Con el décimo de Lotería premiado o no, en la mayoría de las casas se ha disfrutado de una buena cena de Nochebuena. Se ha jugado a las cartas, se ha ido (o no) a la Misa del Gallo, se han cantado villancicos y se ha sentido la alegría y la emoción que acompañan a estos reencuentros anuales. Y así, después de dormir unas horas (o no), se llega al día de Navidad. Es 25 de diciembre, todos decimos fum, fum, fum, y hemos dejado atrás la cena del 24 de diciembre para disfrutar de una comida que se le parece mucho. Los hogares están decorados, las luces navideñas están encendidas y puede que encontremos regalos bajo el árbol…

¿Ha llegado Papa Noel?

Papá Noel no siempre contó con España en su recorrido nocturno, aunque las leyendas hablan de figuras semejantes. Fue a finales de los años ochenta cuando su inconfundible risa empezó a colarse en nuestras chimeneas. Al principio, para dejar pequeños detalles a los niños y las niñas que se habían portado bien. A mediados de los años noventa, ya era habitual su presencia. Tanto en esta noche especial como en las decoraciones navideñas de las casas y los comercios, que ya confiaban en que fuera otro de los responsables de hacer aún más especial estas fechas. Los primeros regalos de estas fechas llegaron, entonces, con él, estableciéndose una costumbre que ha ido creciendo hasta nuestros días. No siempre fue así.

En las casas de nuestros mayores, durante su infancia y su juventud, la presencia de Papá Noel no era más que un sueño. Un concepto que empezaba a extenderse, pero que no estaba asentado. Aunque su incursión en nuestras Navidades comenzó en los años treinta, según recogen las crónicas de las primeras décadas del siglo pasado, no fue hasta más adelante cuando los regalos empezaron a aparecer bajo el árbol de Navidad. Su llegada vino dada por esa época en la que la cultura estadounidense empezó a popularizarse en todos los rincones del mundo. Así, sus elementos más característicos, como Santa Claus, se colaron en nuestras vidas.

Papá Noel

La idea de Papá Noel lleva con nosotros mucho tiempo | Shutterstock

Como curiosidad: la figura de Papá Noel, en realidad, nació en el Mediterráneo. Tiene su antecedente más antiguo en San Nicolás. San Nicolás era un obispo griego nacido en el siglo III que dedicó su vida a luchar por la fe cristiana y por los más desfavorecidos, según cuentan las historias que han llegado hasta la actualidad. Es muy popular un relato en el que San Nicolás libró a tres jóvenes muchachas de llevar una mala vida cuando, una noche cualquiera, dejó en sus aposentos tres bolsas llenas de moneda de oro. También circuló en torno a él una historia de resurrección, que se hizo muy popular en la Edad Media: San Nicolás resucitó a tres niños que habían sido asesinados. Por eso empezó a conocerse como el patrón de los niños. Esta protección, este cuidado y los regalos anteriormente mencionados condujeron, poco a poco, a lo que conocemos hoy.

La mesa de Navidad

En la mesa el día de Navidad, además de regalos, hay comida. Comida que varía dependiendo de la casa en la que nos fijemos. Hay quien se decanta por uno de los platos más típicos de nuestras fiestas: las sobras. Lo que ha sobrado en la cena anterior es un alimento perfecto para esta comida. En el lado contrario encontramos esos hogares que se preparan para que esta comida sea la más rica del año, optando casi siempre por carnes tradicionales como el cordero asado. También en ese caso hay sobras, por supuesto.

Árbol de Navidad

Las casas en Navidad están decoradas con luces y adornos | Shutterstock

¿Y después? Después, una sobremesa que se alarga tanto como se alarga este día de Navidad. Las conversaciones se completan con más juegos de cartas, más especiales televisivos, normalmente reposiciones de la noche anterior, más villancicos, quizá alguna película navideña y una visita de esos vecinos que, de alguna manera, son también familia. Así es nuestro día de Navidad.