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Zaragoza fascinante: sus pueblos más bonitos

Pueblos más bonitos de Zaragoza

Zaragoza es uno de esos destinos que enamoran a primera vista. Que cautivan. La belleza de sus parajes naturales, el carácter afable de los maños, las delicias típicas y sus inolvidables fiestas son experiencias que dibujan una sonrisa imborrable en todo aquel que se adentre en su verdadero espíritu. Gran parte de ese encanto especial proviene de sus pueblos. Pequeñas postales inmersas en paisajes únicos. El siguiente recorrido viaja a través de los 11 pueblos más bonitos de Zaragoza.

Sos del Rey Católico, la joya de la corona

Sos del Rey Católico
Sos del Rey Católico. | Shutterstock

Declarado Conjunto Histórico Artístico en el año 1968, este bonito pueblo de Zaragoza goza de lugares como el antiguo barrio judío, la torre del Homenaje, la ermita de Santa Lucía y la Lonja Medieval. Todos ellos, escenarios que pueden verse en la icónica película de La Vaquilla, dirigida por Luis García Berlanga. Como buen destino aragonés, la gastronomía es además otro de sus placeres imperdibles.

Sos del Rey está considerado como uno de los pueblos más bonitos de España. No es para menos. Con tan solo verlo de lejos uno ya puede imaginarse que está ante una auténtica joya medieval. Sus sinuosas callecitas fueron testigos del nacimiento del rey Fernando el Católico, hecho por el que Sos es tan célebre. El monarca nació, concretamente, en el palacio de la familia Sada.

Talamantes, un pueblo de cuento

Panorámica de Talamantes
Panorámica de Talamantes. | Shutterstock

El oasis ideal para relajarse y descansar. Así es Talamantes, uno de esos trocitos de cielo que perduran para siempre en la memoria y que es, sin duda, uno de los pueblos más bonitos de Zaragoza. Un pequeño pueblo de casitas blancas ubicado en pleno Parque Natural del Moncayo en el que los paseos, la gastronomía típica y las excursiones son los protagonistas del lugar.

Trasmoz, el pueblo maldito

Trasmoz desde la distancia
Trasmoz desde la distancia. | Shutterstock

En las inmediaciones del mismo enclave que abrazaba a Talamantes, el Parque Natural del Moncayo, se descubre Trasmoz, un pueblo ubicado en una pequeña colina que esconde muchos secretos… De lejos, parece un conjunto de casitas sobre una isla. De cerca, un sendero laberíntico repleto de misterio que sirvió de inspiración para las obras de Gustavo Adolfo Bécquer.

Aunque Trasmoz es un pueblo tranquilo y sin muchos habitantes, lo cierto es que en la antigüedad se le bautizó como pueblo maldito. Según cuentan, esto es debido a los numerosos aquelarres y actos de nigromancia que realizaban hechiceras y paganos alrededor del castillo. Lo curioso de la historia es que incluso hoy en día la Iglesia mantiene su ex-comulgación sobre el municipio. Quizás las figuras de brujas y gatos negros que penden de las fachadas de las casas tengan que ver con ello.

Muel, siguiendo a Goya

Parque de Muel
Parque de Muel. | Shutterstock

La artesanía aragonesa encuentra uno de sus puntos de referencia en Muel, un pueblecito inmerso en un paisaje natural único conocido entre los maños por la alfarería. Muel es uno de esos pueblos que, aunque puedan parecer pequeños, esconden tesoros. Como la iglesia parroquial de San Cristóbal, perteneciente al siglo XVIII.

La ermita de la Virgen de la Fuente es otro de sus imprescindibles, una joya arquitectónica que lleva la firma del maestro Goya en los frescos de su cúpula. A pocos metros de esta se encuentra una antigua presa romana que regula el cauce del río Huerva y un hermoso parque, ideal para disfrutar de un agradable paseo.

Belchite Viejo, museo de historia

Ruinas de la Iglesia de San Martín de Tours en Belchite Viejo
Iglesia de San Martín de Tours. | Shutterstock

Uno de los pueblos más visitados de Zaragoza es Belchite Viejo, un museo vivo que muestra las terribles consecuencias de la Guerra Civil Española. Aunque la localidad está en ruinas, algunos de sus atributos aún hoy son reconocibles. Como el Arco de la Villa, la calle Mayor y el convento de San Agustín. No hay que confundir a este enclave con el pueblo nuevo, Belchite, que se encuentra junto a su hermano derruido y que sirve de vivienda a numerosos vecinos.

Biel, el paraíso del chuletón

Panorámica de Biel
Panorámica de Biel. | Shutterstock

En Aragón se come bien, eso está claro. Una muestra de ello es Biel. En plena sierra de Santo Domingo, declarada paisaje protegido por su valor natural, se encuentra este municipio, habitado por poco más de 100 habitantes. La tranquilidad que se respira es infinita. Lo curioso de Biel es que, a pesar de ser un pueblo muy pequeño, alberga hitos culturales como su castillo románico, construido a finales del siglo XI, la parroquia de San Martín y la hermosa judería. El restaurante del pueblo está especializado en el chuletón y la carne de caza.

Longás, el cielo de las Cinco Villas

Longás
Longás. | Alberto Cemborain, Wikimedia

A la orilla del río Onsera, en la comarca de las Cinco Villas, se encuentra Longás, un pequeño paraíso abrazado por la espesura de los árboles que conserva la esencia de su historia. Adentrarse en su casco antiguo es transportarse siglos atrás. Sus casas señoriales, como la Casa Francisca y la Casa Mayayo, muestran al visitante el estilo elegante de las familias apoderadas del siglo XV. Algunos de sus imprescindibles son la iglesia parroquial de Santa María, cuya construcción se sitúa en el siglo XIV, y el Museo de Usos y Costumbres. En Longás también se puede degustar una amplia carta de platos típicos de Aragón y realizar excursiones a través de la sierra de Santo Domingo.

Lituénigo, el pueblo de las flores

Feria de los Oficios Perdidos
Feria de los Oficios Perdidos. | Shutterstock

No hay ningún sitio tan pintoresco Lituénigo. Si encima es en primavera, mejor que mejor. Porque en este lugar, uno de los pueblos más bonitos de Zaragoza, hay una tradición que se sigue, cada año, al pie de la letra: todas las casas tienen que estar engalanadas con flores. Cuanto más coloridas y llamativas sean, mejor. Su carta de presentación está clara.

Otro dato curioso del pueblo es que su casco antiguo conserva partes del antiguo castillo que protegía la localidad de posibles ataques, dividiéndose este en viviendas en la actualidad. Sus puntos de interés son la iglesia parroquial de la Purificación de la Virgen, el museo del Labrador y, por supuesto, su cercanía al Parque Natural del Moncayo. Por otra parte, en verano se celebra la tradicional Feria de los Oficios Perdidos y, durante unas horas, las calles de Lituénigo se llenan de herreros, hilanderas y lecheros.

Anento, un pueblo de postal

Pueblo de Anento
Pueblo de Anento. | Shutterstock

Aunque hasta hace poco Anento no era de los pueblos más conocidos, lo cierto es que este municipio se ha ido ganando su sitio en la vitrina de los pueblos más bonitos de Zaragoza e, incluso, de España. Y bien merecido. Ubicado en un valle de calizas, Anento es un pueblo de postal. Un pueblo para fotografiar y colocar en la mesita de noche.

Además del hermoso paraje natural que lo rodea, este pueblo es conocido por albergar el manantial del Aguallueve, la iglesia de San Blas y su hermoso retablo gótico, considerado el más grande de Aragón. También se pueden visitar los restos de su antiguo castillo y el torreón celtíbero. Imprescindible, cómo no, pasear por sus calles empedradas.

Uncastillo, Zaragoza medieval

Castillo románico
Castillo románico. | Shutterstock

Uncastillo, así como suena, todo junto, es uno de los pueblos medievales de Zaragoza mejor conservados. Declarado Conjunto Histórico Artístico en el año 1968, Uncastillo guarda algunos de los monumentos más importantes de Aragón como la iglesia de Santa María, el palacio de Pedro IV, la iglesia de San Martín, la judería y la Poza de Hielo.

Los amantes de la naturaleza podrán además encontrar el paraíso en los alrededores de Uncastillo. Su maravillosa ubicación, en la cuenca del río Riguel, lo rodea de barrancos y senderos de montaña ideales para explorar. El barranco de la Petilla y el barranco de las Anas son dos formaciones naturales que cautivan a todo aquel que las visita.

Navardún, un mar de tranquilidad

Castillo de Navardún
Castillo de Navardún. | Reinhardhauke, Wikimedia

Campos verdes, árboles frondosos, el murmullo de las hojas mecidas por el viento… Y un pueblecito en el que el tiempo se detiene. Navardún es uno de esos lugares para perderse. Para cerrar los ojos y dejarse llevar por la paz que se respira en sus inmediaciones. Sus casas de piedra y su casco antiguo invitan a relajarse, saborear su deliciosa gastronomía y a desconectar del ajetreo del día a día. El estilo señorial de algunos de sus edificios, los ventanales de estilo gótico que adornan algunas de sus casas y la gran torre que preside la zona aportan una pizca de historia a un destino perfecto para descansar unos días. Quizás, incluso, para finalizar este recorrido por los pueblos más bonitos de Zaragoza.