblo claudicó y las tropas de Pompeyo entraron en él, vieron que allí no había casi nadie. Los que quedaban eran solo moribundos. Allí, en una recóndita casa, se encontraba aquella mujer herida que, a duras penas, consiguió encender la llama de la última vivienda antes de ser asesinada. Esta calagurritana se convirtió en la “matrona” de Calahorra, símbolo de aquel episodio. Aún hoy quedan sitios en el pueblo donde se pueden ver estatuas e imágenes en su honor.

Las fames calagurritana en la actualidad

Las fames calagurritana es contada hoy como una auténtica heroicidad con ínfulas de cuento bélico, aunque guarda, obviamente, un componente bastante macabro. Algunos historiadores hablan del orgullo que supuso aquel episodio para ellos. Un ejemplo de resistencia y resiliencia. Otros opinan que eso es llevar la fidelidad de un pueblo hasta un extremo indeseable. Todo depende del cristal con el que se mire. Junto a Numancia, el caso de Calahorra se erige como uno de los ejemplos de resistencia bélica más inverosímiles de la historia de España.

Numancia
Numancia es otro de los pueblos con una historia digna de contar. | Shutterstock

Aún hoy Calahorra sigue traspasando esta historia de generación en generación. Incluso se pueden ver representaciones teatrales sobre este cruento episodio de la época romana. La historia de las fames calagurritana se ha conservado, sobre todo, gracias a la pericia del cronista romano Valerio Máximo, que dejó constancia por escrito del suceso y sus escabrosos detalles. Durante un tiempo, en aquella época, a la gente del norte de Hispania se les miró desde Roma con la fama de duros, fieles y obstinados.

En Calahorra, si se quiere saber más acerca del tema, lo ideal es realizar algún tipo de tour que pase por las principales iglesias del pueblo y también por los yacimientos arqueológicos romanos, especialmente por el yacimiento de La Clínica. Cada año la delegación de Turismo del Ayuntamiento ofrece además unas rutas gratuitas conocidas como “las rutas de las leyendas”. En ellas el episodio de las fames calagurritana es, por supuesto, uno de los que no falta.