La fascinante leyenda del Olentzero

¡Ya es Navidad! Tiempo de alegría, familia y regalos. Seguro que los más pequeños de la casa ya han recibido la clásica advertencia: “Como te portes mal, te van a traer carbón”. Sin embargo, hubo un tiempo en el que regalar carbón era un bien muy preciado. Así comienza la leyenda del Olentzero, el “Papá Noel” de territorios como Euskadi y Navarra.

Érase una vez en las frías y mágicas montañas de Euskal Herria un hada de cabellos rubios y largos que vagaba por el bosque acompañada de sus fieles prakagorri, unos duendecillos de pantalones rojos. Un día, cuando se encontraban descansando en un riachuelo, un prakagorri le advirtió de que algo se movía entre los arbustos. Cuando el hada se acercó vio a un pequeño bebé que había sido abandonado, ante tal sorpresa le dijo: “tu nombre será Olentzero, porque es una cosa maravillosa haberte encontrado. Y por este acto te daré los regalos de fuerza, coraje y amor, por todo el tiempo que tú vivas”.

El hada llevó a Olentzero hasta una casa cercana donde vivía un matrimonio que no podía tener hijos y lo recibieron con los brazos abiertos. La alegría para ellos era inmensa y desde entonces lo adoptaron como su hijo y a Olentzero no le faltó de nada. Creció y vivió feliz trabajando con leña para hacer carbón.

Olentzero

El tiempo pasó y pasó hasta que los padres de Olentzero fallecieron y este se quedó solo en su casita de las montañas. Con los años se fue volviendo cada vez más huraño, los niños del pueblo le miraban con extrañeza pues solo se dedicaba a trabajar y a recolectar leña, mientras ellos jugaban.

De repente, un año, el invierno llegó más pronto que tarde y más fuerte que nunca. Las nevadas eran tan intensas que acabaron por dejar a los habitantes encerrados en sus casas. Lo malo es que a ninguno le había dado tiempo a preparar carbón para calentarse con la chimenea y estaban pasando un frío insoportable.

Entonces una noche Olentzero, como era el único que había trabajado durante todo el año y tenía carbón de sobra, bajó al pueblo y dejó en cada casa un saco. La bondad que el hada había augurado para él se hacía presente en este obsequio desinteresado. A la mañana siguiente los habitantes del pueblo saltaban de alegría al ver que, por fin, el frío había terminado en sus hogares.

El Olentzero se sintió tan bien que decidió hacer esto cada año. Sin embargo, como los habitantes habían aprendido la lección y ya comenzaban a recolectar leña desde el verano, Olentzero pensó que regalarles carbón ya no tenía sentido. Así que, la misma noche al año siguiente llenó las casas del pueblo de juguetes para los niños.

Desde entonces, cada 25 de diciembre, Olentzero reparte su magia por las casas de Euskal Herria y no hay niño vasco o navarro que no se levante esa mañana cubierto de regalos. Esta es la leyenda del Olentzero, un personaje tan particular que se ha ganado el cariño de generaciones y generaciones de niños (y no tan niños).

Y tú, ¿qué le has pedido este año?

Texto: Paloma Díaz Espiñeira

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